Desde hace unos dÃas tenemos un nuevo miembro en la familia. “Plata”ha entrado como un torbellino en casa, con sus ansias de cariño y esa carita triste que tienen los animales que han sido maltratados por la vida.
ELLA, mi niña, está tan contenta que aún no se lo cree. Nunca ha tenido un animal de compañÃa, excepto el que escribe. Para ELLA todo es una novedad.
Se están descubriendo la una a la otra, durante los paseos por el barrio, a la hora de comer, intercambiando mimos y juegos.
A las dos se le pone la misma carita cuando la una sale por la puerta y la otra ha de quedarse esperando en casa.
En la foto podéis ver la pose de Plata mientras controlaba a la dueña mientras esta salÃa del coche cruzaba la calle y volvÃa de nuevo. Cinco minutos permaneció en esta postura y con esa expresión de preocupación.
Y como a las novedades plagan nuestra vida de anécdotas Plata no iba a ser menos.
La “pobrecilla” suele activarse sobre las 6:30 o 7 de la mañana y nos busca en nuestra cama. Sin subirse a ella pero si poniendo su linda cabecita encima cerca de la cara de ELLA o de la mÃa. Ya “casi” nos hemos acostumbrado a despertar de esta manera y por suerte Plata obedece tumbándose a los pies de la cama al primer “ahora no” o “quita d’ahi” y se espera una media horita antes de volver a intentarlo. Pues bien esta mañana después de sonar el despertador; siete o siete y cuarto de la mañana; siento como ELLA empieza a darme golpes en la cabeza diciendo -Bájate, bájate, Job, la perra se ha subido a la cama-y diciendo esto me da un tirón de pelos. Yo, alucinado con el ataque matutino de mi normalmente cariñosa compañera de sueños, he reaccionado antes de recibir el golpe final y le he dicho-Eso no es la perra, es mi cabeza-. Ha contestado con un-AHhhmm-y se ha vuelto a dormir. Ver para creer.
