Han sido cuatro meses de retiro espiritual, limpieza del cuerpo y purificación del alma.
Quizás no tanto pero siempre queda algo.
Queda esa sensación de virginidad, un nuevo himen de espÃritu y mente.
Viejos sabores que se descubren en cada rincón del paladar. Nuevos olores evocados al hacer otra el amor si es que mi corazón dejo alguna vez de amar.
Ritmos olvidados del ayer, canciones aprendidas hoy o quizás mañana.
El latir del corazón bajo el crepitar de las hojas del camino que se vuelve a retomar.
Cursiladas escritas en un estúpido intento de nombrar unos sentimientos difÃciles de explicar. Nervios frente a nuevos planes, decisiones ante cruces tomados a izquierda o derecha.
No queda mucho…pero es suficiente.