La palabra
Palos de Ciego Nº3 -Marzo/2026- Mirva Valdeburón

Como cada año, una buena amiga que me informa habitualmente de los actos culturales de la capital me mandó el programa del Festival de la Palabra 2025.
Lo abrí con inmensa emoción, buscando ávidamente los actos programados en los pueblos y encomendándome a todos los dioses, para que alguno llegase más allá de la gran ciudad, donde tan bienvenida resulta siempre la añorada palabra, en forma de declamación, conferencia literaria o simple comunicación.
Al primer vistazo rápido llegó la gran decepción: ni San Feliz del Torío, ni la Casa de Cultura de Sabero, ni las antiguas escuelas de Azadinos, ni Villafranca del Bierzo, ni Carbajal de la Legua, en fin, ni un solo acto fuera de la capital.
¿Fue lo ocurrido el año pasado una simple ilusión?
¿No tuvo el suficiente impacto?
¿Fue acaso un fracaso?
¿Ha disminuido el presupuesto considerablemente hasta el punto de no poder soportar los desplazamientos?
No tengo datos suficientes para poder expresar una opinión razonada, solo espero que el mayor o menor aforo no incline la balanza a la hora de dejar de externalizar los eventos y concentrarlos en la ciudad. A pesar de la despoblación que sufrimos en las zonas rurales, siempre hay gente dispuesta a acudir a la presentación de un libro, a una conferencia, a la lectura de un poemario o a cualquier otro acto cultural, relacionado o no con la palabra. De hecho, muchos autores, tanto novelistas como poetas, han expresado su preferencia por acudir a presentar sus libros u otros actos culturales que requieren su presencia en lugares pequeños, valorando la cercanía con los espectadores, la calidez del momento e incluso una cierta intimidad que únicamente se da con la asistencia de personas realmente interesadas, lejos del postureo imperante.
Pienso en Rosa, mi vecina. Hace aproximadamente un año, sobre las cinco de la tarde, comenzó a arreglarse de forma metódica y con gran perfeccionismo, llena de ilusión, pues tenía esa tarde una cita con “La palabra Declamada” . A sus 82 años, con unas arrugas preciosas que invitan a leer en su rostro una historia de amor, un poema sobre la pérdida, un cuento de miedo o un relato sobre lo cotidiano, organizaba minuciosamente su tiempo, huyendo de la soledad que imponen la vida y el rural. Era una amante fiel de la cultura y no solía faltar a ninguna cita, puesto que a estas alturas de la vida tiene muy claro lo que le llena, lo que hace que se sienta viva.
Escuchar la poesía de Maru Bernal:
Lorquiana Eco
«CÓNCLAVE de sauces
A la orilla del río.
Eco se desangra
en gotas de rocío,
la noche traicionera
se lleva su lamento,
las calas la amortajan
con flores de viento.»
Esa forma tan especial de recitar, como si de un auténtico drama clásico se tratase, la emocionó de tal modo que las viejas historias familiares, casi olvidadas, resurgieron sumiéndola en una leve nostalgia.
La tarde transcurrió entre poemas y poetas, dejando un regusto dulce, de tiempo de calidad y de ensueño, con la ilusión de que podía haber muchas más similares, con las que llenar esos tiempos muertos y soñar con héroes y heroínas griegos lidiando con conflictos tan sumamente humanos como los que se cuecen en nuestras cocinas.
Este año la poesía no llegó a nuestros pueblos en forma de festival de la palabra, gotas de ilusión se perdieron en el río escondiendo pequeños sueños, tan griegos, tan humanos…