Aunque ya hemos dejado atrás fin de año hay algo que no consigo quitarme de la cabeza: los dichosos propósitos para el próximo año.
Resulta que esta vez no he hecho ninguno. No es que otras veces haya hecho una lista, pero unos amigos y yo tenemos la tradición de ponerle nota al año que se acaba durante la tradicional cena de navidad. Lo de la nota serÃa una anécdota más sino fuese porque yo creo que en el fondo nos lo tomamos más o menos en serio y permite a cada uno de nosotros pararse, al menos una vez, y echarle un vistazo a su vida. Yo cada año aprovechaba este momento para decidir que es lo que tenÃa que mejorar para el año siguiente.
Esta vez no lo he hecho. Me he visto un poco borrego. El hecho de que hayan pasado 365 dÃas y que nos reunamos con la familia a tomar unas uvas no es razón para pensar que hay que dar carpetazo y empezar de nuevo. Las etapas hay que cerrarlas cuando acaban y no cuando diga el calendario.
Asà que no tengo ninguna lista, ni los mejores libros, ni las pelis que he visto, ni propositos para el año nuevo.
¿Todo sigue igual?
No, todo cambia, Las decisiones de hoy afectan a mi vida de mañana. Se van cerrando ciclos y automáticamente se empieza a recorrer uno nuevo. Muchas veces, casi siempre, ni siquiera notas que has cambiado de circulo.
De esta manera vemos la vida como una linea continua.
Sin mirar atrás, mirando los más listos hacia adelante pero sin fijarse en el punto en el que se encuentran.