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Palos de ciego

Viene de lejos

Calle de pueblo con vecinos

Mauricio, que no es nadie y somos todos, descansa sentado en el banco pegado al muro de su casa. El banco, de buen roble, lo construyó su bisabuelo y ha sustentado las posaderas de todos los Mauricios de la familia desde entonces. El banco y Mauricio aprovechan la sombra de un castaño que lleva allí desde que se construyó la casa; cierra la primavera y se acerca el verano, y si no madrugas, ya no puedes salir a caminar porque el sol te calienta la nuca, así que Mauricio pasa la mañana a la sombra de su castaño, sentado en su banco de roble y apoyado en su gastado bastón, mirando el tiempo pasar.