Archive for the 'Un poco de humor' Category
Crisis y civismo

Llevo un par de años practicando artes marciales y una de las cosas que siempre me dice mi maestro es que hay que aprender a evitar las peleas. La mejor forma de hacerlo es analizando la situación y quitandote de en medio lo antes posible. ¿Y si no es posible? suelo preguntar, Para eso entrenas me responde él.

Me he encontrado con el siguiente vídeo en internet y creo que me ha dado una gran lección: Como defender a alguien sin provocar una pelea. Lo que hace el tío es mas complicado de lo que parece.

Esto ocurre en Alemania. ¿Os imagináis esto en España, con sus canin, con los niñatos haciendo vídeos con la cámara del móvil…?

Luces de la India

Ya se que solo es un anuncio pero me encanta el mundo de fantasía que han recreado. A aquellos que me conocéis no os sorprenderá que me guste.

Muy, pero que muy aburrido

Solo hay un resultado posible cuando una persona enferma como yo, literalmente, que debe guardar reposo absoluto pasa más horas de la cuenta enganchado a internet…pues que encuentra cosas como esta. La demostración de que internet no solo sirve para el porno:


Samsung Dance - Watch today’s top amazing videos here


 

Vedlo entero, merece la pena

Túnez, día 46: Cuestiones demasiado personales

Acabo de leer el royo que solté ayer y me ha dado vergüenza. ¿Cómo puedo tener esta capacidad de verborrea tan incontrolada? Y eso que hice propósito de enmienda.

Aún así escribiendo sin control ayer se me olvido mencionar la que iba a ser la idea central del día.

Haciendo un poco de memoria recuerdo los primeros días de mi estancia en Túnez. Todo era nuevo, fascinante y exótico. Entre otras cosas yo mismo.

Aquí en el sur el turismo aún no ha arrasado. Así que un extranjero llama un poco la atención Sobre todo si como yo se mueve fuera de los círculos habituales.

El caso es que con el paso de los días le fui cogiendo el pulso al país, aprendiendo algunas palabras y empecé, creo, a pasar desapercibido. Aunque a veces ocurren cosas como ser el primer extranjero que como en cierto restaurante de comida rápida en Gafsa y eso que lleva un par de años abierto.

Ayer volví a sentirme, sino exótico, si diferente.

Como ya conté íbamos cuatro en el coche sin rumbo fijo. Un colega tunecino y su novia en el asiento de atrás. Yo conducía mientras que la carabina iba cantando bellas canciones tunecinas.

En cierto momento deja de cantar y me mira con bastante curiosidad. En su cabeza va tomando forma una pregunta que no se atreve a formular en voz alta. You aren’t muslim? dice de repente. Eso ya me lo había preguntado en la cafetería. Yo niego conla cabeza sin apartar los ojos de la carretera. So you don’t… duda y suelta una palabra en árabe que por supuesto no entiendo. Mi amigo deja por un momento de besar a la novia y se descojona de risa, pero no dice nada y sigue a lo suyo. Yo me mosqueo por dentro, ya que ni la Meca, ni el Ramadan, ni rezar cinco veces al día, suelen ser aquí motivo de risa.

Entonces como ya está lanzada, la carabina hace un par de gestos con las manos que me dejan completamente helado mientras los hace y cuando unos segundos después descifro su significado: Si yo no soy musulmán entonces yo no estoy….CIRCUNCIDADO. Jejeje. No me lo podía creer. Vaya con la preguntita. Aquí empecé a creer que la carabina no era tan inocente como aparentaba.

Yo le solté a bocajarro que no y que ni falta que me hacía. Que el doctor nunca había visto necesidad de ello en mi caso. Ella me intenta explicar que de todas formas es bueno para la salud (razonamiento recurrente cuando algún tunecino intentando convertirme al Islam me dice que comer cerdo es malísimo para la salud mientras yo me acuerdo del jamón ibérico 5 jotas…aunque esa es otra historia). Yo le replico que por mi parte no hay problema, que yo me lavo muy bien todos los días, haciendo hincapié en mis zonas mas intimas y delicadas.

Tras un silencio, bastante corto para mi gusto, vuelve a la carga y me pregunta que como es. Le dije que se echara un novio no musulmán y al momento me arrepentí de mis palabras al ver que esbozaba una sonrisa picarona.

Pero que coño, no le iba a explicar como es mi pene, no me llega el vocabulario en inglés…y no iba a enseñárselo, que estaba conduciendo.

Túnez, día 41: Adaptación o cuestión de costumbres

Siempre me ha impresionado la capacidad del ser humano para adaptarse a casi cualquier situación. Será por eso por lo que aún seguimos dando vueltas por el universo a pesar del empeño colectivo en lo contrario.

La versión casera de la adaptación es la manera, a veces tan sencilla con la que nos acostumbramos a las cosas o con la que no nos acostumbramos a ellas.

Hace un par de días regresé a Túnez y lo primero que sentí fue un poco de miedo. Miedo a haberme acostumbrado. Todo me resultaba conocido. Ni siquiera el hecho de cambiar de hotel (impresionantes algunos de los hoteles donde me estoy alojando) me ha quitado esa sensación algo monótona.

Es el inconveniente de acostumbrase a las cosas, facilita la vida porque aprendes de la experiencia pero va mermando la capacidad de asombro.

Y sin capacidad de asombro esos pequeños detalles sobre los que ya he hablado van perdiendo su valor.

No estoy escribiendo sobre nada nuevo. ¿Cómo creéis que nació el puenting? La gente se acostumbra a su vida, pierde el interés por los regalos cotidianos y decide tirarse por un puente. Hasta que alguien vio el negocio y propuso que antes de tirarse la gente se atara a una cuerda. No por caridad sino porque muerto el cliente no repite el salto y eso no es rentable.

Pero me estoy yendo por las ramas, como siempre.

 

Durante mi viaje al sur, si, me han vuelto a mandar aquí, he realizado mi puenting particular. No ha sido nada premeditado. Me he despistado en la salida de la autopista, la única que hay en el país, y en vez de dar la vuelta he decidido atajar por vamos a llamarlas carreteras secundarias.-por no llamarlas cuaternarias que es cuando se debieron construir. Toda una inmersión en el Túnez profundo.

Si lo piensas bien no me he encontrado con nada que no me encontraría en España. Pequeños pueblecitos en mitad de ninguna parte, compuestos por tres casas y una calle, la carretera. Ancianos tomando café o te en la puerta del bar. Gente de campo recogiendo los aperos para regresar a sus casas. Niños jugando en las calles. Lo dicho nada alejado de lo que encuentras en algunas zonas de España, salvo quizás las ropas y los turbantes.

En eso iba pensando cuando me para la policía y van ya más de una docena de veces desde que he llegado. Enseño mi carné de conducir y al verme extranjero el agente me solicita el pasaporte. Esto ocurre en una carretera que la vamos a llamar así por el asfalto, ya que llevo más de 20 Km. sin ver una señal de trafico ni líneas blancas en el suelo y en la cual llevo media hora sin cruzarme un coche. En un lugar que por no haber no hay ni desierto. Pero en el que alguien ha ordenado que se aposte un policía.  Estoy sacando mi pasaporte cuando en dirección contraria aparece un carro tirado por un caballo y conducido por dos jóvenes que no pasan de la veintena.

El agente se separa del coche y les da el alto.

Yo me sonrío, control de policía a un carro. Me pregunto que papeles les va a pedir. Mi sorpresa es mayúscula cuando veo que el carro en vez de frenar acelera. El policía que no sale de su asombro pone cara de mala leche, me arroja el pasaporte y me grita “Sava Sava” haciéndome gestos para que me vaya.

A los del carro se les ha caído el pelo, pienso mientras reanudo la marcha, si les atrapan, porque por el espejo retrovisor puedo observar como el policía echa a correr tras los fugitivos. Se encontraba allí sin coche, moto o bicicleta.

Así me alejo con la imagen del policía corriendo walkitaki en mano. Y yo que había pensado que está estancia en Túnez iba a ser más aburrida por culpa de la adaptación, digo de la “acosrumbramiento”

Túnez, día 35: Anécdota

Llevo todo el día acordándome.

Anoche apenas pude dormir. Es lo que pasa con las anécdotas, sueles acordarte de ellas cuando no puedes escribirlas y tienes miedo de olvidarte de ellas.

Esta no es espectacular pero tiene su aquel. Además si nos ponemos serios nos proporciona un buen tema de conversación.

Después de todo un día de excursión me encuentro en un de mis últimos destinos, Chebika. Allí, al borde de un precipicio con unas vistas espectaculares del oasis y del desierto, escucho como un tunecino, con turbante y traje típico, vestido para la ocasión, relata ciertos detalles de la historia del pueblo a una pareja de españoles.

Yo que soy educado y quería en parte sorprender a los españoles, ya sabéis compatriotas en tierras lejanas y todo eso, saludo con un buenas tardes. El matrimonio sin mucha sorpresa me contesta con un escueto UmmTardes. El tunecino me mira, sonríe y suelta un ¡Que pasa Neng! con una pronunciación caso impecable.

El Barca, el Real Madrid y el Neng, cultura española a la conquista del mundo.

Túnez día 28: Antros y bailarinas

00:24, como casi siempre en la habitación del hotel

Yassin y su amigo…no recuerdo su nombre, Radomir-el hombre escalope- y yo lo conocemos como ErmugaErmuga. Palabra que está todo el día repitiendo y que no hace falta que nos la traduzcan. Su cara de vicioso lo dice todo. Decía que Yassin y su amigo me han propuesto ir hoy a ver un espectáculo de danza tradicional en un hotel cerca de su casa.

Yo ya me las imaginaba rodeado de turistas, los pocos que pueda haber en estas fechas por Gafsa, viendo un espectáculo “tipical spanish” pero a lo tunecino.

Nada más lejos de la realidad. Llegamos al hotel, un viejo edificio marrón de ladrillos desteñidos, si es que algún día tuvieron algún color. En la puerta un gorila nos cobra un par de dinares antes de dejarnos pasar con un gruñido. Lo de gorila no es un eufemismo.

Entramos en un salón de techos bajos, luz mortecina de un color que intenta parecerse al amarillo. El local está decentemente limpio y mis amigos piden la cena. Miro a mi alrededor, una veintena de hombres, solo hombres, ocupan unas cuantas mesas. Cada uno hace frente a un par de cervezas. He comprobado ya en un par de sitios que en este país puestos a saltarse las normas de Mahoma, lo hacen a las bravas, pidiendo las cervezas de tres en tres. Me pregunto que puestos a pasar del profeta podrían traerme una tapita de jamón, aunque me resisto a preguntar.

En cambio si pregunto a mis compañeros sobre el espectáculo de danza. Me contestan que empezará en media hora, lo justo para acabar la cena. La cara de vicio que ponen hace que empiece a sospechar sobre el tipo de espectáculo que voy a presenciar. Insisto en que me den detalles y entre risas llego a entender que es una sorpresa.

Y allí estoy yo, un occidental decadente, bebiendo orín de yanqui-como decía Víctor, mi maestro jedi- entre tres docenas de tunecinos que dan cuenta de un par de litros de cerveza cada uno.

De repente cambia la música, se hace más alegre y aparece ella. Falda larga de seda verde semitransparente, sujetador a juego cubierto por lentejuelas y alguna perla de imitación. Algo sorprendido estoy apunto de decir algo como: ¿Para esto tanta cara de vicio? En verano en las discotecas de mi país hay muchachas que llevan menos ropa. Me muerdo la lengua otra vez pensando no seas tan chulo y disfruta del espectáculo.

La bailarina empieza a bailar entre las mesas al son de la música, siempre sonriendo, siempre mirando a los ojos. Los presenten dan palmas y la llaman para que se acerque a bailar. Ella sin miedo lo hace, se acerca a algún afortunado, le susurra algo al oído y se marcha bailando hacia otra mesa. Con tal cantidad de hombres, la ingesta de alcohol y nadie de seguridad cerca, me refiero al gorila, salvo algunos jóvenes camareros y los músicos, me temo lo peor. Pero nada ocurre, ella baila para todos y ellos miran, sin molestarla.

Los más atrevidos le hacen una señal y ella se sube a la mesa. A cambio siempre recibe una propina.

Uno de la mesa de al lado, bastante borracho se levanta y la imita. Incluso se sube a la mesa. Me fijo en su cara y en la de sus colegas y su expresión me recuerda a la que ponen algunos en las bodas. Si no fuera por las propinas diría que estoy en una fiesta familiar.

Se acerca un par de veces a nosotros. La primera me mira y le pregunta a Yassin que de dónde soy. Sonríe al oír la respuesta y menea la cadera delante de mí. Siempre sonriendo, siempre mirando a los ojos.

Vuelve al rato, baila para Yassin y para ErmugaErmuga, que sorprendentemente mantiene un expresión fría, de hombre duro. Expresión que desaparece cuando la chica se da la vuelta, “Ermuga Ermuga” y mueve las manos como si acariciase dos pechos imaginarios. Ahora la bailarina extiende los brazos invitándome a bailar. Yo por supuesto acepto, pegándole un par de pases de pecho y presumiendo del arte flamenco que no tengo. El grupo de al lado me aplaude.

Hago una seña e invito a la bailarina a subirse a nuestra mesa. Baila un poco y cuando baja se agacha para recibir su propina. Me pone delante el escote, sus tetas se mueven de arriba abajo que da gusto, impulsadas por alguna técnica de control muscular, que no logro imaginar como se aprende. Así se queda unos segundos.

Yo que a veces me las doy de caballero, además de ser un poco gilipollas, en vez de ponerle el billete entre las tetas, plantando de paso mis manazas en alguna de ellas, aprovecho que está bajando para cogerle de la mano. Se la beso cual gentleman y le doy el billete. Ella mira su mano, me mira a mí y vuelve a mirar su mano. Aún no se lo cree.

Mis amigos me miran a mi con cara de este tipo es imbécil. Y yo no miro a nadie en particular.

Entonces sucede algo curioso. La bailarina se ríe, suelta un gritito de los de allí y se vuelve a subir a la mesa. Ahora baila solo para mí durante más del doble de tiempo de lo habitual en estos casos.

Mis amigos siguen con la boca abierta. El grupo de la otra mesa aplaude ahora con más entusiasmo.

Túnez día 10: Detalles Cotidianos

A veces cuando viajas las mayores diferencias las encuentras en los pequeños detalles, en las costumbres cotidianas. Suelen ser las que menos has planificado y por tanto te pillan con la guardia baja, echas de menos la forma de hacer las cosas de tu país, te preguntas como alguien puede hacer ciertas cosas de cierta manera cuando la única forma valida es la tuya. Pero no puedes hacerlo como siempre porque no tienes los medios.

A veces cuando viajas las mayores diferencias las encuentras en los pequeños detalles, en las costumbres cotidianas. Suelen ser las que menos has planificado y por tanto te pillan con la guardia baja, echas de menos la forma de hacer las cosas de tu país, te preguntas como alguien puede hacer ciertas cosas de cierta manera cuando la única forma valida es la tuya. Pero no puedes hacerlo como siempre porque no tienes los medios.

¿Qué hacer?

Hay quien se adapta, que no rendirse. Hay quién no es capaz y se conduce por la vida con exigencias, incomodo por no poder hacer las cosas como querría. Otros, los más, los menos, no se adaptan pero tampoco molestan. Simplemente usan el ingenio.

Todo este discurso viene a hacer referencia a algo que descubrí el primer día que llegué a este país. Lo descubrí por casualidad, haciendo algo bastante común. El que esté leyendo esto también lo hubiese descubierto tarde o temprano.Estaba en el centro de control de Gafsa, había dormido poco ya que salimos a las cinco de la mañana de la capital. Me encontraba sentado haciendo algo importante cuando me sobrevino una visión, el recuerdo de una película. ¿Habéis visto “Demolution Man” de Silvester Stallone? (vaya referencia cinéfila y culta) La han echado muchísimas veces en la tele (esto es un intento de disculpa). ¿Recordáis la escena en la que los compañeros del Stallone se ríen por que no sabe como usar las tres conchas (no me preguntéis lo que son, no lo se pero siempre he tenido curiosidad)? Poneos en mi lugar: sentado haciendo algo importante, acabas, miras a un lado miras a otro y no hay papel higiénico en ningún sitio. En la pared hay un grifo y una manguerita (¿¿las tres conchas??). No les echaste mucha cuenta al entrar al baño aunque ahí están y piensas Naaa, no puede ser.

El Rambo-Stallone lo solucionaba en la peli insultando a un expendedor automático de multas y llevándose una docena de multas al W.C. pero aquí en Túnez no hay de esas (y yo tampoco soy Rambo). Tan solo un grifo y una manguerita. Piensas en la adaptación, en la diferencia de culturas y todo eso. Pero es tu culo y tu culo no entiende de adaptación ni de culturas. Quiere ser limpiado como siempre, a lo sumo acepta sustituir el papel higiénico por papel de periódico o por hierbas del campo mientras no sean de ortiga. ¿Un chorro de agua? ¿A quién se le ocurre? De repente piensas que si usan agua tendrán que secarse de alguna manera. En el W.C. no hay nada. Abres la puerta despacio. En el lavabo tampoco hay nada. ¿No se secan?, no quieres ni imaginártelo, chorro de agua, sin secarse y pantalones arriba…

Hay momentos en lo que agradezco ser como soy, ¿adaptable? no, previsor. Recuerdo el paquete de pañuelos de papel que deberían estar en mi bolso, en el bolsillo de emergencia. Ahí está. Salvado.

Cuando regreso a la sala de control le pregunto a uno de mis compañeros que me sonríe y abriendo su mochila me enseña dos rollos de papel higiénico. En los baños de los hoteles hay, me dice, para los turistas. Cógelos allí y lleva siempre contigo.

¿Sabéis lo más extraño? Cada vez que voy al baño cojo el papel higiénico de forma disimulada, sin que me vean mis compañeros tunecinos. No me gustaría que piensen que soy un cerdo que no usa agua para lavarse el culo.

Podemos alegar que nosotros tenemos “bidés” en nuestros cuartos de baño (cada vez menos). No es lo mismo. La manguerita no es lo mismo que un “bidé”. ¿Por qué? No lo se pero cada vez que entro en un W.C. y veo agua en el suelo nunca la veo del todo transparente……imaginaciones mías. Seguro

Túnez día 8: Hambriento

20:05, BCC de Gabes

 

Tengo hambre, mucha hambre.

 

Ha sido un día muy largo. Tanto que aún lo es.

 

No he comido nada.

 

Sin sufrimiento no hay cura. Jajajajaja

Hago cálculos, lo del domingo lo vomité, lo poco del lunes lo cagué y hoy no he injerido nada más que agua.

Resultado: tres días sin comer.

Y aún sigo aquí, en el tajo, como un campeón. Y todo porque los jodidos serbios tienen mucho que hacer aún. 

Lo peor…que mañana será un día tan aburrido como el de hoy, o más.

Túnez día 7: Borroso

Hora  ni idea, lugar creo que la habitación del Hotel Chems. 

Veo borroso, tengo fiebre, no he comido en todo el día y lo que comí ayer lo he vomitado o lo he cagado. 

Ellos no se creen que vaya a sobrevivir. 

No me conocen. 

Dadme unas horas de sueño y volveré a comandar mis tropas hacia la victoria final. 

Ellos no creen 

Nu me cpnosem 

No veo bien. 

NEcesito dormíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii