Me he dado cuenta que no he escrito casi nada sobre mi viaje a Japón. Desde que regresé he tenido problemas con el internet en casa y en el trabajo la carga de tareas me ha impedido dedicarme al noble arte de la procrastinación en la oficina.
Pero habÃa algo que deberÃa estar publicado desde casi el primer dÃa y que solo la amistad ha hecho que hasta hoy no os lo contara.
Casi todos mis amigos saben que soy un fan de la Guerra de las Galaxias. Quizás no sea un friki (que poco me gusta esa palabra) en el significado ostentoso de la palabra pero seguramente sea el más friki del grupo, hasta que incorporamos a Pigmalión por la vÃa judicial (al pobre le cayó cadena perpetua hace ya casi un año). No he de decir que Japón es el paraÃso de todo friki, otaku, geek y yo no lo iba a desaprovechar.
Aunque con el corazón divido entre el Japón más tradicional y el Japón más moderno, al final este último triunfó y el recuerdo estrella fue una replica del sable láser de Darth Vader
Una maravilla hecha a mano y no, no hace ruido ni emite ningún destello luminoso.
Muchos os preguntareis el porque cuento esto ahora y no antes. Por una razón muy sencilla, mi amiga Lulu me encargo otra para su marido, el ya mencionado Pigmalión y hasta el dÃa 3 de Mayo por la noche o el 4 por la mañana no le dan la suya como regalo de cumpleaños. Para no levantar sospechas tendré que callar hasta entonces.
Como venganza pongo aquà una foto de su espada, la del Conde Duku y asà me adelanto. Le va a gustar tanto que seguro me perdona.

Actualización: lo que se me ha olvidado contar es que la maleta que contenÃa las espadas se perdió en aeropuerto de ParÃs. La bendita apareció una semana después.

