
Hay quien dice que si un árbol cae en la soledad de un bosque y no hay nadie que lo escuche caer no se produce ningún ruido. Hay quienes se limitan a afirmar que no podemos afirmar con seguridad que se produzca ruido alguno.
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¿Es condición para existir ser percibidos por el mundo que nos rodea? ¿Si no existe percepción las cosas dejan de existir?
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El otro dÃa tuve un sueño bastante extraño. Por alguna razón que no llego a recordar me era imposible empezar ninguna comunicación desde Túnez con ninguna de las personas conozco. No me refiero a la gente de aquÃ. Me refiero que no podÃa hacer ninguna llamada telefónica, ni escribir ningún correo electrónico ni ninguna carta convencional.
Por extraño que parezca solo podÃa contestar a las llamadas, responder a los correos electrónicos que me llegasen y utilizar el mismo sobre y el mismo sello para enviar mis cartas.
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Pero no se producÃan llamadas, ni recibÃa correo de ningún tipo. La gente dejó de recibir noticias mÃas y a nadie le extraño. En el sueño no se daba ninguna razón para ello. “Por ahà andará dando vueltas e ingeniándoselas para seguir adelante” pensarÃan.
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Un dÃa me llego una carta de la empresa y me trasladaron de paÃs. No pude notificárselo a nadie. La vida pasaba, los hechos se sucedÃan y nadie se enteraba. La gente de Túnez y de mi nuevo paÃs no contaba en el sueño. Quizás porque cambiaba continuamente de ciudad como para que se diesen cuenta de mi existencia. En algunos pueblos llegaba al atardecer, trabajaba de noche y me iba antes de que amaneciese.
Poco a poco empecé a deambular como un fantasma, como una sombra. En el sueño sentÃa como la gente se iba olvidando de mi. La vida pasaba y yo me iba con cada recuerdo que el tiempo les arrancaba de la memoria. Iba enfermando, de melancolÃa dirÃan los antiguos doctores, de falta de memoria dirÃa yo. Casi no comÃa, veÃa las cosas borrosas y los sonidos me llegaban como susurros traÃdos por el viento. Las fuerzas me iban fallando y mi piel adquirÃa un tono violáceo.
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Un dÃa al despertar sentà que no era capaz de levantarme. Con cada bocanada de aire que salÃa de mis pulmones se me iba la poca vida que aún me quedaba. Suspiré resignado a mi suerte, llorando por no poder despedirme de mis seres queridos. Los ojos se inundaron de tristeza pero no pude secármelos. No podÃa mover ni un solo músculo.
En ese momento, en el último instante de mi vida sonó el teléfono. PodÃa oÃrlo en la lejanÃa aunque sabÃa perfectamente que estaba a unos centÃmetros de mi cabeza, en la mesilla de noche, junto al vaso de agua y al mando de la televisión que habÃa sido mi única compañera durante los últimos dÃas.
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El teléfono seguÃa sonando y sonreà tranquilo al saber que en el momento de mi muerte alguien se acordaba de mi.
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No pude exhalar el suspiró final porque en ese instante me desperté, la almohada empapada en lágrimas y sudor. En la mesilla el teléfono sonaba avisando de que era hora de empezar un nuevo dÃa. Tardé unos minutos en reaccionar Al levantarme abrà la ventana de mi habitación y me alegré al escuchar los cientos de sonidos que llegaban desde el exterior, al sentir el aire en mis pulmones y ver el Sol surcando el horizonte. No se si que yo sienta la vida será condición para que exista, pero a mi me hicieron sentir más vivo que nunca.