…aunque no vaya a ser una entrada muy original. Ya que puede haber cientos de blog que han tenido la mismo idea que yo. Aunque en mi descargo eso lo descubrà después de escribir el primer borrador
Como ya habréis deducido aquellos que hayan mirado la barra lateral de este blog en estos momentos estoy leyendo Brooklyn Follies de Paul Auster. En este libro se narra una pequeña historia bastante hermosa si uno se detiene a pensarlo. El protagonista es Kafka y en ella se narra como uno de los mejores autor del siglo XX consuela a una niña que llora en el parque por la perdida de su muñeca.
La historia está narrada de tal manera que puede ser cierta pero era demasiado bella para serlo realmente. Me pareció una buena idea investigar sobre el asunto, pensando iluso de mi que tendrÃa que pasar algunos minutos navegando por internet. Nada mas lejos de la realidad, en un par de segundos descubrà que la historia era cierta. O asà la consideran todos. Parece ser que hay referencias (no las he leÃdo) tanto en una biografÃa de Kafka escrita por Ronald Hayman como en una biografÃa de la ultima mujer que amó Kafka, Dora Diamant, con la cual estuvo viviendo en BerlÃn en las fechas que se produjo el encuentro entre Kafka y la niña.
A continuación transcribo la historia como la cuenta Paul Auster en su libro:
“Vale. Cuéntame ya esa historia.
- De acuerdo. Esa historia. La historia de la muñeca… Estamos en el último año de la vida de Kafka, que se ha enamorado de Dora Diamant, una chica polaca de diecinueve o veinte años de familia hasÃdica que se ha fugado de casa y ahora vive en BerlÃn. Tiene la mitad de años que él, pero es quien le infunde valor para salir de Praga, algo que Kafka desea hacer desde hace mucho, y se convierte en la primera y única mujer con quien Kafka vivirá jamás. Llega a BerlÃn en el otoño de 1923 y muere la primavera siguiente, pero esos últimos meses son probablemente los más felices de su vida. A pesar de su deteriorada salud. A pesar de las condiciones sociales de BerlÃn: escasez de alimentos, disturbios polÃticos, la peor inflación de la historia de Alemania. Pese a ser plenamente consciente de que tiene los dÃas contados.
Todas las tardes, Kafka sale a dar un paseo por el parque. La mayorÃa de las veces, Dora lo acompaña. Un dÃa, se encuentra con una niña pequeña que está llorando a lágrima viva. Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella contesta que ha perdido su muñeca. Él se pone inmediatamente a inventar un cuento para explicarle lo que ha pasado. “Tu muñeca ha salido de viajeâ€, le dice. “¿Y tú cómo lo sabes?â€, le pregunta la niña. “Porque me ha escrito una cartaâ€, responde Kafka. La niña parece recelosa. “¿Tienes ahà la carta?â€, pregunta ella. “No, lo sientoâ€, dice él, “me la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo.†Es tan persuasivo, que la niña ya no sabe qué pensar. ¿Es posible que ese hombre misterioso esté diciendo la verdad?
Kafka vuelve inmediatamente a casa para escribir la carta. Se sienta frente al escritorio y Dora, que ve como se concentra en la tarea, observa la misma gravedad y tensión que cuando compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario, y está resuelto a hacerlo como es debido. Si se le ocurre una mentira bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente; falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosÃmil según las leyes de la ficción.
Al dÃa siguiente, Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña lo está esperando, y como todavÃa no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires y por tanto deben separarse durante una temporada. La muñeca promete entonces a la niña que le escribirá todos los dÃas y la mantendrá al corriente de todas sus actividades.
Ahà es donde la historia empieza a llegarme al alma. Ya es increÃble que Kafka se tomara la molestia de escribir aquella primera carta, pero ahora se compromete a escribir otra cada dÃa, única y exclusivamente para consolar a la niña, que resulta ser una completa desconocida para él, una criatura que se encuentra casualmente una tarde en el parque. ¿Qué clase de persona hace una cosa asÃ? Y cumple su compromiso durante tres semanas, Nathan. Tres semanas. Uno de los escritores más geniales que han existido jamás sacrificando su tiempo (su precioso tiempo que va menguando cada vez más) para redactar cartas imaginarias de una muñeca perdida. Dora dice que escribÃa cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. En otras palabras, era su estilo caracterÃstico, y a lo largo de tres semanas Kafka fue diariamente al parque a leer otra carta a la niña. La muñeca crece, va al colegio, conoce otra gente. Sigue dando a la niña garantÃas de su afecto, pero apunta a determinadas complicaciones que han surgido en su vida y hacen imposible su vuelta a casa. Poco a poco, Kafka va preparando a la niña para el momento en que la muñeca desaparezca de su vida por siempre jamás. Procura encontrar un final satisfactorio, pues teme que, si no lo consigue, el hechizo se rompa. Tras explorar diversas posibilidades, finalmente se decide a casar a la muñeca. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el campo, incluso la casa donde la muñeca vive ahora con su marido. Y entonces, en la última lÃnea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.
Para entonces, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen estas tres semanas, las cartas la han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia, para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir.”
Para finalizar hacer referencia a un libro de Jordi Sierra i Fabra basado en esta historia llamado Kafka y la muñeca viajera

