Archive for the 'Insomnio' Category
Túnez, día 7: Retiro Espiritual

20070402005936-gabes-con-fran-y-jesus-0011.jpg

 

Cuatro paredes frías, allá donde vaya solo hay cuatro paredes desconocidas a pesar de los días que llevo viviendo en ellas.

Cuatro paredes en mi habitación, cuatro paredes en la cafetería, cuatro paredes de aire, sol y viento en el jardín. Pasan las horas, apenas me da tiempo a saludarlas y charlar un rato con ellas cuando deciden que deben marcharse. Las paredes son aún más aburridas. Nunca se han dignado a dirigirme la palabra y creedme yo les doy los buenos días cada mañana.

El viernes hice acopio de provisiones, coca cola, zumo y agua para combatir la sed; patatas fritas, galletas y chocolate acompañaran a lo que logre cazar…que pena de no haber comprado al menos un arco y unas flechas.

Veinte megas de música en el ordenador, tres o cuatro libros y media docena de películas. Tras semejante trinchera cualquiera se siente a salvo del enemigo. Aunque en estos casos no hay peor enemigo que uno mismo.

Sorprende, o quizás no tanto, como nos imponemos a nosotros mismos ciertas obligaciones entupidas que por el hecho mismo de ser obligaciones nos resulta imposible cumplir.

¿Fin de semana de retiro espiritual? ¿Leer, estudiar?¿Relajarse?¿Solo porqué tu lo dices? así no hay manera.

Siento como las paredes se ríen de mi al verme tumbado en el sofá, saben que en cuanto me levante y decida salir a la terraza que da al jardín desaparecerá ese hermoso sol y el viento vendrá de nuevo a tomar el té de las cinco. Ya lo hizo las tres, a las cuatro, a las…, todas las veces que he intentado salir. Las películas me aburren, volver a estudiar se me hace más duro que volver a ponerme en forma, paso las canciones sin dejar que ninguna suene mas de 23 segundos.

Una vez leí una cita de Oscar Wilde:

Estoy convencido de que en un principio Dios hizo un mundo distinto para cada hombre,

y que es en ese mundo, que está dentro de nosotros mismos donde deberíamos intentar vivir

No se si es en ese mundo interior donde deberíamos vivir, pero quizás sea el que debamos cuidar para poder hacerlo en el mundo exterior en el que el azar nos ha colocado.

Duermo toda la tarde del sábado. Sueño y busco ese mundo interior de Oscar Wilde.

De un salto me cuelo por mi nariz pero al intentar abrirme paso entre mis pilosidades nasales me hago cosquillas y estornudo. Salgo despedido a toda velocidad por la ventana. Un poco mareado cierro los ojos y cuando los abro descubro que estoy ascendiendo lentamente en una pompa de jabón. Espero que sea de jabón, pienso.

En seguida deduzco que posiblemente me haya equivocado de camino. La razón no es que me encuentre a miles de kilómetros de la tierra, surcando el basto universo, protegido tan solo por una delgada pompa de jabón. Tampoco porque me encuentre desnudo vistiendo tan solo una pajarita amarilla y un sombrero de copa. No, la razón de que piense que quizás no me encuentre donde debería estar es un cartel fluorescente que pone “Men not Allowed” y el hecho de verme rodeado de cientos de pompas de jabón en cada una de las cuales viaja una mujer vestida de novia con velo, ramo y toda la parafernalia que me miran con ojos asesinos.

Ojeo con avidez el manual de vuelo, pulso algunos botones, acelero, freno bruscamente y aunque creo que físicamente es imposible consigo que la pompa de jabón entre en barrena. Desciendo a toda velocidad hacia la Luna. La pompa decide no esquivarla y alunizo sin mucha brusquedad en el Mar de la Tranquilidad como indica otro cartel fluorescente “Coolens Sea”.
En esa playa me he quedado todo el fin de semana y la verdad que no me ha ido del todo mal. No he encontrado mi mundo interior (mañana intentaré entrar por una de las orejas) pero he conseguido estudiar un poco, he disfrutado de la música y las películas e incluso he hecho algo de ejercicio.

Todo un milagro

Contador a cero

 

3-febrero-2007-tozeur-y-chebika-otra-vez-003.jpg

Devolvedme mi hora

La necesito

Mañana otra vez de viaje

Cuando toca, toca.

y el equipaje sin hacer.

Devolvedme mi hora.

Mi Túnez querido

Calienta el asiento,

deshaz la maleta,

relájate,

y saldrá tu número.

Nunca bajes la guardia

¿Dónde está mi hora?

La dejé al lado de los calcetines…

 

Poniendo un huevo

20070321020823-fenix1.jpg

 

 

Muchos conocereis la leyenda del Fenix. Según parece cada quinientos años el Fenix ponía un huevo y lo empollaba durante tres dias al cabo de los cuales ardía por completo. Después de la inmolación, voluntaria o no, delhuevonacía el mismo fenix que había muerto.

Yo llevo más de tres días y no he puesto ningún huevo, aún…pero aquí estoy de nuevo. No se si soy el mismo de antes pero me parezco un poco.

Han sido unos días extraños. Cada día se me ocurrían varios temas de los que hablar pero se quedaban en eso, simples ideas.

No soy un escritor profesional y por tanto carezco de la disciplina necesaria para enfrentarme con valor a la pagina en blanco.

Han ocurrido muchas cosas estos días. Quizás la más importante es que he regresado a España, Llevo aquí tres semana y medía, pero oficialmente no puedo calentar mucho la silla de mi trabajo ya que voy a regresar casi de inmediato.

Pero aún sigo aquí.

Llevo sin escribir desde un par de semana antes de regresar a casa, así que no voy a achacar mi falta de inspiración al hecho de no estar viviendo “aventuras” en tierras exóticas.

Más bien no me apetecía. Como no me apetecía hacer casi nada. A veces es muy fácil entrar en un rutina gris y aburrida. Eso te permite no tener que pensar en que ocupar tu tiempo.

Como desventaja aparece una punzada en el costado izquierdo, ¿o era el derecho? en fin no me acuerdo pero se siente muy cerca del espiritu, oprimiendolo y dejandote a veces sin respiración.

En este tipo de ocasiones solía esperar a ver si ocurría algo. Si viene una ola la cojo y sino a mirar el horizonte.

Esta vez no ha sido así. Esta vez yo mismo me sacudido un par de bofetadas para espabilarme.

 

Y aquí me teneis, empollando un huevo a punto de salir ardiendo.

Mañana será  otro día y emprenderemos de nuevo el vuelo.

Túnez día 55: Volvemos a las andadas

Hace ya algún tiempo escribí sobre lo fácil que puede llegar a ser acostumbrarse a ciertas cosas. Recuerdo aún que el post fue un  tanto “polémico” por la contestación de uno de mis lectores.

Yo no le di mucha importancia, a mis opiniones me refiero. Pensaba en el fondo que cada cual es como es se vea obligado a dormir por una vez en colchón de plumas o sobre la hierba.

 

Que de cierto es eso que la disciplina fortalece el espíritu y los vicios, ya sean estos simples lujos o no tan simples, lo debilitan.

 

Estoy alojado en un buen hotel. La habitación es limpia y confortable. La cama cómoda y el agua de la ducha caliente.

A punto he estado de pedir que me la cambien.

Indignado por la falta de consideración.

¿Qué han sido de las habitaciones en primera planta, con terraza al jardín y distribución duplex en la que me había alojado en las otras ocasiones?

Me acabo de duchar con agua fría como castigo a mis pensamientos sibaritas.

 

Aún estoy pensando si dormir hoy en el suelo para redondear el escarmiento

Túnez día 45: Haciendo de carabina a la vieja usanza

No se si lo he comentado alguna vez pero en general no me gusta generalizar. Cuando se escribe un diario de viaje a veces se tiende a hacerlo. Algunas anécdotas, algunas historias se narran como si todo el mundo en el lugar donde las has vivido hiciese lo mismo. Luego estás las costumbres, las normas de cortesía, los usos…que son una fuente inagotable de anécdotas. Que hay que conocer para al menos no meter la pata y no ofender a nadie.

La última vez que estuve en España le comentaba a algún amigo que en cierto sentido, aquí en Túnez, me parecía estar perdiéndome la mitad de la película. Me refería a que en el trabajo y fuera de él solo estaba con hombres. Hablar con alguna mujer tunecina parece a veces una tarea casi imposible. Tras esa frase ya he caído en la primera generalización de hoy.

Si que es verdad que tengo que hacer ciertas distinciones entre la capital y la ciudad donde me encuentro ahora. Diferencias entre una ciudad del norte y otra del sur, diferencias entre una gran ciudad y una ciudad de provincias. Posiblemente lo que hoy voy a contar muchos lo habéis vivido en España, sino en formas si en el fondo.

Una de las cosas que más me chocaron en mi regreso a España fue encontrarme en los bares y en las discotecas a hombres y mujeres. Después de varias semanas en una ciudad donde en los bares solo hay hombres y la única mujer que vi en una sala de baile fue precisamente la bailarina sobre la que hablé en su momento. En los restaurantes si que he visto alguna mujer, pero nunca sola siempre con el que supongo era su marido o bien con un par de amigas y sus hijos. Ver alguna chica joven en la calle más tarde de las siete o las ocho de la tarde es algo bastante inusual. Seguimos con las generalizaciones y así no voy a ningún lado.

El otro día, mientras tomábamos café, un tunecino me comento que se había echado novia. Yo le felicite y le dije que se lo había notado, que de vez en cuando hablaba por teléfono se le cambiaba la cara y la voz. Cara de besugo al horno como decía mi amiga Inés.

Bastante curioso respecto a este tema le pregunté como la había conocido y todo ese rollo. Sin vida social aparente, sin lugares de marcha y con bastantes familias tradicionales aquí en el sur no veo como. Me dijo que vivía cerca de su casa, que la veía pasar por su calle y se las había ingeniado para conseguir su número de teléfono. Me pregunto que si quería conocerla y le dije que si, que por supuesto. Me dijo que acababa de hablar con ella y que le había explicado donde estábamos. De hecho estábamos en la terraza de un bar cercano a su casa. Al cabo de los minutos señaló disimuladamente a una chica que pasó enfrente de nosotros caminando por la acera y me susurro que era ella.

Estupefacto le pregunte sino se iba a acercar y dijo que no, que había mucha gente, que alguien podías verlos, que estábamos en una ciudad donde todo el mundo se conocía…

Me quedé de piedra.

Entonces recordé algunas películas antiguas donde se ve como el hombre se acerca a la reja de la casa de ella para hablar con su amada o escenas donde los amantes se lanzan miradas y sonrisas en la misa del domingo. En general la ambientación de esas películas es muy diversa. A veces cincuenta años, a veces doscientos. Tiene que ser duro, pensé, así se lo dije a mi amigo.

Me contó también que otro día quedaron para tomar café en un bar bastante nuevo donde no suele ir nadie y que aún así pasaron todo el rato temerosos de que alguien los viese.

Ayer sábado mi amigo me llamo y me dijo que necesitaba un pequeño favor. Había quedado con su novia y con una amiga. Si íbamos los cuatro la gente no murmuraría. A mi me olió a carabina y a grito de socorro por su parte. Quien me conoce sabe que no puedo rechazar ese tipo de favores y quien piense mal sobre mis intenciones es que no me conoce

El muy mamón lo tenía bien planeado. En cuanto se subieron al coche y tras las presentaciones de rigor, habló con su novia y me soltó un contundente: Roas of Gabes. Debo recordaros que no tengo ni puñetera idea de árabe y que francés solo cazo algunas palabras, así que la posibilidad de equivocarme al narrar ciertas situaciones es alta porque debo basarme en mi sexto sentido para saber que narices estaba sucediendo.

A pocos kilómetros de Gafsa aparcamos en un bar de carretera. Debo decir que eligieron bien. Un sitio tranquilo, buena música y con un precioso jardín. Lastima de lluvia.

Allí entramos los cuatro. La verdad es que habían hablado poco durante el trayecto. Se les notaba algo nerviosos. Me refiero a mi amigo y a la novia. La carabina estaba en silencio.

Escrutaron detenidamente el local y eligieron un rincón apartado. A mi todo aquello me parecía algo cómico.

Pedimos los cafés. Para mi sorpresa la amiga sabía hablar inglés. No iba a ser una tarde tan aburrida a pesar de todo. Como ya he dicho hasta ese momento no había hablado con ninguna tunecina tranquilamente. Además mi papel en esta historia es entretener a la carabina y sin poder hablar con ella lo veía difícil (ni una sonrisa mal pensada por favor).

La conversación fue bastante interesante. La carabina estudia música y quiere ser profesora. También me cuenta que está un poco cansada de todas estas historias y de lo cerrada de mente que es la sociedad gafsiana. Esto no le impide cumplir su labor de carabina y darle una colleja a mi amigo, o quizás fuese a la novia, al primer intento de beso. Tras esto se olvidó de la pareja que desde ese instante se dedicaron algunos arrumacos y algunos besos en las mejillas y poco más. Todo con mucho recato y pudor. Aunque que queréis que os diga se les notaba el deseo y la pasión en los ojos. Si no estuviese mal visto creo que hubiesen hecho el amor allí mismo.

Pero no creáis que los nervios habían acabado. De cuando en cuando entraba algún nuevo cliente. Generalmente un hombre. Abría la puerta, miraba en el interior del bar y se iba para regresar en poco menos de un minuto con una muchacha. Durante este tiempo todo el mundo miraba la puerta y le sostenía la mirada al recién llegado con rostro muy serio. A veces me parecía que eran como perros marcando el territorio. Todo aquello duraba hasta que la nueva pareja se sentaba en su rincón.

Sobre esto también se reía mi nueva amiga. De hecho la idea de los perros marcando el territorio fue suya. Yo por mi parte seguía en mi papel, mucha conversación pero con mucho tacto. Ya sabéis, el mayor peligro de estás situaciones es que la carabina le de por cambiar de rol… mi ingles no es tan bueno como para rechazar proposiciones deshonestas de una manera educada y tampoco me apetecía hacer la cobra.

Me contó que si bien le gusta la música no ve nada claro su futuro como profesora, aunque esto le puede dar la oportunidad de salir de Gafsa. Además no era plan de contradecir a su padre (¿a quién le suena?). También me cuenta los problemas para encontrar un buen novio. Y no se refería solo a las mismas cosas que nos habían llevado hasta este apartado bar lejos de ojos indiscretos para mi amigo y su amiga. Me cuenta que su padre es muy tradicional y que tendrá que dar el visto bueno a su futuro marido. Parece ser que cumplir con las exigencias del padre no es fácil. Así que tuvo que cortar con el último novio que tuvo cuando un tío suyo la descubrió y se lo contó al padre. You are not muslim, don’t you? bromea mientras me sonrie. En ese momento sonaron todas las alarmas y negué con vehemencia, añadiendo que en mis planes de futuro no se encuentra la idea de la conversión. Creo que capto el mensaje y mi preocupación por lo malentendidos ya que rió y con ganas.

La tarde, el café y la conversación la pasé viendo la proyección de esos minutos que me faltaban de la película. Nunca me cansaré de intentar comprender el interesante punto de vista que sobre el mundo tienen las mujeres (hacía bastantes líneas que no generalizaba y lo estaba echando de menos).

En esas estaba cuando mi amigo propuso que era hora de irse. Hasta ahora me había parecido mucha historia secreta para un simple café y un par de abrazos. Por un lado me sorprendía la inocencia del asunto y por otro me parecía muy triste. Mi lado más romántico se estremecía solo de pensar cuantas historias de amor se habían desvanecido en silencio por culpa de aquella situación. Del sexo, el vicio y la depravación os prometo que ni me acorde. Aunque debería haberlo hecho.

Nos montamos en el coche. Mi amigo se sentó atrás con la novia. Esta vez fue la carabina quién me dijo donde ir. No iríamos directamente de regreso, me quería enseñar una cosa. Al menos eso fue lo que entendí. Puse la radio. En el dial que suelo escuchar daban noticias, en francés, así que presioné el botón de búsqueda y la radio se paró en una cadena de música tunecina. Mi nuevo copiloto se puso a cantar, lo hacía realmente bien. En el asiento mi amigo no perdía el tiempo, mejor dicho era ella quién no lo hacía. Tal como arranque se abalanzó sobre él y empezó a comérselo a besos. Mi imagen de la relación idílica y a distancia se esfumó en un suspiro. El que di mientras cambiaba de posición el espejo retrovisor en un vano intento de darles intimidad. Miré a la carabina y mi cara tenía que ser un poema porque dejó de cantar y me explico que lo que estaba sucediendo era bastante normal (ahora es ella quién generaliza). Today they are lucky. Y continúa diciéndome que no es normal tener a alguien que conduzca y que si quieres algo más aparte de la intimidad de estar solos en un coche pero en marcha debes parar. En ese momento recuerdo que las carreteras de Túnez están llenas de policías y no creo que sean muy considerados con las parejas que encuentren en plena faena (pedazo de eufemismo que acabo de sacarme de la manga).

Se hace de noche y entre canto y canto mi copiloto me guía de nuevo a Gafsa. Dejamos a ambas donde las recogimos y mi amigo con una sonrisa en lo labios me dice, Come on, I want to invit you to have the dinner. Yo acepto convencido de que me lo he ganado.

Ahora me encuentro en la habitación del hotel escuchando música bastante ñoña y pensando sobre todo lo que ha sucedido. Me parece triste y patético tener que llevar una relación de este modo. Pero no es culpa de ellos. Vuelvo a recordar las películas antiguas. En ellas los amantes siempre se las ingenian para verse en secreto.

Sigo escuchando la música, hoy me encuentro melancólico. Seguro que es culpa de este tiempo de mierda.

Pienso en todo lo que se están perdiendo. Vuelvo a oír risas mal intencionadas pero estoy pensando en nada puramente carnal.

Pienso en lo hermoso que es compartir ciertos momentos, poder pasear cogidos de la mano por el parque con cara de besugo al horno. Gritar a los cuatro vientos que estás enamorado. Darle un beso en publico a la persona que amas simplemente porque si porque es ella.

Una relación hay que cuidarla, regarla con mucho amor y procurar que le de el Sol. Bajo la sombra del miedo pocas crecen sanas y fuertes

Recuerdos

Es curioso esto de los recuerdos.

Hace un par de días tuve una sobredosis de ellos. De los más bonitos. La niñez, el colegio, las interminables mañanas de clases y las aún más interminables tardes de juegos.

Sin vergüenza he de decir que me emocioné.

Llevo un par de días pensando en eso.

Si ya tengo tantos recuerdos como para poder tener sobredosis, si ya tengo tantos recuerdos que pueden emocionarme hasta casi llorar, ¿significa que me estoy haciendo viejo?

Tener recuerdos no significa hacerse viejo, significa tan solo que el tiempo pasa y que lo estoy utilizando.

Quizás tener recuerdos pero no tener planes de futuro si signifique hacerse viejo.

Quizás por eso nunca llegue a hacerme viejo.

Sobrevivir a uno mismo

A veces no entiendo como sobrevivo a mi propia estupidez.

Siempre me he considerado, sin querer pavonearme de ello, una persona con suerte. Es algo sobre lo que en general no me puedo quejar.

Hoy he vuelto a España para pasar una semana. Hoy ha sido uno de esos días en los que la vida me recuerda que no todo es tener suerte. Y me lo recuerda de una forma sencilla, sin producirme mucho dolor. Se limita tan solo a complicarse, a liarse poco a poco y a cada paso que doy escuchó una risa de fondo.

Algo tan simple como coger un par de aviones y un tren se convierte en una odisea. La tecnología esa aliada fría y sin sentimientos. Sin capacidad para comprender la situación. Incapaz de hacer un solo favor e impidiendo que las personas puedan hacerlo. La tecnología esa aliada fría e implacable.

¿Cómo pueden enredarse así las cosas?

No voy a entrar en detalles por una razón muy sencilla, parte del lío se debe generalmente a mi confianza, a mi estúpida confianza de que al final me salen las cosas bien.

Y al final salen. Y aprendo algo nuevo. Y me río porque la próxima la vida me cogerá por otro lado. Así es este juego.

Creo que soy una persona con suerte. Tan solo que de vez en cuando he de pagarlo juntando toda la mala suerte en un par de jornadas. Si, un par de jornadas, porque si bien hoy ha sido mi falta de previsión (¿como puedo estar reconociendo una cosa así?) ayer el mal tiempo hizo muy bien su trabajo.

Quiero hacer notar que no he mencionado la palabra problema ni una sola vez. Lo de hoy no son problemas. Ya he dicho que soy una persona con suerte. Para encontrar problemas reales no tendrías que estar leyendo esto sino los periódicos.

Mas alla de Internet.

Tres semanas sin conectarme

El mundo sigue girando y yo con el

pero dicen que hay otro mundo, es verdad yo lo he visto;

yo he viajado por sus enigmáticas sendas

Me cortaron las alas? he tenido que caminar.

Todos los mundos siguen girando y no te piden permiso;

no te esperan.

Hoy he encontrado una ventana a ese otro mundo;

como un oasis en el desierto y saciado mi sed solo a medias;

sabiendo que hay que marchar el agua sabe aun mas deliciosa.

Deliciosamente amarga.

He memorizado el camino.

Espero regresar pronto.

No hay muchos oasis en el desierto.

Yo busco el Sur

Durante mucho tiempo este fue mi nick en el messenger.

Todo surgio de una broma, un amigo mío tenía puesto:

“Busca tu Norte”

Yo me decante por el Sur, aún no se muy bien porqué;

quizás por llevar la contraria, quizás porque todo el que te dice que endereces el rumbo te señala al norte,

quizás porqué yo mismo soy del sur, quizás porque siendo del sur me parecía más enigmático e interesante

lo que podía haber al sur del sur…

ya me estoy liando.

Muchos quizás.

Con el tiempo intuí que teníamos olvidado esa parte del planeta que llamamos el Sur;

pero eso es harina de otro costal.

El hecho es que mañana parto hacia el Sur tantas veces soñado;

¿cómo metafora de un horizonte nuevo?

Si…

…no

Viajo a Túnez

Simple y llanamente por motivos laborales, sin encanto, sin misterio, sin aventuras.

Quizás (otro más) cuando llegue allí proseguiré con mi busqueda.

Ya os iré contando

Nuevos Horizontes

20061023013512-el-trotamundos-sobre-el-mar-de-neblinas.jpg

Dicen que el vetigo es un medio de defensa del subconciente

que se activa cuando el consciente le pierde miedo al abismo.

Partir no me resulta más facil que a otros;

y el ritual es sencillo;

Siguiendo el Camino de las Estrellas, hace muchos años, escuché:

“tras el primer paso descubres que te sobra la mitad de las cosas

que llevas en el petate”

Nadie me dijo que lo que pesa realmente es lo que se lleva en el corazón;

así que hay que elegir con mucho cuidado que es lo que cargas en el.

Aún no lo he revisado;

lo dejaré como siempre para el último día.