Del agua que quiero beber

Hace tiempo que La Fuente del Segundo Valle dejó de ser una oquedad en el suelo llena de agua fresca en cuyo fondo se podía ver cómo manaba. Cuando me agachaba a beber, antes de posar los labios en el agua, observaba de cerca aquel brotar con tanta atención… Y sin atreverme a tocar por si acaso interrumpía algún encanto extraordinario.
El ojo que todo lo ve

Cuando salgo a pasear, a menudo voy al valle; es mi sitio preferido. Para mí, ir allí es como sentarme a una buena mesa (no me refiero solo a las viandas), meterme en la cama con las sábanas recién lavadas o nadar en un cauce a favor de la corriente el día de más calor del verano. Cosas que intento hacer con tiempo, para poder disfrutar de ellas sin luego tener que pasarle la cuenta a nada ni a nadie.