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Palos de ciego

Por amor al arte

Palos de Ciego Nº9 -Septiembre/2026- Mirva Valdeburón

Manos pintandoLa RAE define el arte como la capacidad o habilidad para hacer algo. Actividad consistente en crear obras que, mediante recursos principalmente plásticos, visuales, sonoros o literarios, produzcan estimulación estética o intelectual. Y a la artesanía como arte u obra de los artesanos.

En el entorno rural que habitamos existe una manifestación artística conectada de forma muy potente con la naturaleza y la cultura propia, a través del uso de materiales locales que se trabajan con herramientas simples y técnicas que forman parte del patrimonio cultural inmaterial de nuestra comunidad. La madera, el junco, el mimbre, la lana, el barro o la arcilla se convierten en objetos aparentemente cotidianos cuya estética contiene siglos de sabiduría en constante transformación a través de la mirada y las manos del artista.

Perderse entre los mercadillos de artesanía es un placer para los sentidos y para el alma. Admirar ese bolso de ganchillo único. Pendientes de plata hechos con las manos a base de imaginación, horas de trabajo y mucha habilidad. Calcetines de lana merina teñida con colores primarios, auténticos, puros, tejidos durante tardes eternas. Cinturones de cuero que huelen a curtidor y a taller con solera. Piezas de cerámica creadas a ritmo de torno por alfareros soñadores, algunas del color de la tierra, básicas, únicas, sencillas y hermosas al tiempo, útiles, receptoras de ajos, tomillo y aceite, acariciadas por las manos que las crearon y mecidas por tantas más.

La artesanía es la forma más democrática de introducir el arte en nuestra vida cotidiana. La mayoría de las personas podemos adquirir una pieza única, prácticamente al mismo precio que pagaríamos por cualquier objeto en un gran almacén o tienda de marca reconocida, fabricado en serie y con materiales cuya corta vida nos aboca a seguir consumiendo.

Una acción tan simple como preparar una refrescante agua de limón y menta, me conecta con la tierra cuando salgo al huerto y elijo una rama llena de vida, pero también cuando cojo el exprimidor tallado en madera de olivo que le compré a un artesano de Valencia y me lleva a otro mundo, tan distinto y al tiempo tan parecido al mío: la vida en los pueblos pequeños y sus tradiciones.

Hago unas sopas de ajo y llevo a la mesa la receta de mi abuelo. Él las hacía individuales, una por una, en cazuela de barro de Jiménez de Jamuz; intento reproducir ese momento y me siento rodeada de arte en toda su dimensión.

Poner en valor la artesanía, dejar que entre en nuestras vidas, supone ser parte de un movimiento que consigue fusionar el arte y el conocimiento transmitido por nuestros antepasados con nuestra realidad.

Por otro lado, nos hace conscientes de cómo influye en nuestra vida lo que adquirimos y de qué forma moldeamos la realidad con nuestra actitud. Significa apoyar una forma de expresión que preserva la tradición, la cultura, el buen hacer y se desmarca de la dinámica actual del usar y tirar. Se trata de que los objetos y productos que nos rodean construyan una historia, un relato que se hilvana a medida que les procuramos una larga vida.

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