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Palos de ciego

Rutinas

Puerta

Cogí dos esquinas de la sábana. Al abrir los brazos no abarcaba todo el lateral, no la podía estirar del todo, pero tras el primer doblez, ya sí. La coreografía estaba interiorizada.
Después, cerramos el sofá, de nuevo menguado.
Unos minutos antes, aún habíamos desayunado juntos, pero el colacao sabía a fin y silencio.

San Juan

Paisaje de montaña

Diálogo interno con sensaciones y emociones ante un día señalado en el año, a lo largo de una vida