Cada ascua moribunda por separado forjó su fantasma en el suelo

Me vine al monte para habitar, por fin, esa choza de bruja que difusamente añoraba desde siempre. Para ser de las brujas que guardan el territorio, que lo protegen, como los Benandantti, esos que nacían vestidos con el saco amniótico sin romper, esos que celebraban aquelarres dormidos cada uno en su cama, esos que protegían las cosechas. Cristianos de bien hasta que su poder fue tal que fueron a la hoguera con el resto de amotinados del sistema.