Lo del último post se me fue de las manos. No deberÃa escribir de noche.
Mi intención inicial era contaros que he cerrado un par de asuntos que me han dado materia de la que hablar en este blog.
Por un lado ya tengo en mi poder el MaletÃn de la Edición Coleccionista de Blade Runner…sin palabras me dejo y babeando.
Por otro deciros que el otro dÃa me tragué Soy Leyenda en el cine. Sin palabras me dejó también pero esta vez porque soy educado y no me gusta insultar. La pelÃcula no está del todo mal pero se queda en un producto de consumo más. No aporta casi nada a la historia del cine. Y como le dije a mi hermana que, bien aconsejada por su hermano, se ha leÃdo el libro, iba a ser imposible que fuesen fieles con la obra de Richard Matheson…acerté.
Aunque ya hemos dejado atrás fin de año hay algo que no consigo quitarme de la cabeza: los dichosos propósitos para el próximo año.
Resulta que esta vez no he hecho ninguno. No es que otras veces haya hecho una lista, pero unos amigos y yo tenemos la tradición de ponerle nota al año que se acaba durante la tradicional cena de navidad. Lo de la nota serÃa una anécdota más sino fuese porque yo creo que en el fondo nos lo tomamos más o menos en serio y permite a cada uno de nosotros pararse, al menos una vez, y echarle un vistazo a su vida. Yo cada año aprovechaba este momento para decidir que es lo que tenÃa que mejorar para el año siguiente.
Esta vez no lo he hecho. Me he visto un poco borrego. El hecho de que hayan pasado 365 dÃas y que nos reunamos con la familia a tomar unas uvas no es razón para pensar que hay que dar carpetazo y empezar de nuevo. Las etapas hay que cerrarlas cuando acaban y no cuando diga el calendario.
Asà que no tengo ninguna lista, ni los mejores libros, ni las pelis que he visto, ni propositos para el año nuevo.
¿Todo sigue igual?
No, todo cambia, Las decisiones de hoy afectan a mi vida de mañana. Se van cerrando ciclos y automáticamente se empieza a recorrer uno nuevo. Muchas veces, casi siempre, ni siquiera notas que has cambiado de circulo.
De esta manera vemos la vida como una linea continua.
Sin mirar atrás, mirando los más listos hacia adelante pero sin fijarse en el punto en el que se encuentran.
Las últimas semanas una plaga de luciérnagas ha invadido mi ciudad. Especies de diferentes colores han ocupado árboles, comercios y monumentos.
Con su titilar y sus luces brillantes habÃan hipnotizado a los habitantes. Como bobos hombres, mujeres y niños deambulaban por las calles con una sonrisa, forzada o sincera, dibujada en la cara. RendÃan pleitesÃa al ejercito de los insectos luminosos deseándose felicidad y alegrÃa los unos a los otros. Eran felices por prescripción médica.
Según he podido comprobar en otras ciudades del mundo estaba ocurriendo un fenómeno similar.
Una marabunta cargada de paquetes entraba y salÃa de las tiendas. Hambrienta de necesidad buscaban algo que por desgracia no se puede encontrar en los supermercados.
Ayer se termino de desatar la locura. Los más afectados han sido los niños. Todo un dÃa desenvolviendo regalos. Semanas de comidas copiosos. Felicidad forzada para alejarlos de una realidad que cada vez interesa menos.
Pobres. No como otros niños que no tienen que sufrir estos problemas. Como Guhlam, la niña de la foto. Una afgana de 11 años en el dÃa de su boda junto a su marido de 40 años.
Foto: La foto del año 2007 de Unicef, Stepahie Sinclear

