Archive for December, 2006
Túnez, día 46: Cuestiones demasiado personales

Acabo de leer el royo que solté ayer y me ha dado vergüenza. ¿Cómo puedo tener esta capacidad de verborrea tan incontrolada? Y eso que hice propósito de enmienda.

Aún así escribiendo sin control ayer se me olvido mencionar la que iba a ser la idea central del día.

Haciendo un poco de memoria recuerdo los primeros días de mi estancia en Túnez. Todo era nuevo, fascinante y exótico. Entre otras cosas yo mismo.

Aquí en el sur el turismo aún no ha arrasado. Así que un extranjero llama un poco la atención Sobre todo si como yo se mueve fuera de los círculos habituales.

El caso es que con el paso de los días le fui cogiendo el pulso al país, aprendiendo algunas palabras y empecé, creo, a pasar desapercibido. Aunque a veces ocurren cosas como ser el primer extranjero que como en cierto restaurante de comida rápida en Gafsa y eso que lleva un par de años abierto.

Ayer volví a sentirme, sino exótico, si diferente.

Como ya conté íbamos cuatro en el coche sin rumbo fijo. Un colega tunecino y su novia en el asiento de atrás. Yo conducía mientras que la carabina iba cantando bellas canciones tunecinas.

En cierto momento deja de cantar y me mira con bastante curiosidad. En su cabeza va tomando forma una pregunta que no se atreve a formular en voz alta. You aren’t muslim? dice de repente. Eso ya me lo había preguntado en la cafetería. Yo niego conla cabeza sin apartar los ojos de la carretera. So you don’t… duda y suelta una palabra en árabe que por supuesto no entiendo. Mi amigo deja por un momento de besar a la novia y se descojona de risa, pero no dice nada y sigue a lo suyo. Yo me mosqueo por dentro, ya que ni la Meca, ni el Ramadan, ni rezar cinco veces al día, suelen ser aquí motivo de risa.

Entonces como ya está lanzada, la carabina hace un par de gestos con las manos que me dejan completamente helado mientras los hace y cuando unos segundos después descifro su significado: Si yo no soy musulmán entonces yo no estoy….CIRCUNCIDADO. Jejeje. No me lo podía creer. Vaya con la preguntita. Aquí empecé a creer que la carabina no era tan inocente como aparentaba.

Yo le solté a bocajarro que no y que ni falta que me hacía. Que el doctor nunca había visto necesidad de ello en mi caso. Ella me intenta explicar que de todas formas es bueno para la salud (razonamiento recurrente cuando algún tunecino intentando convertirme al Islam me dice que comer cerdo es malísimo para la salud mientras yo me acuerdo del jamón ibérico 5 jotas…aunque esa es otra historia). Yo le replico que por mi parte no hay problema, que yo me lavo muy bien todos los días, haciendo hincapié en mis zonas mas intimas y delicadas.

Tras un silencio, bastante corto para mi gusto, vuelve a la carga y me pregunta que como es. Le dije que se echara un novio no musulmán y al momento me arrepentí de mis palabras al ver que esbozaba una sonrisa picarona.

Pero que coño, no le iba a explicar como es mi pene, no me llega el vocabulario en inglés…y no iba a enseñárselo, que estaba conduciendo.

Túnez día 45: Haciendo de carabina a la vieja usanza

No se si lo he comentado alguna vez pero en general no me gusta generalizar. Cuando se escribe un diario de viaje a veces se tiende a hacerlo. Algunas anécdotas, algunas historias se narran como si todo el mundo en el lugar donde las has vivido hiciese lo mismo. Luego estás las costumbres, las normas de cortesía, los usos…que son una fuente inagotable de anécdotas. Que hay que conocer para al menos no meter la pata y no ofender a nadie.

La última vez que estuve en España le comentaba a algún amigo que en cierto sentido, aquí en Túnez, me parecía estar perdiéndome la mitad de la película. Me refería a que en el trabajo y fuera de él solo estaba con hombres. Hablar con alguna mujer tunecina parece a veces una tarea casi imposible. Tras esa frase ya he caído en la primera generalización de hoy.

Si que es verdad que tengo que hacer ciertas distinciones entre la capital y la ciudad donde me encuentro ahora. Diferencias entre una ciudad del norte y otra del sur, diferencias entre una gran ciudad y una ciudad de provincias. Posiblemente lo que hoy voy a contar muchos lo habéis vivido en España, sino en formas si en el fondo.

Una de las cosas que más me chocaron en mi regreso a España fue encontrarme en los bares y en las discotecas a hombres y mujeres. Después de varias semanas en una ciudad donde en los bares solo hay hombres y la única mujer que vi en una sala de baile fue precisamente la bailarina sobre la que hablé en su momento. En los restaurantes si que he visto alguna mujer, pero nunca sola siempre con el que supongo era su marido o bien con un par de amigas y sus hijos. Ver alguna chica joven en la calle más tarde de las siete o las ocho de la tarde es algo bastante inusual. Seguimos con las generalizaciones y así no voy a ningún lado.

El otro día, mientras tomábamos café, un tunecino me comento que se había echado novia. Yo le felicite y le dije que se lo había notado, que de vez en cuando hablaba por teléfono se le cambiaba la cara y la voz. Cara de besugo al horno como decía mi amiga Inés.

Bastante curioso respecto a este tema le pregunté como la había conocido y todo ese rollo. Sin vida social aparente, sin lugares de marcha y con bastantes familias tradicionales aquí en el sur no veo como. Me dijo que vivía cerca de su casa, que la veía pasar por su calle y se las había ingeniado para conseguir su número de teléfono. Me pregunto que si quería conocerla y le dije que si, que por supuesto. Me dijo que acababa de hablar con ella y que le había explicado donde estábamos. De hecho estábamos en la terraza de un bar cercano a su casa. Al cabo de los minutos señaló disimuladamente a una chica que pasó enfrente de nosotros caminando por la acera y me susurro que era ella.

Estupefacto le pregunte sino se iba a acercar y dijo que no, que había mucha gente, que alguien podías verlos, que estábamos en una ciudad donde todo el mundo se conocía…

Me quedé de piedra.

Entonces recordé algunas películas antiguas donde se ve como el hombre se acerca a la reja de la casa de ella para hablar con su amada o escenas donde los amantes se lanzan miradas y sonrisas en la misa del domingo. En general la ambientación de esas películas es muy diversa. A veces cincuenta años, a veces doscientos. Tiene que ser duro, pensé, así se lo dije a mi amigo.

Me contó también que otro día quedaron para tomar café en un bar bastante nuevo donde no suele ir nadie y que aún así pasaron todo el rato temerosos de que alguien los viese.

Ayer sábado mi amigo me llamo y me dijo que necesitaba un pequeño favor. Había quedado con su novia y con una amiga. Si íbamos los cuatro la gente no murmuraría. A mi me olió a carabina y a grito de socorro por su parte. Quien me conoce sabe que no puedo rechazar ese tipo de favores y quien piense mal sobre mis intenciones es que no me conoce

El muy mamón lo tenía bien planeado. En cuanto se subieron al coche y tras las presentaciones de rigor, habló con su novia y me soltó un contundente: Roas of Gabes. Debo recordaros que no tengo ni puñetera idea de árabe y que francés solo cazo algunas palabras, así que la posibilidad de equivocarme al narrar ciertas situaciones es alta porque debo basarme en mi sexto sentido para saber que narices estaba sucediendo.

A pocos kilómetros de Gafsa aparcamos en un bar de carretera. Debo decir que eligieron bien. Un sitio tranquilo, buena música y con un precioso jardín. Lastima de lluvia.

Allí entramos los cuatro. La verdad es que habían hablado poco durante el trayecto. Se les notaba algo nerviosos. Me refiero a mi amigo y a la novia. La carabina estaba en silencio.

Escrutaron detenidamente el local y eligieron un rincón apartado. A mi todo aquello me parecía algo cómico.

Pedimos los cafés. Para mi sorpresa la amiga sabía hablar inglés. No iba a ser una tarde tan aburrida a pesar de todo. Como ya he dicho hasta ese momento no había hablado con ninguna tunecina tranquilamente. Además mi papel en esta historia es entretener a la carabina y sin poder hablar con ella lo veía difícil (ni una sonrisa mal pensada por favor).

La conversación fue bastante interesante. La carabina estudia música y quiere ser profesora. También me cuenta que está un poco cansada de todas estas historias y de lo cerrada de mente que es la sociedad gafsiana. Esto no le impide cumplir su labor de carabina y darle una colleja a mi amigo, o quizás fuese a la novia, al primer intento de beso. Tras esto se olvidó de la pareja que desde ese instante se dedicaron algunos arrumacos y algunos besos en las mejillas y poco más. Todo con mucho recato y pudor. Aunque que queréis que os diga se les notaba el deseo y la pasión en los ojos. Si no estuviese mal visto creo que hubiesen hecho el amor allí mismo.

Pero no creáis que los nervios habían acabado. De cuando en cuando entraba algún nuevo cliente. Generalmente un hombre. Abría la puerta, miraba en el interior del bar y se iba para regresar en poco menos de un minuto con una muchacha. Durante este tiempo todo el mundo miraba la puerta y le sostenía la mirada al recién llegado con rostro muy serio. A veces me parecía que eran como perros marcando el territorio. Todo aquello duraba hasta que la nueva pareja se sentaba en su rincón.

Sobre esto también se reía mi nueva amiga. De hecho la idea de los perros marcando el territorio fue suya. Yo por mi parte seguía en mi papel, mucha conversación pero con mucho tacto. Ya sabéis, el mayor peligro de estás situaciones es que la carabina le de por cambiar de rol… mi ingles no es tan bueno como para rechazar proposiciones deshonestas de una manera educada y tampoco me apetecía hacer la cobra.

Me contó que si bien le gusta la música no ve nada claro su futuro como profesora, aunque esto le puede dar la oportunidad de salir de Gafsa. Además no era plan de contradecir a su padre (¿a quién le suena?). También me cuenta los problemas para encontrar un buen novio. Y no se refería solo a las mismas cosas que nos habían llevado hasta este apartado bar lejos de ojos indiscretos para mi amigo y su amiga. Me cuenta que su padre es muy tradicional y que tendrá que dar el visto bueno a su futuro marido. Parece ser que cumplir con las exigencias del padre no es fácil. Así que tuvo que cortar con el último novio que tuvo cuando un tío suyo la descubrió y se lo contó al padre. You are not muslim, don’t you? bromea mientras me sonrie. En ese momento sonaron todas las alarmas y negué con vehemencia, añadiendo que en mis planes de futuro no se encuentra la idea de la conversión. Creo que capto el mensaje y mi preocupación por lo malentendidos ya que rió y con ganas.

La tarde, el café y la conversación la pasé viendo la proyección de esos minutos que me faltaban de la película. Nunca me cansaré de intentar comprender el interesante punto de vista que sobre el mundo tienen las mujeres (hacía bastantes líneas que no generalizaba y lo estaba echando de menos).

En esas estaba cuando mi amigo propuso que era hora de irse. Hasta ahora me había parecido mucha historia secreta para un simple café y un par de abrazos. Por un lado me sorprendía la inocencia del asunto y por otro me parecía muy triste. Mi lado más romántico se estremecía solo de pensar cuantas historias de amor se habían desvanecido en silencio por culpa de aquella situación. Del sexo, el vicio y la depravación os prometo que ni me acorde. Aunque debería haberlo hecho.

Nos montamos en el coche. Mi amigo se sentó atrás con la novia. Esta vez fue la carabina quién me dijo donde ir. No iríamos directamente de regreso, me quería enseñar una cosa. Al menos eso fue lo que entendí. Puse la radio. En el dial que suelo escuchar daban noticias, en francés, así que presioné el botón de búsqueda y la radio se paró en una cadena de música tunecina. Mi nuevo copiloto se puso a cantar, lo hacía realmente bien. En el asiento mi amigo no perdía el tiempo, mejor dicho era ella quién no lo hacía. Tal como arranque se abalanzó sobre él y empezó a comérselo a besos. Mi imagen de la relación idílica y a distancia se esfumó en un suspiro. El que di mientras cambiaba de posición el espejo retrovisor en un vano intento de darles intimidad. Miré a la carabina y mi cara tenía que ser un poema porque dejó de cantar y me explico que lo que estaba sucediendo era bastante normal (ahora es ella quién generaliza). Today they are lucky. Y continúa diciéndome que no es normal tener a alguien que conduzca y que si quieres algo más aparte de la intimidad de estar solos en un coche pero en marcha debes parar. En ese momento recuerdo que las carreteras de Túnez están llenas de policías y no creo que sean muy considerados con las parejas que encuentren en plena faena (pedazo de eufemismo que acabo de sacarme de la manga).

Se hace de noche y entre canto y canto mi copiloto me guía de nuevo a Gafsa. Dejamos a ambas donde las recogimos y mi amigo con una sonrisa en lo labios me dice, Come on, I want to invit you to have the dinner. Yo acepto convencido de que me lo he ganado.

Ahora me encuentro en la habitación del hotel escuchando música bastante ñoña y pensando sobre todo lo que ha sucedido. Me parece triste y patético tener que llevar una relación de este modo. Pero no es culpa de ellos. Vuelvo a recordar las películas antiguas. En ellas los amantes siempre se las ingenian para verse en secreto.

Sigo escuchando la música, hoy me encuentro melancólico. Seguro que es culpa de este tiempo de mierda.

Pienso en todo lo que se están perdiendo. Vuelvo a oír risas mal intencionadas pero estoy pensando en nada puramente carnal.

Pienso en lo hermoso que es compartir ciertos momentos, poder pasear cogidos de la mano por el parque con cara de besugo al horno. Gritar a los cuatro vientos que estás enamorado. Darle un beso en publico a la persona que amas simplemente porque si porque es ella.

Una relación hay que cuidarla, regarla con mucho amor y procurar que le de el Sol. Bajo la sombra del miedo pocas crecen sanas y fuertes

Túnez, día 41: Adaptación o cuestión de costumbres

Siempre me ha impresionado la capacidad del ser humano para adaptarse a casi cualquier situación. Será por eso por lo que aún seguimos dando vueltas por el universo a pesar del empeño colectivo en lo contrario.

La versión casera de la adaptación es la manera, a veces tan sencilla con la que nos acostumbramos a las cosas o con la que no nos acostumbramos a ellas.

Hace un par de días regresé a Túnez y lo primero que sentí fue un poco de miedo. Miedo a haberme acostumbrado. Todo me resultaba conocido. Ni siquiera el hecho de cambiar de hotel (impresionantes algunos de los hoteles donde me estoy alojando) me ha quitado esa sensación algo monótona.

Es el inconveniente de acostumbrase a las cosas, facilita la vida porque aprendes de la experiencia pero va mermando la capacidad de asombro.

Y sin capacidad de asombro esos pequeños detalles sobre los que ya he hablado van perdiendo su valor.

No estoy escribiendo sobre nada nuevo. ¿Cómo creéis que nació el puenting? La gente se acostumbra a su vida, pierde el interés por los regalos cotidianos y decide tirarse por un puente. Hasta que alguien vio el negocio y propuso que antes de tirarse la gente se atara a una cuerda. No por caridad sino porque muerto el cliente no repite el salto y eso no es rentable.

Pero me estoy yendo por las ramas, como siempre.

 

Durante mi viaje al sur, si, me han vuelto a mandar aquí, he realizado mi puenting particular. No ha sido nada premeditado. Me he despistado en la salida de la autopista, la única que hay en el país, y en vez de dar la vuelta he decidido atajar por vamos a llamarlas carreteras secundarias.-por no llamarlas cuaternarias que es cuando se debieron construir. Toda una inmersión en el Túnez profundo.

Si lo piensas bien no me he encontrado con nada que no me encontraría en España. Pequeños pueblecitos en mitad de ninguna parte, compuestos por tres casas y una calle, la carretera. Ancianos tomando café o te en la puerta del bar. Gente de campo recogiendo los aperos para regresar a sus casas. Niños jugando en las calles. Lo dicho nada alejado de lo que encuentras en algunas zonas de España, salvo quizás las ropas y los turbantes.

En eso iba pensando cuando me para la policía y van ya más de una docena de veces desde que he llegado. Enseño mi carné de conducir y al verme extranjero el agente me solicita el pasaporte. Esto ocurre en una carretera que la vamos a llamar así por el asfalto, ya que llevo más de 20 Km. sin ver una señal de trafico ni líneas blancas en el suelo y en la cual llevo media hora sin cruzarme un coche. En un lugar que por no haber no hay ni desierto. Pero en el que alguien ha ordenado que se aposte un policía.  Estoy sacando mi pasaporte cuando en dirección contraria aparece un carro tirado por un caballo y conducido por dos jóvenes que no pasan de la veintena.

El agente se separa del coche y les da el alto.

Yo me sonrío, control de policía a un carro. Me pregunto que papeles les va a pedir. Mi sorpresa es mayúscula cuando veo que el carro en vez de frenar acelera. El policía que no sale de su asombro pone cara de mala leche, me arroja el pasaporte y me grita “Sava Sava” haciéndome gestos para que me vaya.

A los del carro se les ha caído el pelo, pienso mientras reanudo la marcha, si les atrapan, porque por el espejo retrovisor puedo observar como el policía echa a correr tras los fugitivos. Se encontraba allí sin coche, moto o bicicleta.

Así me alejo con la imagen del policía corriendo walkitaki en mano. Y yo que había pensado que está estancia en Túnez iba a ser más aburrida por culpa de la adaptación, digo de la “acosrumbramiento”

Recuerdos

Es curioso esto de los recuerdos.

Hace un par de días tuve una sobredosis de ellos. De los más bonitos. La niñez, el colegio, las interminables mañanas de clases y las aún más interminables tardes de juegos.

Sin vergüenza he de decir que me emocioné.

Llevo un par de días pensando en eso.

Si ya tengo tantos recuerdos como para poder tener sobredosis, si ya tengo tantos recuerdos que pueden emocionarme hasta casi llorar, ¿significa que me estoy haciendo viejo?

Tener recuerdos no significa hacerse viejo, significa tan solo que el tiempo pasa y que lo estoy utilizando.

Quizás tener recuerdos pero no tener planes de futuro si signifique hacerse viejo.

Quizás por eso nunca llegue a hacerme viejo.

Sobrevivir a uno mismo

A veces no entiendo como sobrevivo a mi propia estupidez.

Siempre me he considerado, sin querer pavonearme de ello, una persona con suerte. Es algo sobre lo que en general no me puedo quejar.

Hoy he vuelto a España para pasar una semana. Hoy ha sido uno de esos días en los que la vida me recuerda que no todo es tener suerte. Y me lo recuerda de una forma sencilla, sin producirme mucho dolor. Se limita tan solo a complicarse, a liarse poco a poco y a cada paso que doy escuchó una risa de fondo.

Algo tan simple como coger un par de aviones y un tren se convierte en una odisea. La tecnología esa aliada fría y sin sentimientos. Sin capacidad para comprender la situación. Incapaz de hacer un solo favor e impidiendo que las personas puedan hacerlo. La tecnología esa aliada fría e implacable.

¿Cómo pueden enredarse así las cosas?

No voy a entrar en detalles por una razón muy sencilla, parte del lío se debe generalmente a mi confianza, a mi estúpida confianza de que al final me salen las cosas bien.

Y al final salen. Y aprendo algo nuevo. Y me río porque la próxima la vida me cogerá por otro lado. Así es este juego.

Creo que soy una persona con suerte. Tan solo que de vez en cuando he de pagarlo juntando toda la mala suerte en un par de jornadas. Si, un par de jornadas, porque si bien hoy ha sido mi falta de previsión (¿como puedo estar reconociendo una cosa así?) ayer el mal tiempo hizo muy bien su trabajo.

Quiero hacer notar que no he mencionado la palabra problema ni una sola vez. Lo de hoy no son problemas. Ya he dicho que soy una persona con suerte. Para encontrar problemas reales no tendrías que estar leyendo esto sino los periódicos.