Editorial Palos de ciego Nº2

Las cigüeñas han vuelto. Su figura blanca y solemne traza espirales sobre los árboles, buscando los mismos nidos que los inicios del invierno deshizo a medias. Su llegada tiene algo de ceremonia antigua, de pacto tácito entre el cielo y la tierra: regresar, habitar, reconstruir. Nadie las llama y, sin embargo, vuelven cada año fieles a un territorio donde el tiempo parece girar sobre sí mismo. Quizá, por eso, su aparición es también metáfora de un país que empieza a preguntarse de nuevo qué significa quedarse, volver o empezar en el campo.