Archive for November, 2006
Túnez, día 38: Ese grandísimo hijo de…

Sin hacer referencia al titulo, hoy me he acordado de cierto Personaje amigo mío.

Llevo un par de días bastante ocupado, aunque la tarea es bastante sencilla: Se conduce por una carretera siguiendo las líneas de alta tensión hasta encontrar una subestación de potencia (realmente no están tan perdidas como parecen, siempre hay algún pueblo cercano como referencia), se desembala el equipo, se monta encima de las cajas de cartón porque hay que trabajar cerca del armario de comunicaciones. Su lugar definitivo en la oficina está en otra habitación o incluso en otra planta y habría que dar cientos de paseos para ir comprobando el resultado del trabajo sin contar las miles de manipulaciones durante el proceso. Se conecta el equipo. El trabajador, o sea yo, se sienta en el suelo o trozo de madera e instala todos los programas de control y comunicación necesarios. Hasta ahora he intentado ser lo menos transparente posible para no rebelar información secreta sobre mi trabajo. Si así lo hiciera tendría que buscaros y eliminaros uno a uno antes de que me despidiesen.

Por ahora como he dicho parece sencillo. Además estoy completamente equipado. Tengo un portátil con todos los manuales. Poseo cables y conectores. He comprado coca cola y patatas fritas. Por si fuera poco me acompaña un técnico que sabe montar y desmontar cables de red con los ojos cerrados. Tengo también un móvil repleto de números de gente que puede resolverme las dudas. Ya conocéis el dicho, sino sabes hacerlo al menos ten a mano alguien quien sepa.

Me voy a repetir. Hasta ahora parece sencillo.

PUES YO ME CISCO EN TODA LA FAMILIA DEL MURPHY DE LAS NARICES Y EN TODO SU TEOREMA, LEY O LO QUE PUÑETAS SEA.

Hoy mi tostada estaba untada de mermelada hasta por los bordes. Ni dos puñeteros pasos seguidos.

No os podéis que “miedo” he pasado cuando de vuelta a Gafsa ha empezado a llover y me he dado cuenta que el coche lo tenía en reserva…a “solo” 20 kilómetros de la gasolinera más cercana. Yo miraba a todos lados. Si aparece alguien parecido al mencionado grandísimo hijo de…lo atropello antes de quedarme sin combustible.

Túnez, día 36: Pequeños detalles

En los tiempos muertos mientras conduzco hacia el hotel, suelo pensar sobre que voy a escribir en este diario.

Tengo varios temas en el tintero y en los días como este, de rutina y trabajo, me planteo escribir sobre ellos pero ninguno me sacude el alma, la mente o el estomago como para lanzarme a ello.

Hoy he escuchado una canción bellísima. Llena de sentimiento, la melodía melancólica que rompía el alma para después ir reconstruyéndotela pedacito a pedacito, decía en su estribillo algo así como que la vida son dos días.

Pensaba en esa canción, que probablemente era lo más destacable del día. Pero me parecía muy triste y nada parejo a mis sentimientos.

Entonces me ha venido a la cabeza un tema que está siendo recurrente en este diario de viaje, aunque a veces algo borroso, siempre aparece con cada imagen que intento describir.

Me refiero a los pequeños detalles que la vida te regala sin preguntarte, acertando siempre…aunque no siempre sabemos agradecérselo ni siquiera disfrutando de ellos.

Descubro además que mucho de los temas sobre los que aún no he escrito y posiblemente nunca escribiré se refieren a pequeños detalles.

En la puerta del hotel me detengo un rato pensando en todo esto, saludo al entrar a la recepcionista y al botones. Tanto tiempo aquí que ya soy como de la familia. Recorro el largo pasillo hasta mi habitación y sigo dándole vueltas a lo de los detalles pero sin encontrar la forma adecuada, la imagen precisa que me empuje a escribir.

Estoy hablando de pequeños detalles, de como disfrutarlos, de como aparecen sin más y hacen que la vida no se parezca tanto a ella misma y más a lo que nos gustaría que fuese.

Al entrar en la habitación casi me pongo a llorar de la emoción. El corazón me ha dado un vuelco y una sonrisa se ha posado en mi cara, dándome cierto aspecto de idiota y no me apetece espantarla de ahí.

La cama no era tal sino una pequeña obra de arte. Siempre me había encontrado algo especial, generalmente la segunda manta doblada en forma de lacito. Ni que decir tengo que los días que no había tal lacito lo echaba de menos. Hoy no hay lacito, en su lugar encima de la cama tengo una manta plegada en forma de flor. Flores rojas, geranios, es lo que han colocado en las esquinas y encima de la flor. Y una caravana de pétalos es lo que adorna mi almohada.

Le debo otra más a la vida, pero algo me dice que no me la va a cobrar. Esta corre de su cuenta.

Actualiazacion:. una buena sorpresa es la que no acaba cuando parece. Esta mañana, al ir al baño mas dormido que despierto, he levantado la tapa del inodoro (yo siempre la bako despues de usarlo,jeje) y alli me he encontrado un ramillte de pequeñas florecillas rojas dandome los buenos dias. He dudado por un momento y al final me he dicho: a tomar por saco, tengo que hacer cosas importantes, no puedo pasarme una hora contemplando embobado el vater y no pienso mear en el jardin. Tota la magia ha comenzado un nuevo dia que doy por seguro estara repleto de pequeños detalles y sorpresas

Túnez, día 35: Anécdota

Llevo todo el día acordándome.

Anoche apenas pude dormir. Es lo que pasa con las anécdotas, sueles acordarte de ellas cuando no puedes escribirlas y tienes miedo de olvidarte de ellas.

Esta no es espectacular pero tiene su aquel. Además si nos ponemos serios nos proporciona un buen tema de conversación.

Después de todo un día de excursión me encuentro en un de mis últimos destinos, Chebika. Allí, al borde de un precipicio con unas vistas espectaculares del oasis y del desierto, escucho como un tunecino, con turbante y traje típico, vestido para la ocasión, relata ciertos detalles de la historia del pueblo a una pareja de españoles.

Yo que soy educado y quería en parte sorprender a los españoles, ya sabéis compatriotas en tierras lejanas y todo eso, saludo con un buenas tardes. El matrimonio sin mucha sorpresa me contesta con un escueto UmmTardes. El tunecino me mira, sonríe y suelta un ¡Que pasa Neng! con una pronunciación caso impecable.

El Barca, el Real Madrid y el Neng, cultura española a la conquista del mundo.

Túnez, día 34: Otro domingo, otro regalo

No es la primera vez que escribo un diario de viaje y se una, me es más difícil escribir un día que no haya ocurrido nada que un día que hayan pasado muchas cosas. Los recuerdos se me agolpan en la memoria peleando por salir, lo sentimientos son diversos y generalmente enfrentados, las anécdotas cómicas se codean con los momentos melancólicos.

Este domingo, como casi todos los que he vivido en este país, ha sido un regalo que me he hecho. Estoy aquí para trabajar, para dejar contento al cliente-a buen entendedor-, como ya dije alguna vez, suelo ser bastante gilipollas y he trabajado incluso algún sábado (puedo escuchar las risas desde aquí), pero los domingos me los regalo. Nada de hotel, nada de haber que hacemos hoy. Los domingos, por ahora, son a ver que hago hoy, en singular. Quien quiera que me acompañe.

Escalope-man se ha ido, me ha abandonado. La culpa no es suya. Este fin de semana estoy con unos compañeros de la empresa. Buena gente, el argentino el que más.

A pesar de serlo, ayer no dudaron en que fuésemos a trabajar. Hoy se han quedado en el hotel. Haciendo no quiero saber el que. El argentino al menos se ha levantado tarde. Lo siento, parece un buen compañero de viaje, aunque creo que hubiese pedido volver temprano, tenía (quizás aún lo tenga) trabajo que hacer para mañana.

Llevo ya unas cuantas líneas y aún no he contado anda de lo que he hecho hoy. Es que los recuerdos se me agolpan, los sentimientos son diversos…eso ya lo he contado.

Ha sido un día redondo, para enmarcar. Por lo bueno y por lo malo.

He salido temprano, como a mi me gusta. Hacia el sur, hacia el desierto, sin ningún plan definido

Recuerdo una escena de Lawrence de Arabia-inmenso Peter O’Toole-cuando el jeque árabe le dice a Lawrence algo así como que él, Lawrence, es otro de esos locos que aman el desierto pero que ellos los árabes lo que aman es el agua, las plantas, la vegetación que no tienen y con la que sueñan cada día. Creo que yo soy uno de esos locos enamorados del desierto. Ya de pequeño jugaba a exploradores en las dunas de Doñana y la mayoría de los cuentos que invento-tendré que escribirlos algún día-me gusta ambientarlos en algún lugar árido y desértico. Y aunque nuca tuve el valor de convertirme en el explorador que soñaba de pequeño he aquí que la vida generosa como siempre me da la oportunidad de cumplir mi sueño (ya se lo cobrará más adelante, estoy seguro)

Mis pasos o mejor dicho mis golpes de volante me han llevado a Nefta, la Princesa del Desierto, ciudad puerta entre el mundo controlado a medias por el hombre y el Gran Erg, el desierto del Sahara.

Esta vez he hecho lo que hace tiempo que no hago, contratar a un guía. Un señor mayor, de más de 55 años, con cuarenta de oficio en las espaldas según me ha contado. He ha conducido placidamente por la zona antigua, sus callejuelas, sus casas de ladrillo berebere, sus puertas. Me lo ha ido explicando todo, en francés e italiano, incluso ha usado algunas palabras en alemán. Como último recurso me señalaba y lo decía en árabe, para que yo lo aprendiese. Tal despliegue de lenguas es para quitarse el sombrero y aplaudir. A el por conocerlas y a mi por entenderle porque creo que le he entendido todas las historias que me ha contado, y han sido varias. Hemos paseado tranquilamente por el oasis, he comido 5 o 6 tipos diferentes de dátiles, me ha enseñado a diferenciarlos, a distinguir los maduros de los que no lo están.

He comprobado con mis propios ojos una realidad que todos conocemos: el agua es la vida. Eso no es nuevo, todos lo sabemos. Vale, vale. Aquí esa idea se hace más real que en cualquier otro sitio. Observas perplejo como a un lado del camino una vegetación exuberante, llena de vida y color observa sonriente al sol celebrando la vida, el agua, en todo su esplendor. Al otro lado del comino, sin solución de continuidad, se encuentra…nada. No hay nada. La vida es segada sin compasión. No hay agua no hay vida. A simple vista no la hay, sobre los métodos de supervivencia en condiciones de vida adversa y otros milagros de la naturaleza al National Geographic me remito. Aunque esos milagros se sustentan en encontrar agua o retenerla. Al otro lado del camino se extienden cientos y cientos de kilómetros de la región más dura y peligrosa del planeta, al menos hasta que vaya a la antártica y escriba desde allí un diario de viaje.

Para los que esté diciendo que no es para tanto, decirles que pueden que tengan razón. Aquí le “verdadero” desierto, al de arena, dunas y viento está acompañado del Chott. Blancas depresiones saladas que se suceden durante más de trescientos kilómetros. Estos traicioneros amigos tan pronto recogen el agua de la lluvia, como superan con facilidad los treinta grados. El aire vibra suavemente, como si cantara en silencio. Las imágenes se hacen difusas y un eterno mar se vislumbra en la lejanía. Un mar maldito, juguetón, que te vigila y se aleja de ti lo justo para mantener la distancia, lo justo para mantener la ilusión y la esperanza.

Caminando junto a aquel hombre, haciendo fotografías según sus indicaciones o según las mías, atento a sus gestos, a sus palabras me he traslado en el tiempo. No estoy invocando la tan manida imagen poética de verme recorriendo la ciudad en su máximo esplendor, escuchando los ecos del mercado, las caravanas beréberes llegando desde el corazón del desierto, los imanes en las mezquitas-esto aún permanece, Nefta tiene 26 mezquitas. No, es algo más personal. Viendo a este hombre, entrado en años, moreno, con arrugas en la piel, una mirada que dice más cuando calla que cuando habla me viene a la mente otro hombre del desierto, en principio sin rostro. Pienso en películas, intento recordar pasajes de libros pero siento que hay una pieza que no encaja. Entonces me fijo en su cojera y pienso lo que ya he dicho muchas veces. La vida se construye a base de detalles, y de casualidades. Un hombre cojeando me guía en el desierto del Sahara y recuerdo otro desierto a miles de kilómetros de distancia. El primer gran desierto que conocí, el Gobi y recuerdo el hombre que nos condujo, a mi hermana, a mis amigos y a mi, a conocer sus secretos. Un hombre moreno, piel curtida por el viento de aquel desierto, un hombre que miraba siempre al horizonte, buscando el mejor camino. Un hombre del desierto, un hombre que también cojeaba.

Leí hace tiempo que para escribir hay que vivir. Todavía no me he decidido a darle la razón, pero está claro que hoy he vivido mucho. Se hace tarde, mañana he de madrugar pero no puedo parar, creo que hoy padezco de incontinencia verbal. Como casi siempre.

Toda una mañana no han sido suficientes. El cuerpo, la mente y el alma me pedían seguir explorando. Deposito lleno, botellas de agua, sin cobertura en el móvil, sin mapa y el sol como referencia. Las condiciones perfectas para atravesar chott El-Gharsa dirección a Chebika (un saludo a los fans de la Guerra de las Galaxias). No voy a hablar mucho más del paisaje. Lo dicho anteriormente y las fotos hablan por si solas (poco a poco se acaba la incontinencia verbal). No ha sido mucho recorrido en coche, unos 60 Km., la autentica aventura automovilística vendrá después, pero ha sido fascinante. Una carretera completamente recta y llana, el Chott a ambos lados y al frente las montañas…y ni un solo coche con el que cruzarse.

Chebika ha sido la sorpresa del día. Pensaba encontrarme un par de palmeras enclavadas en un risco rodeando un pueblo de reciente construcción. Nada más lejos de la realidad. El oasis pequeño pero elegante, está custodiado por las ruinas de un pueblo abandonado. La fuente, de aguas cristalinas es fácil de encontrar siguiendo el canal de riego principal. Todo rodeado de montañas y rocas. Para los cinéfilos decir que aquí se rodó el Paciente Ingles y que seguro George Lucas se paso hace ya mucho tiempo para rodar alguna escena de la Guerra de las Galaxias. El paisaje es agreste y rojizo. Las rocas están cortadas a cuchillo, en láminas de diversos grosores. Se pueden distinguir incluso restos fosilizados de restos marinos. Ya se va aclarando lo de la sal del Chott. Poco más que decir, salvo tal vez que desde lo alto de uno de los riscos cercanos he podido contemplar uno de los atardeceres más hermosos que haya visto en mi vida. Los ocres, naranjas y morados se fundían con el blanco y amarillo del horizonte. Las finas nubes, oscuras, prometiendo una lluvia que no siempre llega, hacían que la paleta de colores fuera más original de lo habitual, menos limpia, mucho más difusa. Desde mi atalaya podía ver cientos y cientos de kilómetros de desierto. Ahora me explico porque el ejército romano tenía una pequeña guarnición en este solitario paraje.

Del regreso de noche por una carretera de montaña no voy a comentar nada. Quiero demasiado a mi madre para darle ese disgusto.

Un día largo y muchas ganas de escribir. La habitación del hotel está hoy más triste que de costumbre. Me imagino, escribiendo estas líneas, sentado con vosotros, tomando un café o un te, riendo, hablando, contando estas mismas historias que ya conocéis por el blog y que escucháis con paciencia. A veces me cayo e intento sacaros algún tema diferente, pero todos sabéis que es superior a mis fuerzas y de nuevo me preguntáis por este o aquel detalle, sabiendo que eso abrirá de nuevo el baúl de los recuerdos e historias.

Y pediremos otro café o un te o quizás se haga tarde y nos pidamos algo más fuerte.

Túnez día 28: Antros y bailarinas

00:24, como casi siempre en la habitación del hotel

Yassin y su amigo…no recuerdo su nombre, Radomir-el hombre escalope- y yo lo conocemos como ErmugaErmuga. Palabra que está todo el día repitiendo y que no hace falta que nos la traduzcan. Su cara de vicioso lo dice todo. Decía que Yassin y su amigo me han propuesto ir hoy a ver un espectáculo de danza tradicional en un hotel cerca de su casa.

Yo ya me las imaginaba rodeado de turistas, los pocos que pueda haber en estas fechas por Gafsa, viendo un espectáculo “tipical spanish” pero a lo tunecino.

Nada más lejos de la realidad. Llegamos al hotel, un viejo edificio marrón de ladrillos desteñidos, si es que algún día tuvieron algún color. En la puerta un gorila nos cobra un par de dinares antes de dejarnos pasar con un gruñido. Lo de gorila no es un eufemismo.

Entramos en un salón de techos bajos, luz mortecina de un color que intenta parecerse al amarillo. El local está decentemente limpio y mis amigos piden la cena. Miro a mi alrededor, una veintena de hombres, solo hombres, ocupan unas cuantas mesas. Cada uno hace frente a un par de cervezas. He comprobado ya en un par de sitios que en este país puestos a saltarse las normas de Mahoma, lo hacen a las bravas, pidiendo las cervezas de tres en tres. Me pregunto que puestos a pasar del profeta podrían traerme una tapita de jamón, aunque me resisto a preguntar.

En cambio si pregunto a mis compañeros sobre el espectáculo de danza. Me contestan que empezará en media hora, lo justo para acabar la cena. La cara de vicio que ponen hace que empiece a sospechar sobre el tipo de espectáculo que voy a presenciar. Insisto en que me den detalles y entre risas llego a entender que es una sorpresa.

Y allí estoy yo, un occidental decadente, bebiendo orín de yanqui-como decía Víctor, mi maestro jedi- entre tres docenas de tunecinos que dan cuenta de un par de litros de cerveza cada uno.

De repente cambia la música, se hace más alegre y aparece ella. Falda larga de seda verde semitransparente, sujetador a juego cubierto por lentejuelas y alguna perla de imitación. Algo sorprendido estoy apunto de decir algo como: ¿Para esto tanta cara de vicio? En verano en las discotecas de mi país hay muchachas que llevan menos ropa. Me muerdo la lengua otra vez pensando no seas tan chulo y disfruta del espectáculo.

La bailarina empieza a bailar entre las mesas al son de la música, siempre sonriendo, siempre mirando a los ojos. Los presenten dan palmas y la llaman para que se acerque a bailar. Ella sin miedo lo hace, se acerca a algún afortunado, le susurra algo al oído y se marcha bailando hacia otra mesa. Con tal cantidad de hombres, la ingesta de alcohol y nadie de seguridad cerca, me refiero al gorila, salvo algunos jóvenes camareros y los músicos, me temo lo peor. Pero nada ocurre, ella baila para todos y ellos miran, sin molestarla.

Los más atrevidos le hacen una señal y ella se sube a la mesa. A cambio siempre recibe una propina.

Uno de la mesa de al lado, bastante borracho se levanta y la imita. Incluso se sube a la mesa. Me fijo en su cara y en la de sus colegas y su expresión me recuerda a la que ponen algunos en las bodas. Si no fuera por las propinas diría que estoy en una fiesta familiar.

Se acerca un par de veces a nosotros. La primera me mira y le pregunta a Yassin que de dónde soy. Sonríe al oír la respuesta y menea la cadera delante de mí. Siempre sonriendo, siempre mirando a los ojos.

Vuelve al rato, baila para Yassin y para ErmugaErmuga, que sorprendentemente mantiene un expresión fría, de hombre duro. Expresión que desaparece cuando la chica se da la vuelta, “Ermuga Ermuga” y mueve las manos como si acariciase dos pechos imaginarios. Ahora la bailarina extiende los brazos invitándome a bailar. Yo por supuesto acepto, pegándole un par de pases de pecho y presumiendo del arte flamenco que no tengo. El grupo de al lado me aplaude.

Hago una seña e invito a la bailarina a subirse a nuestra mesa. Baila un poco y cuando baja se agacha para recibir su propina. Me pone delante el escote, sus tetas se mueven de arriba abajo que da gusto, impulsadas por alguna técnica de control muscular, que no logro imaginar como se aprende. Así se queda unos segundos.

Yo que a veces me las doy de caballero, además de ser un poco gilipollas, en vez de ponerle el billete entre las tetas, plantando de paso mis manazas en alguna de ellas, aprovecho que está bajando para cogerle de la mano. Se la beso cual gentleman y le doy el billete. Ella mira su mano, me mira a mí y vuelve a mirar su mano. Aún no se lo cree.

Mis amigos me miran a mi con cara de este tipo es imbécil. Y yo no miro a nadie en particular.

Entonces sucede algo curioso. La bailarina se ríe, suelta un gritito de los de allí y se vuelve a subir a la mesa. Ahora baila solo para mí durante más del doble de tiempo de lo habitual en estos casos.

Mis amigos siguen con la boca abierta. El grupo de la otra mesa aplaude ahora con más entusiasmo.

Túnez, día 28: Sin noticias de Gurb

Llevo aquí 28 días.

Internet lo uso lo justo, correo y actualizar este diario.

Hasta ayer no pillé la BBC en la tele de mi hotel.

No se como va la liga o la copa, no se quién gano las catalanas ni que caballero o caballeros nos dan ahora la murga desde Cataluña, no se que es de Zapatero y su alianza de civilizaciones, tal como iban las cosas dudo mucho que Rajoy siga liderando el PP, pero quien sabe si en las Bermudas tienen su triangulo misterioso porqué no iba a tener España sus propios fenómenos paranormales; de ETA, la chorrotregua y la bajada de pantalones las negociaciones de paz ni los ecos oigo por estos lares; inmigración, relaciones internacionales, OPA de Endesa y demás culebrones varios son recuerdos difusos en mi memoria.

Vale que estuviera el pasado fin de semana en España. Pero hice lo que tenía que hacer, pasar el tiempo con las personas que quiero comiendo jamón y bebiendo vino.

Si ahora me dicen que España ya no existe o que me la han cambiado de sitio, a lo mejor ya no está en el norte de África sino vagando por el Atlántico como una balsa de piedra (magnifico libro de Saramago por cierto) me lo creo. Quién sabe, a lo mejor acabo como Tom Hanks viviendo en un aeropuerto, aunque me he enterado que casos como ese hay ya varios.

Quien sabe. Le he comentado esta estupidez a mi colega serbio y se ha reído un rato pensando en un país navegando por el mar. Respecto a que España ya no sea España no ha reído mucho. Simplemente ha sacado su pasaporte y me lo ha enseñado. Yugoslavia pone en la portada. Salir es fácil, me dice. Los problemas aparecen a veces cuando quieres regresar. En la aduana de suecia, Dinamarca o cualquier país medio civilizado, un funcionario diligente y disciplinado coge en ocasiones la lista de países y les dice en la cara una verdad como un templo, Yugoslavia no existe, el pasaporte no es valido. Al final regresan pero tras un gasto enorme de saliva y la moral por los suelos.

Túnez día 27: Domingo de palmeras

Llevo varios minutos con la pagina en blanco sin saber que escribir sobre el día de hoy. Un día de sabor una tanto agridulce. Mejor sería empezar por el principio pero no tengo el cuerpo para ponerme a narrar sin más los acontecimientos. Pero, ¿qué más tengo salvo los hechos? Generalmente demasiadas opiniones.

A los que estén hartos de mis diatribas existenciales he de que el de hoy ha sido un día muy agradable. A pesar de las reticencias que ayer tenía mi compañero serbio de ir a ninguna parte, esta mañana, en el desayuno, ha accedido a que hagamos una excursión. Creo que ayer entendió bastante bien que podía quedarse aquí solo en hotel, que yo no pasaba un día entero encerrado en esta ciudad. Y yo tengo las llaves del coche…

En no menos de una hora llegamos a Touzer, la capital mundial de los dátiles. O al menos de eso presumen sus habitantes. No se si es verdad pero sus 1000 Ha. de palmeral son un buen contrincante si alguien pretende quitarles el trono. Y hay quién lo hace, la ciudad de Nefta, un poco más al sur. Pero hasta allí no llegamos porque el jodio serbio es un urbanita de cuidado y desde las 12:00 ha estado proponiendo volver al hotel. Que le den he pensado un par de veces, a mi nadie me amarga la excursión por el oasis. De hecho si lo han hecho, pero poco a poco.

Por fin he podido pasear por una ciudad con cierto encanto, Gabes y Gafsa son demasiado modernas. El barrio antiguo de Touzer, con sus calles estrechas, diseñadas a modo de laberinto como toda ciudad árabe que se precie, es un lugar como otro cualquier para perderse y disfrutar con ello. Niños jugando en la calle, los imanes llamando a la oración, mujeres tapadas con mantas negras. No es como el burka, me dice un tunecino, se tapan así por el frío. ¿Y en verano?, le pregunto. Para protegerse del calor, me dice el tipo sin inmutarse.

El zoco, bastante turístico, estaba repleto de gente y tiendas. No me precio de ser un gran trotamundos aunque cierta experiencia tengo viajando. A pesar de ello siempre me sorprende como los vendedores de todos los mercadillos del mundo tienen la habilidad para descubrir de donde procedes. Como si el espíritu santo se hubiese dado una vueltecilla por allí regalando su don de lenguas. He preguntado por el precio de un par de baratijas, tan solo por ir controlando los precios de este país. Me han llamado loco numerosas veces, por no regatear e irme sin más o por regatear un buen rato y después irme sin comprar nada. Tan solo me ha entendido la jugada un vendedor de dátiles que al enterarse que estoy en Túnez por motivos de trabajo, me ha dicho en perfecto ingles, ¿que pasa chaval? ¿Intentando pillar los precios?

EL serbio es de ideas fijas, ya le he puesto mote, escalope-man. Es lo único que pide para comer, ensalada y escalope dinde, escalope de pavo, que por aquí se come mucho. Yo he pedido ojja, un híbrido entre pisto y revuelto y por fin he probado la carne de dromedario…nada del otro mundo. Como la de vaca pero algo más dura y con más sabor.

Escalope-man me miraba alucinado, ¿como puedes comerte un animal que huele tan mal? Yo le he contestado que si el no como cerdo. Ha dicho que si. Pues eso.La verdad que en el camino hacia Touzer nos hemos parado a fotografiar unos dromedarios y los cerdos de la sierra de Huelva parecen regados con channel nº5 en comparación con estos animales.

Después de comer fuimos a por el plato fuerte de la excursión. Estuvimos recorriendo un buen rato el palmeral. Realmente impresionante. Miles y miles de palmeras rebosantes de dátiles comparten el espacio con pequeños árboles frutales, cada cual en su nivel. Con pequeñas aldeas y fincas privadas en su interior, el palmeral es atravesado por una red laberíntica de caminos de tierra. Si te sales del la pequeña carretera asfaltado estás perdido, en el literal sentido de la palabra. Y ahí estaba yo, con servio medio dormido en el coche dando vueltas por el palmeral buscando el Jardín du Paradise, que mi libro dice que es muy bonito. Pero no voy por la carretera principal, que va, eso es lo fácil, rápido y aburrido. Yo voy por los caminos de tierra, preguntando a los niños, mujeres y hombres que me encuentro. Algunos montados en un carro tirado por un caballo mirando en plan, o este tío esta loco o esta muy aburrido ¿pero no se da cuenta que la carretera es el camino más fácil? Eso si me entienden porque mi pronunciación francesa debe ser peor que la de sus caballos.

Por fin llegamos al Jardín du Paradise. Es una pena que sea invierno, en primavera debe ser realmente hermoso. El serbio se queja del olor, están abonando algunas partes del jardín. Todo iba como debía ir hasta que entramos en el zoo, si a ese campo de concentración animal puede llamarse zoo. Por principio no estoy muy de acuerdo con encerrar animales, pero tal y como está la naturaleza en algunos casos proteger que dejar libre (?????). Pero ese sitio me revolvió las tripas. Hasta las moscas parecían tristes y deprimidas. Monos, gacelas, diversos roedores, búhos, halcones, buitres, dromedarios, alguna cabra y hasta un león. Y los visitantes disfrutando como enanos, de la misma manera que disfrutábamos nosotros en nuestros zoos antes de hacerlos supuestamente humanitarios. Me rió, mentira, no me rió, lloro, callado y sin lagrimas pero lloro. Hago algunas fotos pensando que si las envío a algún sitio. Pero dónde las voy a enviar. Estamos en Túnez. No es por insultar, pero aquí las leyes en general son bastante más permisivas con todo en general. Anda que se van a preocupar por un par de monos. ¿Los de fuera? Como si no hubiera problemas en el mundo para preocuparse ahora por un león más o menos. Ya lo lamentaremos.

Así regresamos a casa, perdón, al hotel. Radomir, el escalope-man, no parece muy afectado. Es más a medida que nos acercamos al hotel se pone más contento. Jodido urbanita. Si no fuera porque es un cacho pan con un peculiar sentido del humor. Le dejaría en mitad del desierto, que para eso tengo yo las llaves del coche. Mejor dejarlo, alguien me tiene que contar historias de serbia esta noche en la cena.

Tunez, dia 26: Se te han caido los papeles

15:49, Terraza de la habitación del Gafsa Palace, al lado de la piscina

Hoy durante la hora del café hemos estado hablando con Yassin sobre el turismo sexual. Parece ser que Túnez se ha convertido en un destino apreciado por mujeres maduras que viajan desde Francia para conseguir un amante joven.

Yassin se lo tomaba a broma, como si fuese algo normal, como si estuviésemos hablando de un buen trato, amor sexo por papeles, como si el joven amante fuese el que saliese ganando.

Incluso a contado una chiste anécdota. Un conocido suyo iba paseando con una mujer francesa cogida del brazo. Parece ser que la mujer usaba un bastón para ayudarse a andar. La señora tropezó y se cayó. Un policía que pasaba le dijo al joven tunecino: ¡Cuidado!, se te han caído los papeles.

Juzguen ustedes que yo no me atrevo. Porque en el fondo se que esta es una historia muy antigua y que con este sistema solo te juegas la dignidad y el orgullo…

… y no la vida como lo hacen los que se lanzan al mar en patera.

Túnez día 23: Una sonrisa

22:54, Habitación del Hotel Gafsa Palace

A veces pienso que lo mejor de la vida se compone de pequeños detalles.

Detalles que marcan la diferencia entre pasar por la vida o disfrutar de ella.

Detalles como la sonrisa de ese niño que ha entrado en la oficina, con una sonrisa de ángel dibujada en su cara.

No me entiende ni falta que le hace. Simplemente llega riendo, los ojos le brillan en la cara como dos faros que alumbran no se si su camino o el nuestro mío.

Ha entrado en una habitación llena de desconocidos que le devuelven una sonrisa, la sonrisa que aparece en nuestras caras intentando imitar la suya.

Son detalles que la vida te regala y muchas veces los dejamos pasar, no los valoramos.

Pero el niño entiende la vida mejor que la mayoría de los adultos.

Quizás simplemente la entienda de manera más simple.

Entiende que las sonrisas se las dedicamos a él.

Y sin dudarlo se nos acerca uno a uno y planta un beso en nuestras mejillas.

Un beso que dice más que cualquier palabra que pueda escribir.

Una sonrisa y un beso de los que mañana no encontraré  más que las cenizas, pétalos marchitos de una flor de medianoche.

Mañana, tras una noche de descanso que no de sueños, me levantaré cansado y somnoliento, con la única motivación del pan de cada día; porque no he encontrado otra manera de conseguirlo…y se que  no es la más dura.

Y no recordaré que esta tarde me han dado una de las mejores razones para buscar el sol cada mañana.

Túnez, día 23: Tópicos

BCC de Gafsa, 19:33

Llevo varios días sin escribir. Poco a poco le voy cogiendo el ritmo a esta vida y se vuelve a apagar mis ganas de escribir. Siento como mi estilo es horrible y describir paso a paso todo lo que me ocurre, lo que casi siempre he hecho en mis diarios de viaje, es cuanto más aburrido.

Sin embargo aquí estoy otra vez, en la oficina, con música árabe de fondo mientras Radomir bromea con los tunecinos sobre las cosas, un tanto descabelladas, que le piden que haga.

Tópicos. Llevo toda la tarde pensando en tópicos. Que fácil es caer en ellos, que fácil es tomar decisiones según una serie de tópicos que casi todos tenemos en nuestra cabeza. Hay quien los llama prejuicios, pero dado la connotación peyorativa de esta palabra voy a diferenciar unos de los otros. Por ahora.

Tópico es llegar a España después de pasar tres semanas en un país islámico y lo primero que hago al llegar a casa es irme con mis padres a comer jamón y beber una par de vasos de un buen Rioja. No es lo que más echaba de menos de mi tierra pero a veces las cosas salen así. Si lo cuento parece un tópico y todos nos reímos.

Tópico es que los tunecinos me digan que España o al menos Andalucía es árabe porque sus antepasados estuvieron aquí durante 800 años (esto me lleva a la pregunta si somos lo que somos porque lo somos o porque lo fuimos), da igual los 500 años que han pasado desde que oficialmente el último reino árabe fue conquistado. Digo oficialmente porque durante muchos años después de aquello muchos árabes permanecieron en sus tierras. Yo reconozco esto aunque ellos no reconozcan que ese tiempo, 800 años, no es de exclusividad árabe. No solo no intentan entender eso de la exclusividad y la convivencia, como jamás se le podía ocurrir que Ceuta o Melilla no son de ningún país árabe desde hace muchísimo tiempo o como se sorprenden cuando les digo que las Canarias, que yo sepa, nunca han sido árabes. Que allí vivían los guanches y que después llegamos los peninsulares y nos los cargamos a casi todos. Fin de la historia.

Ante esa sorpresa llegan las dudas de que mi versión de la historia sea correcta. De hecho se que no lo es porque la historia no es una ciencia exacta. Pero… los hechos son los hechos, ¿o no? Me considero una persona de mente más o menos abierta. Abierta a aprender, abierta a enseñar, abierta a comprender. Me doy cuenta que eso no importa. Este no era un debate abierto. Si se quiere algo los razonamientos en contra de ese deseo deben ser invalidados.

Esto es un tópico hasta que te lo encuentras de frente y empieza a convertirse en un prejuicio. ¿Prejuicio mío por sentirme atacado o prejuicio suyo por intentar hacerme entender que mi casa no es mi casa, que tan solo estoy de prestado? Lo que nos lleva a otra cuestión, ¿somos de donde estamos o somos de donde fuimos? Pienso que hasta que la humanidad no considere al mundo como su verdadera patria no empezaremos a resolver los problemas que tenemos.

Esto es un tópico hasta que sientes que hablan en serio. Entonces empiezas a dudar sobre tus ideas de convivencia, libertad y buen rollito para todo el mundo. Y te enfadas contigo mismo por esto, porque descubres que el tópico es ya prejuicio, que siempre lo ha sido y no entiendes como ha podido ocurrir o lo peor, entiendes perfectamente como ha ocurrido.

Ante tanto tópico, duda y prejuicio se me ocurre preguntar, vale de acuerdo, Andalucía fue arabe durante 800 años, ¿qué es lo que queréis?

Este es el momento en el que prejuicio se torna sorpresa, no saben que contestarme. Su cara es la del soldado que ante una maniobra extraña del enemigo no sabe como actuar. Seguro que habrá ideólogos, profetas, filósofos o como queramos llamarlos que me darían una respuesta, respuesta que ahora mismo no quiero escuchar. Pero mis interlocutores no me dicen nada.

¿Victoria? no, solo un hueco por donde escapar, un momento de silencio que aprovecho para empezar a rebajar y olvidarme de la discusión.

Pocas cosas acaban cuando crees que ha acabado. Aún quedan más tópicos, pero sobre eso ya escribiré otro día.