Archive for the 'Mis Vicios' Category
Sables no muy tradicionales

Me he dado cuenta que no he escrito casi nada sobre mi viaje a Japón. Desde que regresé he tenido problemas con el internet en casa y en el trabajo la carga de tareas me ha impedido dedicarme al noble arte de la procrastinación en la oficina.

Pero había algo que debería estar publicado desde casi el primer día y que solo la amistad ha hecho que hasta hoy no os lo contara.

Casi todos mis amigos saben que soy un fan de la Guerra de las Galaxias. Quizás no sea un friki (que poco me gusta esa palabra) en el significado ostentoso de la palabra pero seguramente sea el más friki del grupo, hasta que incorporamos a Pigmalión por la vía judicial (al pobre le cayó cadena perpetua hace ya casi un año). No he de decir que Japón es el paraíso de todo friki, otaku, geek y yo no lo iba a desaprovechar.

feria-2008-007.jpg

Aunque con el corazón divido entre el Japón más tradicional y el Japón más moderno, al final este último triunfó y el recuerdo estrella fue una replica del sable láser de Darth Vader

feria-2008.jpg

 

Una maravilla hecha a mano y no, no hace ruido ni emite ningún destello luminoso.

Muchos os preguntareis el porque cuento esto ahora y no antes. Por una razón muy sencilla, mi amiga Lulu me encargo otra para su marido, el ya mencionado Pigmalión y hasta el día 3 de Mayo por la noche o el 4 por la mañana no le dan la suya como regalo de cumpleaños. Para no levantar sospechas tendré que callar hasta entonces.

Como venganza pongo aquí una foto de su espada, la del Conde Duku y así me adelanto. Le va a gustar tanto que seguro me perdona.

abril_2008_2_006.jpg

 

Actualización: lo que se me ha olvidado contar es que la maleta que contenía las espadas se perdió en aeropuerto de París. La bendita apareció una semana después.

Barbara Hendricks & Magnus Lindgren Quartet en el Lope de Vega

La ciudad en la que vivo no es lo que se dice un desenfreno en lo que se refiere oferta cultural pero estando atento puedes sacarle bastante jugo.
Estando atento y teniendo amigos que te llaman para invitarte a buenos conciertos. Ayer asistí (gracias Rocío) en el Lope de Vega a una soberbia actuación de Barbara Hendricks & Magnus Lindgren Quartet.

Que decir tiene que ni conocía a Barbara Hendricks ni al susodicho cuarteto de jazz del amigo Magnus Lindgren. Pero he de confesar que me encantan hacer esto. Asistir a un concierto sin saber que me voy a encontrar, es como una cita a ciegas. Así descubrí al gran Goran Bregovic en un espectacular concierto que dio hace ya bastantes años en el Monasterio de San Jeronimo o lo que queda de el. ¿Te acuerdas Brujita?

Debido a mis gustos musicales disfrute mucho más de los momentos instrumentales que de las canciones. Para que engañaros, el cuarteto es  muy bueno, espero poder verlos alguna otra vez en directo. Pero hay que reconocer que la voz de Barbara (espero que me deje tutearla) es impresionante, aunque
quizás su estilo lírico estuviese un poco desubicado en un concierto de jazz. Pero para gusto los colores y el respeto.

No he encontrado ningún video de la actuación conjunta os dejo una del  Magnus Lindgren Quartet:

Cerrando circulos (II)

Lo del último post se me fue de las manos. No debería escribir de noche.

Mi intención inicial era contaros que he cerrado un par de asuntos que me han dado materia de la que hablar en este blog.

Por un lado ya tengo en mi poder el Maletín de la Edición Coleccionista de Blade Runner…sin palabras me dejo y babeando.

Por otro deciros que el otro día me tragué Soy Leyenda en el cine. Sin palabras me dejó también pero esta vez porque soy educado y no me gusta insultar. La película no está del todo mal pero se queda en un producto de consumo más. No aporta casi nada a la historia del cine. Y como le dije a mi hermana que, bien aconsejada por su hermano, se ha leído el libro, iba a ser imposible que fuesen fieles con la obra de Richard Matheson…acerté.

Luces de la India

Ya se que solo es un anuncio pero me encanta el mundo de fantasía que han recreado. A aquellos que me conocéis no os sorprenderá que me guste.

Disfrutando del cine: Blade Runner en VOS

27112007114.jpg

No soy un gran cinefilo pero me gusta el cine.

Hay peliculas con las que por diverasas razones,

 

conocidas o no, he disfrutado más que con otras. Con las que me siento más identificado que con otras. Blade Runner es una de ellas. Por el genero al que pertenece, por la historia, por el simbolismo continuo, por los temas tan humanos que muestra, por….

Ayer tuve el placer de visionarla en versión original en un cine con todos los parabienes de la pantalla grande y el sonido THX.

 

¿Con la de veces que la has visto gastarte el dinero en un pelicula para verla otra vez?

Pues si que pasa. No es la primera vez que lo hago ni será la útima.

 

 

Autobombo

Como ya comente hace unos días he empezado a participar en un proyecto bitacorero llamado “El Taller Literario“. Pero no me gustaría dejar abandonado este blog que como también dije hace algunos días ha cumplido una añito de vida.

No quiero publicar cosas por duplicado, de manera que lo que escriba para Palos de Ciegos es para Palos de Ciego y lo que escriba para El Taller Literario es para el Taller Literario.

Esto no me impide darme cierta publicidad (autobombo le llamarían algunos). Así que la razón fundamental de este articulo es anunciaros que he colgado un relato en el Taller y os animo a que lo leais.

No os acostumbréis que no siempre os lo voy a avisar.

El Taller Literario

typewriter-713508.jpgEs lo que tiene esto de internet sumado al tiempo libre. Cuando uno se da cuenta está metido en nuevos proyectos.

Ya era complicado escribir un blog como para además participar en otro. Eso es lo que he hecho, es el peligro que tiene el ofrecer tu ayuda…te la pueden aceptar.

Pero resulta difícil negarse cuando alguien como Esther es la que acepta que le ayudes a administrar un proyecto como El Taller Literario.

Un proyecto que como ya he dicho por ahí, me parece muy hermoso e interesante. Aunque al principio me sentí abrumado por la responsabilidad cada vez estoy más contento de participar en este taller, no solo como colaborador ocasional sino como miembro de su tripulación.

Este es un taller nace con la inquietud de ser punto de encuentro de inquietos navegantes que se dejan llevar por el viento de la literatura. Tiene la misma estructura que muchos otros talleres. El profesor explica un tema y hace una propuesta de trabajo relacionado con el mismo. Los alumnos envían sus trabajos y todos opinan, escuchando generalmente con mayor atención los comentarios del maestro.

Aquí radica la originalidad del Taller de Esther, todos somos profesores y alumnos. Es un taller abierto a todos. No hay una opinión más válida que otra. Con respeto y dedicación a aquellos que les guste escribir tienen aquí su rinconcito, sabiendo además que la gente que lo lea lo hará también con mucho respeto y dedicación.

Espero veros pronto por allí.

Tuna

 

img_1695.JPG

En el jardín se está ahora más fresco. Tuna ha pasado el día tumbada en el césped. Arrastrándose con la sombra de los olivos como quién persigue el aire. La tarde cae cayendo con ella un manto de frescor que todos agradecen. Ya ha pasado esa hora en la que hasta las chicharras callan por miedo a se descubiertas por el calor. Tuna ha abandonado su puesto par ir a beber un poco. Lentamente empieza a desperezarse de ese sueño de rayos de sol enredados en su rizado pelo blanco.

 

Tuna me mira al pasar con sus ojos tristes inundados por esa mirada nostálgica de agradecimiento que solo algunos perros saben tener. En esos ojos puedo leer el valor de las cosas sencillas, el valor de un hogar donde sentirse seguro.

 

A Tuna la recogimos hace unos años en una carretera secundaria cerca de la aldea del Rocío. Tenía una pierna rota y estaba desnutrida. Al acercarnos intento huir aunque no pudo levantarse. En sus ojos estaba grabado el miedo como en una lápida.

Hace un año se escapó, alguien había dejado la puerta abierta. La encontré al día siguiente en la esquina de la casa con una pierna rota. La misma que la vez anterior. La habían vuelto a atropellar.

 

Se oye pasar una pareja caminando por la calle, les acompaña un hermoso pastor alemán. Tuna se olvida del agua y corre como un rayo hacia la valla. Tuna no es grande. Tuna es una pequeña perra de aguas. Aún así asoma la cabeza entre las tuyas y ladra. Corre de un lado a otro a lo largo de la valla y ladra. No se un ladrido fiero. Tuna es una pequeña perra de aguas, blanca como las casas de Andalucía. Lo suyo es el campo, las marismas, traer las piezas que su amo cobra durante la caza. Aún así ladra. No es un ladrido potente, pero si es un ladrido firme.

Tuna se acerca a mi. Apoya su cabeza en mi regazo y me mira. En su mirada de lluvia brilla un relámpago de orgullo. Recibe las caricias cerrando los ojos y elevando su pequeño hocico al aire, disfrutando del roce de mi piel y de los mil aromas, a azahar, a espliego, a romero y a jazmín que trae el frescor de la noche.

 

De un salto Tuna se incorpora de nuevo y se dirige al cubo con agua situado en la parte trasera del jardín. Junto a su caseta, la que nunca usa. Ni siquiera en los extraños días de lluvia.

 

Pasa al lado de la puerta del jardín. Está abierta. Se sienta delante durante un buen rato. No esta mirando nada en concreto. Tan solo mira hacia fuera. Da un paso hacia delante y olisquea un poco el dintel. Allá fuera huele a libertad.

De vez en cuando gira la cabeza y fija su mirada en donde yo estoy sentado. Puedo leer en sus ojos el vértigo y la duda.

Tuna da otro paso y asoma la cabeza al exterior. Me parece verla sonreír.

Retrocede los dos pasos que acaba de dar y vuelve a sentarse delante de la puerta. La oigo ladrar. Esta vez su tono es diferente. Le tiembla la voz. Me fijo en ella y veo que me mira de nuevo.

Sigue ladrando. Me está ladrando a mi.

 

Me levanto lentamente y me acerco a la puerta. La cierro. Tuna me lame las manos agradecida. La veo alejarse tranquila hacia el cubo de agua. Ahora todo en el jardín está en orden.

 

 

La espera

sevilla-parque-de-los-principes02.jpg
El pequeño gorrión abandonó la copa del árbol que habitaba. Realizó un par de picados y vuelos rasantes para desentumecer los músculos más que para lucirse y con un rápido aletear se posó en la cabeza de su amigo el cisne. Le despertó de la siesta con un par de agudos piidos. Me quedé mirándolos y escuché atento su conversación.

-Ahí lo tienes-pía muy serio, queriendo darle importancia a su historia-, sentado en un banco, como siempre, dejando pasar las horas. Mañana, tarde y noche sentado en el mismo banco del parque Tan solo a veces rompe su rutina, se levanta y compra un paquete de palomitas de maíz que comparte con las palomas y los patos del estanque.

Un día debes posarte junto a él. A veces dice cosas interesantes, solo a veces. La mayoría son estupideces. Un día me dijo que los días de sol los patos ladran y que los de lluvia recogen hongos alucinógenos. También esta el día que me pregunto si sabía dónde iban los pájaros que volaban boca abajo. Estuvo una hora y media intentando sonsacarme la respuesta. Así que calcula, habla poco y cuando habla…
Pero en ciertas ocasiones merece la pena escucharlo.

Dice que no tiene prisa, que el paso del tiempo no le asusta.
-Hace tiempo- dice-, hace poco tiempo, me enrolé en el Barco de la Paciencia. En él estoy recorriendo el mar de la vida.
-Hace tiempo- dice-, hace poco tiempo que los demás me abandonaron. Cobardes.
¿Quieres venir conmigo?- pregunta a continuación -. No, pues peor para ti, tu te lo pierdes.
Entonces te mira con una compasión impaciente que hace que te levantes el vuelo y le dejes solo, con las palomas, con los patos.

Es un tipo extraño. Nunca se le ha visto alejarse más allá del quiosco, cuando va a comprar las palomitas. -Palomitas para las palomas- dice con una sonrisa irónica. Y la muchacha que atiende el kiosco del parque se ríe. Quizás por eso él repite el chiste cada vez que va.

Es un tipo extraño, no come, no bebe, no duerme. Sentado, mirando el horizonte. Bueno, el horizonte no porque está ciudad no tiene horizonte. Tu no lo has visto en invierno porque emigras al sur pero lleva aquí casi un año. Por las plumas de mi abuelo, si ni siquiera lo he visto ir al baño.

-Eso será porque no come ni bebe-replico el cisne, hablando por primera vez en toda la tarde.
-Será, pero de qué se alimenta, ¿del aire?-continuó el gorrión-.Porque las palomitas ni las prueba.
Cierto día una señora mayor, le confundió con un indigente y le ofreció algo de comida. La miro y sonriendo le contó que en el Barco de la Paciencia no hace falta comer. Que el tiempo no transcurre con normalidad. -Por eso no me asusta el paso del tiempo- le dijo.

La última vez que hablé con él le pregunte que porqué se había enrolado en ese barco. Me contó que estaba esperando a alguien y que ese era el mejor sitio para hacerlo.
-¿Y a quién esperas?-, inquirí curioso.
-A mi-, contestó

-¿Eso te dijo?-preguntó el cisne muy extrañado
-Ya te dije que era un tipo raro-concluyó el pequeño gorrión.

Una bonita historia

…aunque no vaya a ser una entrada muy original. Ya que puede haber cientos de blog que han tenido la mismo idea que yo. Aunque en mi descargo eso lo descubrí después de escribir el primer borrador

Como ya habréis deducido aquellos que hayan mirado la barra lateral de este blog en estos momentos estoy leyendo Brooklyn Follies de Paul Auster. En este libro se narra una pequeña historia bastante hermosa si uno se detiene a pensarlo. El protagonista es Kafka y en ella se narra como uno de los mejores autor del siglo XX consuela a una niña que llora en el parque por la perdida de su muñeca.

200px-kafka1906.jpg

La historia está narrada de tal manera que puede ser cierta pero era demasiado bella para serlo realmente. Me pareció una buena idea investigar sobre el asunto, pensando iluso de mi que tendría que pasar algunos minutos navegando por internet. Nada mas lejos de la realidad, en un par de segundos descubrí que la historia era cierta. O así la consideran todos. Parece ser que hay referencias (no las he leído) tanto en una biografía de Kafka escrita por Ronald Hayman como en una biografía de la ultima mujer que amó Kafka, Dora Diamant, con la cual estuvo viviendo en Berlín en las fechas que se produjo el encuentro entre Kafka y la niña.

A continuación transcribo la historia como la cuenta Paul Auster en su libro:

Vale. Cuéntame ya esa historia.

- De acuerdo. Esa historia. La historia de la muñeca… Estamos en el último año de la vida de Kafka, que se ha enamorado de Dora Diamant, una chica polaca de diecinueve o veinte años de familia hasídica que se ha fugado de casa y ahora vive en Berlín. Tiene la mitad de años que él, pero es quien le infunde valor para salir de Praga, algo que Kafka desea hacer desde hace mucho, y se convierte en la primera y única mujer con quien Kafka vivirá jamás. Llega a Berlín en el otoño de 1923 y muere la primavera siguiente, pero esos últimos meses son probablemente los más felices de su vida. A pesar de su deteriorada salud. A pesar de las condiciones sociales de Berlín: escasez de alimentos, disturbios políticos, la peor inflación de la historia de Alemania. Pese a ser plenamente consciente de que tiene los días contados.

Todas las tardes, Kafka sale a dar un paseo por el parque. La mayoría de las veces, Dora lo acompaña. Un día, se encuentra con una niña pequeña que está llorando a lágrima viva. Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella contesta que ha perdido su muñeca. Él se pone inmediatamente a inventar un cuento para explicarle lo que ha pasado. “Tu muñeca ha salido de viaje”, le dice. “¿Y tú cómo lo sabes?”, le pregunta la niña. “Porque me ha escrito una carta”, responde Kafka. La niña parece recelosa. “¿Tienes ahí la carta?”, pregunta ella. “No, lo siento”, dice él, “me la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo.” Es tan persuasivo, que la niña ya no sabe qué pensar. ¿Es posible que ese hombre misterioso esté diciendo la verdad?

Kafka vuelve inmediatamente a casa para escribir la carta. Se sienta frente al escritorio y Dora, que ve como se concentra en la tarea, observa la misma gravedad y tensión que cuando compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario, y está resuelto a hacerlo como es debido. Si se le ocurre una mentira bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente; falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosímil según las leyes de la ficción.

Al día siguiente, Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña lo está esperando, y como todavía no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires y por tanto deben separarse durante una temporada. La muñeca promete entonces a la niña que le escribirá todos los días y la mantendrá al corriente de todas sus actividades.

Ahí es donde la historia empieza a llegarme al alma. Ya es increíble que Kafka se tomara la molestia de escribir aquella primera carta, pero ahora se compromete a escribir otra cada día, única y exclusivamente para consolar a la niña, que resulta ser una completa desconocida para él, una criatura que se encuentra casualmente una tarde en el parque. ¿Qué clase de persona hace una cosa así? Y cumple su compromiso durante tres semanas, Nathan. Tres semanas. Uno de los escritores más geniales que han existido jamás sacrificando su tiempo (su precioso tiempo que va menguando cada vez más) para redactar cartas imaginarias de una muñeca perdida. Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. En otras palabras, era su estilo característico, y a lo largo de tres semanas Kafka fue diariamente al parque a leer otra carta a la niña. La muñeca crece, va al colegio, conoce otra gente. Sigue dando a la niña garantías de su afecto, pero apunta a determinadas complicaciones que han surgido en su vida y hacen imposible su vuelta a casa. Poco a poco, Kafka va preparando a la niña para el momento en que la muñeca desaparezca de su vida por siempre jamás. Procura encontrar un final satisfactorio, pues teme que, si no lo consigue, el hechizo se rompa. Tras explorar diversas posibilidades, finalmente se decide a casar a la muñeca. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el campo, incluso la casa donde la muñeca vive ahora con su marido. Y entonces, en la última línea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.

Para entonces, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen estas tres semanas, las cartas la han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia, para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir.

Para finalizar hacer referencia a un libro de Jordi Sierra i Fabra basado en esta historia llamado Kafka y la muñeca viajera