El espíritu de la torre
Palos de Ciego Nº3 -Marzo/2026- Pilar Llamazares

El día 7 de julio de 2024 se cayó la torre de la iglesia de mi pueblo. Fue un fatídico acontecimiento para nuestra localidad, Villaturiel. Salió en todos los periódicos y telediarios a nivel nacional. Era una torre espléndida, nacida en el siglo XXVII, maciza, de barro; parecía robusta, pero estaba herida de muerte. Fallaron los cimientos y posiblemente algunas de las reparaciones que se hicieron. En la torre, además de las campanas, había un reloj que despiadadamente marcaba el paso de nuestras vidas. Ahí estaba la misma torre que había visto crecer y morir a mis padres, a mis bisabuelos, a otros antepasados más lejanos, pero siguiendo la línea de sucesión no verán mis nietos. Aquel nefasto día todos los vecinos nos dimos cuenta de que, además de tener muchas cosas en común, también compartíamos la vista de la torre desde distintos ángulos. Ella sí que fue testigo de cómo ha cambiado la vida en los últimos 30 años y cómo la despoblación se ha apoderado de la localidad. Creo que sus campanas habrán llorado en silencio tanta pérdida y tanto abandono.
Este año de 2025, en primavera vino el excelentísimo obispo a decir misa, a pulsar la opinión del pueblo y a contarnos lo importante que era tener el espíritu de la torre en nuestras mentes y que él lo había sentido nada más entrar en el recinto de la iglesia.
Yo no tengo esa sensibilidad para ver el espíritu de la torre y mucha gente del pueblo tampoco. Estamos esperando la respuesta del obispado para ver qué solución aportan. Con la iglesia hemos topado, pero nosotros, con nuestra inocencia, rezamos para que haya una torre que reemplace a la antigua y que acabe de una vez con el espíritu de la torre.