El valle infinito

La tía Doris había vivido mucho tiempo en el extranjero. Era hermana de mi abuela y ya jubilada había vuelto a su casa para estar tranquila, decía, y sobre todo porque le gustaba más este sol y más todavía el paisaje de su pueblo, Castro del Condado.
El pueblo duerme

El pueblo duerme; el fuego sueña con devorarlo.
Código de barras

Cuando el fuego entra en el monte, el código queda grabado sobre la tierra.
La factura la pagan el bosque, los animales y, al final, todos nosotros.
Cada ascua moribunda por separado forjó su fantasma en el suelo

Me vine al monte para habitar, por fin, esa choza de bruja que difusamente añoraba desde siempre. Para ser de las brujas que guardan el territorio, que lo protegen, como los Benandantti, esos que nacían vestidos con el saco amniótico sin romper, esos que celebraban aquelarres dormidos cada uno en su cama, esos que protegían las cosechas. Cristianos de bien hasta que su poder fue tal que fueron a la hoguera con el resto de amotinados del sistema.
Del agua que quiero beber

Hace tiempo que La Fuente del Segundo Valle dejó de ser una oquedad en el suelo llena de agua fresca en cuyo fondo se podía ver cómo manaba. Cuando me agachaba a beber, antes de posar los labios en el agua, observaba de cerca aquel brotar con tanta atención… Y sin atreverme a tocar por si acaso interrumpía algún encanto extraordinario.
Que no arda lo nuestro

Para que Zeus vigile la llama eterna del Olimpo
Para que Prometeo nos proteja del fuego
Para que Hermes encienda su fragua
Para que Romano se vuelva a quemar
Para que no arda Paris
Ventana de campo, ventana de ciudad

Sigo tomando café junto a la fácil ventana que me nombra y no me numera mientras me limpio las uñas de la tierra del huerto que removí ayer.
El ojo que todo lo ve

Cuando salgo a pasear, a menudo voy al valle; es mi sitio preferido. Para mí, ir allí es como sentarme a una buena mesa (no me refiero solo a las viandas), meterme en la cama con las sábanas recién lavadas o nadar en un cauce a favor de la corriente el día de más calor del verano. Cosas que intento hacer con tiempo, para poder disfrutar de ellas sin luego tener que pasarle la cuenta a nada ni a nadie.
La continuación de un ritual

Relato sobre la recogida y usos de las plantas medicinales y sus aplicaciones a través de la tradición oral. Reflexión acerca del respeto a los tiempos, el disfrute de la espera mediante la observación y el cultivo de la paciencia.
Invierno, guardián del monte herido

El pasado verano, en León, el fuego arrasó montes, historias familiares y paisajes que parecían eternos. Allí donde el fuego rugió durante días interminables, la calma invernal impone una lentitud sanadora. Ahora el monte ennegrecido espera algo más que compasión: espera prevención.
Si te preocupa lo que puede pasar cuando vuelva el calor, lee el presente texto y comparte tu experiencia. ¿Qué se está haciendo en tu municipio para prevenir nuevos incendios? ¿Qué falta por hacer? ¿Qué papel juegan las administraciones públicas y privadas cuando el incendio ya no sale en las noticias?