No se como me saldrá esta historia. La he dejado reposar un poco. He preferido narrarla a partir de recuerdos algo asentados. Recuerdos un poco agridulces, más dulces que amargos porque al final todo salió bien
Ocurrió un domingo cualquiera. Pongamos que fuese este último. Mi nuevo compañero de trabajo, al que desde ahora llamaré Maumma, que es como le han puesto aquà los tunecinos, y yo nos disponÃamos a pasar una agradable jornada de excursión por la zona.
Porque la vida es asà de generosa está vez Ãbamos acompañados de dos jóvenes tunecinas que conocimos el viernes tomando café en el hotel. Una, Maissa, estudiante de animación sociocultural y la otra, Fátima, de geologÃa en Gafsa aunque nacidas en Tunisia y Gabes respectivamente.
Aquà deberÃa detenerme a contar que el sábado también lo pasamos con ellas y con otras dos amigas. También estudiantes y también muy agradables. Fue un buen dÃa de turismo y por supuesto siendo la envidia de los nativos del lugar. Al finalizar la tarde, Maumma en un hábil movimiento torero le dijo a Maissa que al dÃa siguiente Ãbamos seguir las excursiones pero que esta vez preferÃamos que viniesen solas, ella y Fátima. Las dos amigas se habÃan incorporado sin avisar el sábado por la mañana.
Quedamos para el domingo a la misma hora sin saber muy bien cual serÃa el número de las comparecientes. Subrayar aquà que aunque mejorando mi francés sigue siendo pésimo y que mi amigo Maumma oficialmente y oficiosamente no habla ni francés ni ingles. Suerte que ellas si hablan algo mejor el inglés que yo el francés.
Finalmente solo aparecieron nuestras dos amigas.
No voy a entretenerme mucho con los detalles del viaje. La idea era ir en dirección sur, recorrer la carretera que atraviesa Chott el Jerid (IMPRESIONANTE) y después rodearlo por una carretera que de Este a Oeste va besando el desierto y que después gira hacia el Norte rozando la frontera con Argelia. Finalmente se llega a otra carretera que enlaza Tozeur y Nefta con Argelia.
Nuestras acompañantes disfrutaron muchÃsimo del viaje. Para ellas era la primera vez que veÃan el desierto. Me extraño en Fátima que siendo de Gabes tiene el desierto a tiro de piedra con ciudades tan tÃpicas y bonitas como Tataouine (atentos los frikis de Star Wars). Cuando me cuenta que en total son 7 hermanos y 3 hermanas y que su padre es muy severo la entiendo un poco más. Para ella tiene que estar siendo una liberación irse a Gafsa a estudiar y el viaje tiene que haber sido toda una aventura. Para lo bueno y para lo malo.
Lo idÃlico del viaje acabó en el penúltimo tramo de carretera. La que marcha paralela a la frontera de Argelia. Allà habÃa, por supuesto, un control de la “Garde National”.
Nos pidieron los pasaportes. Todo en regla. Luego los papeles de ellas. Tras mirar la documentación entregado les pidieron otro papel. A partir de aquà todo empieza a hacerse tan incomprensible como lo es para mi el árabe. Fátima me dice que está “interdit” prohibido, que las mujeres tunecinas viajen solas con extranjeros.
“La hemos liado” pensé, “¿Y por qué me lo dicen ahora?” Sabiéndolo no hubiésemos cogido una carretera con un control tan restrictivo como el que tiene que haber cerca de la frontera.
La discusión entre Maissa, Fátima y los guardias de la garita se iba alargando. Empezaron a salir más policÃas del cuartelillo. Cuando vi al oficial al mando en chanclas empecé a tranquilizarme. Los que salen tienen más pinta de curiosos de obra que de otra cosa. Uno de ellos se puso serio y nos pregunto si bebÃamos o fumábamos. Con vaya par de dos habÃa topado el pobre de antivicio. Maumma y yo somos de la liga antitabaco, el alcohol para mi es un buen vaso de vino con un buen chuletón y para Maumma es una cerveza fresquita después de la jornada de trabajo. Al contestar que no, se rió fuertemente y dijo lo que todo macho tunecino que se precie dirÃa: “Los hombres de verdad fuman y beben. JAJAJAJA”.
A nuestras amigas las metieron en el cuartelillo, cosa que me mosqueó entonces y aún me mosquea al no tener muy claro que pasó dentro. Entre tanto el de “antivicio” hizo un tour por nuestro coche. Al ver las herramientas, CPU’s y arneses que llevábamos en el maletero nos dio la oportunidad de explicar que trabajamos en un proyecto de la empresa estatal de energÃa. El ambiente era cada vez más distendido, aunque Fátima y Maissa no saliesen. Explicamos unas cuantas veces de que va el proyecto. Maumma sacó la cámara de fotos y empieza a enseñar fotos de Sevilla, la Giralda y la Mezquita de Córdoba. El de “antivició” seguÃa con su tour y al encontrar el MP3 conectado a la radio del coche me pidió que pusiera música. Suena brasileña y el policÃa empieza a marcar el ritmo con las palmas y se rie de nuevo. Entre tanto todos hacÃan la misma pregunta usando un tono entre inquisitorial y morbosos: “¿Cual es vuestra relación con esas dos tunecinas? ¿Cómo las habéis conocido? ¿Os habéis acostado con ella?” Seis o siete veces tuvimos que explicar que éramos amigos, que las habÃamos conocido tomando café y que no habÃamos tenido ningún contacto fÃsico indecente con ellas. Maumma estuvo a punto de soltar un “Si no se dejan” pero al final decidió callarse.
Finalmente Maissa y Fátima salieron del cuartelillo. Fátima va llorando. Empecé a temerme lo peor. Nos devolvieron los pasaportes, la documentación de ellas y al del coche. Reemprendimos el camino en silencio. Con lagrimas secas nuestras amigas nos explicaron que querÃan llamar a sus padres, más aún cuando apareció un policÃa que decÃas ser amigo del padre de Fátima.
Al final todo resultó un farol
Todo todo. Hoy me he enterado que no hay ninguna ley como la que mencionaron. La hora que nos pasamos allà y la bronca que recibieron Fátima y Maissa fueron tan solo para amedrentarlas. Para que no lo vuelvan a hacer.
Por un lado me parece lógico porque se montaron con dos desconocidos en un coche y se pasearon cerca de Argelia. Pero por otro lado ningún se merece llorar por algo asÃ.
Le he contado la historia a muchos de mis amigos tunecinos y todos dicen lo mismo. Los guardias estaban aburridos y celosos de que unos extranjeros se paseen por ahà con “sus mujeres”
¿Queréis saber lo mejor del dÃa? Media hora más tarde, antes de llegar a Nefta nos pararon en otro control. Una garita al lado de la carretera con dos policÃas. Tuvimos que pasarnos otra hora porque no eran capaces de contactar con el primer control. Maissa se puso mala del frÃo. Esta vez no las metieron en la garita pero uno de los dos policÃas se las llevo detrás de la garita para echarles la misma bronca sin que le viésemos.
Me mosqueó entonces y me sigue mosqueando la manÃa de llevárselas de nuestra vista. Quizás sea un paranoico mal pensado.




