Viajar entre las páginas de un libro, tratar de entender, rebelarme ante lo injusto, reconocer lo esencial, lanzarme a lo desconocido, tal vez soñar, sonreír e incluso reñir con el autor forman parte de mi hábitat natural.
Escribir, sin embargo, me produce un vértigo incontrolable, hace que me sienta ignorante, insegura e insignificante.
A pesar de todo, aquí estoy, luchando contra mis miedos por enésima vez.