Lo que pueden cambiar las cosas en un mes. Me encuentro en Gafsa, en el hotel de siempre. Incluso creo que estoy en la misma habitación.
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Me encuentro con viejos conocidos, compañeros de trabajo, el barman cabrón (esa es otra historia), el dueño del restaurante. “Mauma, mauma” me grita al entrar, “Mauma” le respondo. El personal del hotel es nuevo pero los camareros y el metre no. Me saludan y me dan la bienvenida. Todo parece en su sitio.
Sin embargo hay algo que fuera de lugar, me siento extraño. He pasado todo el dÃa pensando en ello. No era capaz de decidir que era.
¿La comida? No, es la misma de siempre. El tiempo sigue igual, aquà el verano se retrasa. Influencia de la ola de frÃo de la semana pasada.
La respuesta la he hallado en la recepción del hotel después de comer. Estaba llena de gente. Una excursión del incerso francés, un viaje de instituto, españoles y un grupo de universitarios, también españoles. El hotel tiene vida. TenÃa que haberlo intuido anoche. No habÃa gente joven pero estaba más lleno de lo normal.
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Lo peor de todo. He sentido que invadÃan mi intimidad, mi guarida, mi reposo del guerrero. Creo que me estoy convirtiendo en alguien algo cascarrabias. No me inoportunan los cambios, me adapto bien a ellos pero es que esto se ha llenado de niñatos. Y encima están de paso lo que implicará que cada dÃa vendrán y se irán grupos enteros de personas.
¿Cómo os sentirÃas si cada dÃa pasara por vuestra casa gente desconocida, la mayor parte de ella sin saludar siquiera?
Vale, el hotel no es mÃo. Pero me jode no poder tomarme el café en mi sitio preferido. Vale, me lo puedo tomar en otro sitio, de hecho asà ha sido. Pero mi sitio preferido lo era porque era el mejor sitio de la cafeterÃa.
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Aunque lo que realmente me revienta es que al estar de paso no me va a dar tiempo de hacer amistades. Ver caras conocidas ayuda cuando estás lejos de casa. Además entre todos estos estudiantes debe haber al menos tres que sepan jugar al mus.

