Frankenstein o el moderno Prometeo - Mary Shelley
La historia de Frankenstein o el moderno Prometeo es una profunda reflexión que da lugar a preguntas. Una búsqueda insaciable de conocimiento que lo llevó a descubrir una catastrófica sorpresa que no fue capaz de predecir y acabó destruyendo las vidas de sus seres queridos, incluyendo la suya y la de su criatura. Lo que iba a ser una nueva especie que lo bendijera como un dios, como por obra de un alquimista, se convierte en una creación que le provoca un inmenso asco, de la que huye, aborrece, abandona y luego busca para matarla.
Y es que a veces, quizá sea mejor no abrir puertas que luego no sepamos o podamos cerrar. Pues detrás de esa puerta se escondía una criatura que pedía responsabilidades a su creador, como la que se tiene con los recién venidos al mundo. Pero lo que encuentra es, en sus propias palabras: hostilidad, la eterna soledad, monstruosidad, fealdad, un engendro, un aborto, miseria, cadáver demoníaco, algo que ni siquiera Dante podría haber concebido, enemistad, temido espectro, decepción, depravación, un fatal ataque de pasión y una búsqueda egoísta. Y, sin embargo, con espíritu.
En medio de una atmósfera onírica, se descarga una tormenta de percusiones, violentas venganzas y odios mutuos que los llevan a la muerte. Aturde la elocuencia de este ser que ha recibido la chispa de la vida y busca alguien como él porque ha perdido toda esperanza de aceptación por parte del ser humano. Lo semejante, ante el miedo a lo diferente. Y la miseria de un Víctor que vivió en el Jardín del Edén hasta que, como él dijo, le picó la serpiente.
En paralelo, como una sombra, otro buscador: Walton, el último en ver a la criatura que encontró a lágrima viva ante el cuerpo inerte de su creador. Esta presencia tan horrible y sobrenatural que aterra, le provoca una mezcla de curiosidad y compasión cuando le cuenta la historia de su vida contaminada de sufrimiento, crímenes y arrepentimiento por lo sucedido. Pero Walton mira a su admirable Víctor, en quien encontró la compañía que tanto deseaba y a quien prometió destruirlo. A imagen de una antiPandora moderna: ¿dejó escapar la esperanza?, ¿o previno al mundo de algo inimaginable? Aunque duda, finalmente decide después de escucharla, no poner en peligro a su tripulación y volver a casa (Inglaterra). El viraje del barco no solo deja atrás la posible gloria de su nombre que tanto ambicionaba, porque Walton fue en busca de un país de luz eterna y lo que encontró fue la lumbre de una pira funeraria a modo de ofrenda oracular. La criatura decide inmolarse para que nadie pueda volver a crear otro ser como él.
Nos habla de la trágica historia de la soledad no deseada, de lo que se deja atrás cuando nos volvemos insaciables en cualquier proyecto, es decir, la contemplación de la vida en toda su extensión. La irresponsabilidad de nuestras acciones con nosotros mismos y con los demás. El poder que tiene el lenguaje de explotar mentes que están ancladas en los desvaríos de los demás. El sacrificio, la familia, los misterios de la vida a través de la muerte. Es la historia de una noche de bodas sin consumar. La profecía de una madre diciendo “no vayas”. La de la cobardía del que calla para que otro sea culpable. La soberbia de los límites para los que no estamos preparados, como el transhumanismo en busca de la singularidad. Es la confusión de las lenguas en la Torre de Babel.
Es Adán a imagen y semejanza de no se sabe qué. Es, sobre todo, no dar nombre a la existencia de algo que has creado. Los egos, con un Víctor afirmando que “la vida y la muerte me parecían fronteras ideales que yo debía atravesar primero, para después derramar un torrente de luz sobre nuestro sombrío mundo”. Es la advertencia de los peligros que acechan cuando no aceptamos nuestra finitud. Y al igual que los dioses antiguos, al querer ser inmortales, por el camino no nos llegamos a conocer en la vida en que nos encontramos. Los árboles que no dejan ver el bosque. El guiño en la ceguera (presente en el anciano) humana para percibir la bondad interior y dejarse engañar por las apariencias externas que visten nuestras pieles con telas de mentira.
Ahí vive el mito de Prometeo con su dualidad, como Titán (de segunda generación) que roba el fuego al rayo de Zeus para entregárselo a una humanidad vulnerable, y por ello es castigado y encadenado en un risco del monte Cáucaso siendo torturado por un ave rapaz (águila) que devoraba su hígado día tras día para volver a regenerarse. Pero también Prometeo como alfarero, creando al ser humano con el barro y pidiéndole a Atenea que le insufle hálito de vida.
Si lo que tú creas es un destello de ti, como lo que fotografías, lo que dices, lo que dibujas, lo que escribes, lo que percibes al escuchar……porque sale de tu voluntad o de algo intangible que tira de ella; es posible que a partir de la creación, se pueda descubrir y conocer al creador. ¿Y si esos lazos solo pueden disolverse por la aniquilación de uno de los dos?
La fuente del deseo, como manantial que causa sufrimiento porque provoca más sed cada vez que da de beber.
¿Es no soportar lo que se es, y en vez de meditar esto, querer llegar a la otra orilla sin nadar?; ¿o pura tensión en la fina membrana de nuestros polos opuestos?
Pero…, ¿realmente es todo esto? No lo sé, y tal vez no lo quiera saber.
La única certeza es que esta historia que la prodigiosa Mary escribió a los 19 años de edad ha viajado desde (un cementerio) Ginebra hasta la biblioteca de Sabero. Se ha subido al lomo de los que haciendo un paréntesis en nuestro devenir de la vida diaria, nos ajuntamos en un pequeño lugar para dar testimonio de nuestra existencia en el espacio que habitamos y cucear en algo más que lectura; y esto traspasa el misterio del propio título de esta magistral obra. Las distintas y enriquecedoras miradas que otorgan los ojos de este club de lectura, que nos hacen soñar o lo que nos dé la real gana, porque ese ratín es nuestro y nos complacemos desde el imaginar y el sentir, hasta en el callar. ¡Ay Mary¡, ¿qué hubiera sido de nosotros si lo hubieras hecho guapín?
Club de Lectura Ástura Sabero.
Ufff, he leído la reseña sin descanso 🙂 y he de decir que me ha llenado y a la vez vaciado completamente, que estaba deseando seguir leyendo y a la vez terminar para poder opinar. He pensado, mientras leía, que la novela refleja tal cual la realidad de la religión y de la tecnología como nueva fuente de fe. Somos pequeños monstruos ignorantes de nuestro origen amando y odiando a creadores inventados, y, a la vez somos Víctor, buscando ser dioses, creadores de vida, manipulando nuestro cuerpo a través del transhumanismo para ser inmortales y eternos. Creamos entes digitales, inteligencias artificiales, robots humanoides y renegamos de ellos, y los tememos cuando dejamos de comprender nuestra creación y conspiramos para destruirlos. Frankenstein es una historia inconclusa que se repite y se repite y Mary una visionaria que nos avisa de lo que somos, monstruos.
Me habría encantado estar en esa reunión donde se habló del libro 🙂