Manual para mujeres de la limpieza - Lucía Berlín
“En la profunda noche oscura del alma, las licorerías y los bares están cerrados.”
Si Lucía Berlín nos acompañase en este día otoñal para hablar de su “Manual para mujeres de la limpieza”, se sentiría muy cómoda hablando de sus relatos bajo la atenta mirada del Castillete del Pozo de la Herrera en el Valle de Sabero; estaría como en casa entre estas montañas cuyo pasado minero conecta directamente con el inicio de su vida en Alaska, donde su padre trabajaba en las minas.
Si ella estuviera escribiendo esta reseña, comenzaría seguramente diciendo, como en Silencio:
De niña salí callada, al vivir en pueblos mineros de montaña y mudarme demasiado a menudo para hacer amigos. Normalmente encontraba un árbol o un cuarto en un viejo aserradero abandonado, para sentarme en silencio.”
La vida de Lucía es compleja, convulsa, atravesada por el alcoholismo, el abuso sexual, las relaciones tóxicas, el abandono afectivo en el entorno familiar, los cambios constantes de empleo necesarios para mantener a sus cuatro hijos y las malas decisiones.
Con todo este bagaje vital construye sus relatos con una mirada inteligente, clara, despojada de adornos innecesarios, una prosa atrevida, punzante, sincera y profunda, un humor afilado, listo para poder digerir situaciones terribles y una habilidad innata para describir el horror de forma bella.
¿Se puede describir el horror de forma poética?
“Nuestros grilletes tintineaban como instrumentos orientales y los prisioneros, con sus uniformes naranjas, se mecían acompasadamente como monjes tibetanos.”
Los personajes de sus relatos son mujeres confusas, pero al mismo tiempo indomables, fuertes, de clase trabajadora, capaces de enfrentarse a situaciones complejas con inteligencia y tesón y que sufren una gran soledad. También da voz a personajes marginados a causa del alcoholismo, las adicciones, la delincuencia, la condición de migrante y la pobreza.
En Mijito, a través del infierno que recorre una joven mexicana con su hijo recién nacido y enfermo, nos habla del desarraigo, el miedo institucional, el abuso, la pobreza y las condiciones precarias de los migrantes. “Se llama Amelia. Tiene diecisiete años, vino de Michoacán para casarse con su novio, pero ahora él está en la cárcel de Soledad. Ella vive con el tío y la tía del marido. No tiene dinero para volver a casa. Aquí no la quieren, y tampoco al bebé, porque llora a todas horas.”
En Apuntes de la sala de urgencia, 1977, consigue transcribir con un humor descarnado y un realismo abrumador lo que ocurre en una sala de urgencias de forma que te parece estar viviendo un código azul, o deseas tener buena muerte, como la de un gitano. “Las muertes de los gitanos son muertes buenas, o a mí me lo parecen… Siempre llegan en manada, y exigen estar con la persona moribunda, besarla, abrazarla, desenchufan y estropean los televisores y los monitores y demás aparatos. Lo mejor de las muertes de los gitanos es que nunca hacen callar a sus niños. Los adultos aúllan y lloran y gimen, pero los niños siguen correteando por ahí, juegan y ríen sin que nadie les diga que deben estar tristes o ser respetuosos.”
En el relato Dentelladas de Tigre, denuncia la realidad de las clínicas clandestinas donde se realizan abortos, desarrollando una historia que ocurre en El Paso, donde acuden mujeres estadounidenses que cruzan la frontera para abortar en una clínica secreta. “Todas, sin excepción, estábamos solas. Las chiquillas quizá más todavía, porque a pesar de que dos de ellas lloraban, sus madres también parecían ajenas y distantes, con la mirada perdida, aisladas en su propia rabia y vergüenza.” En este relato la descripción de México, país que forma parte de su infancia dónde vivió con su familia materna, es breve, ágil e intensa. ”Llegamos al puente y al olor de México. Humo, guindilla, cerveza. Claveles, velas, queroseno. Naranjas y orines.” Únicamente hablando del olor de México nos traslada al lugar, vemos los colores, el ambiente, la sensación de llegar a casa.
En nuestros pueblos de naturaleza salvaje y carbón, se reproducen las mismas historias que en los relatos de Lucía Berlín, el mismo dolor, los mismos problemas; la lucha por la supervivencia, el alcoholismo, los trabajos precarios, embarazos no deseados, jóvenes alternativos, la heroína, el cáncer, la pérdida.
Es cierto que no tenemos lavanderías, servicio de autobús, licorerías, hospitales, centros de desintoxicación, etc. Pero tenemos historias; todas y cada una de nosotras nos reconocemos en alguno de sus relatos. Quienes hemos tenido que afrontar la muerte de un hermano, sentimos sus palabras como nuestras. “El tiempo se detiene cuando alguien muere. Por supuesto se detiene para ellos, quizá, pero para los que sufren la pérdida, el tiempo se desquicia. La muerte llega demasiado pronto. Olvida las mareas, los días que se alargan y se acortan, la luna. Hace trizas el calendario.”. Quienes hemos vivido en zonas deprimidas hacemos nuestras sus reflexiones. “La gente pobre está acostumbrada a esperar. La Seguridad Social, la cola del paro, lavanderías, cabinas telefónicas, salas de urgencias, cárceles, etcétera.” Y quienes leemos en estas montañas conocemos historias que, si se incluyesen en los relatos de Lucia Berlín, nadie dudaría que estaban sacadas de su propia experiencia.
Acerca del libro de Lucía Berlín ,»manual para señoras de la limpieza».
Tuve la suerte de leerlo hace unos años y realmente me parece un libro magnífico, honesto y sincero. Lucía fue alumna de J. Sender en Columbia, alumna de su clase de literatura . La vida no fue fácil para ella. Pupila aventajada de Sender, la vida se torció en algún momento y nada para ella fue fácil. Matrimonios fracasados, dos hijos, alcoholismo, divorcio…pero ella es ante todo, una luchadora y una gran vitalista. Sacó a sus hijos adelante en Manhattan trabajado de limpiadora en casas particulares. Relata todos sus demonios ocultos para salir adelante a pesar de todos sus graves problemas. Hay una frase esclarecedora y muy dolorosa en la portada de su libro de las señoras de la limpieza. Debajo del título pone: » en la profunda noche oscura del alma las licorerías y los bares están cerrados».
Magnífica lectura recomendable para todo el mundo.