Palos de ciego

Fuegos

Palos de Ciego Nº1 -Enero/2026- Mirva Valdeburón

Algunas veces salgo hacia las montañas
a mirar a lo lejos.
Piso unas lomas donde tierra vieja
 se pone hermosa con el sol y veo
subir la sombra por los cuestos.
Ando
mucho tiempo en silencio.

                                               Antonio Gamoneda     

Hace tiempo que dejé de obsesionarme con la idea de que, ante cualquier injusticia, yo podía cambiar las cosas. Y no es que haya adoptado una postura conformista o indolente de ver pasar la vida con todas sus complejidades como si no fuera conmigo. Simplemente me he hecho más consciente de lo que en el ámbito personal uno puede abarcar y lo que en el plano ideal deseamos, pero no podemos controlar.

La ola de incendios que ha calcinado nuestras montañas y ha destruido nuestra forma de vida de modo implacable, me ha provocado un inmenso dolor, un sentimiento lacerante de pérdida de lo esencial, de lo más puro, esa vida sencilla y dura, de viento helado del norte, de olor a leña en invierno y a siega en verano, esa vida antigua que a nadie importa. Esta desolación que siento me lleva a formular la siguiente pregunta: ¿Qué puedo hacer yo?

Tal vez hablar del tema a pesar de ser una simple pueblerina sin formación científica. ¿Por qué? Porque pienso que hay que tomar conciencia de lo que está ocurriendo, no podemos pasar de puntillas ante semejante catástrofe, hay que seguir planteándose por qué a nuestros bosques, que son los pulmones del futuro, no se les da el valor que merecen. Téngase en cuenta que la montaña, su vegetación, las zonas húmedas, las cimas de piedra caliza, cada uno de los ecosistemas que forman nuestros bosques, tienen un papel fundamental en el equilibrio ecológico de modo que la estabilidad del clima y la sostenibilidad de la vida, dependen directamente de la relación existente entre todos los seres vivos.

La deforestación, fruto de los incendios que hemos sufrido, es un factor que interviene directamente en el desequilibrio ecológico cuyas consecuencias, además del perjuicio que causa en especies animales y la vegetación, son el cambio climático y el calentamiento global.

Es importante tomar conciencia y reflexionar sobre las consecuencias de los incendios de manera global. Concienciar no significa adoctrinar, como se empeñan en repetir cansinamente en ciertos círculos, sino que denota la capacidad de analizar la realidad en todos sus matices para transformarla.

Desde las administraciones se ha menospreciado periódicamente al mundo rural privándolo de valor. A consecuencia de la despoblación masiva, ha ido creciendo un abandono institucional progresivo que se asemeja a una especie de huelga permanente con unos servicios mínimos claramente insuficientes, cuyas consecuencias son: una sanidad precaria, la carencia de infraestructuras, escasas comunicaciones y falta de oportunidades económicas que permitan a los jóvenes ser libres de elegir dónde quieren vivir.

Este abandono se ha manifestado de forma brutal en la gestión de los incendios, hemos de tomar conciencia de la falta de inversión en la conservación de nuestros montes y reflexionar sobre la necedad imperante de no escuchar a nuestros mayores, cuya sabiduría en materia de conservación de la naturaleza debería de tenerse en cuenta a la hora de sentar las bases de nuestra gestión.

No podemos cambiar desde nuestras acciones individuales la mala praxis y la dejadez institucional en la prevención y gestión de los incendios, pero podemos hablar de ello, debemos seguir hablando de ello, debemos dar a nuestra tierra el valor que merece y no dejar que todo lo ocurrido se difumine bajo el manto del olvido.  Quizá debamos escuchar a la montaña.

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