Los CRA, la utopía de los colegios rurales
Palos de Ciego Nº5 -Mayo/2026- Mirva Valdeburón

La quimera es lo irrealizable; la utopía significa anticiparse al futuro con lucidez, inteligencia y valor.
Julio Anguita.
Los Colegios Rurales Agrupados CRA son colegios que integran a varias localidades pequeñas cuya finalidad es lograr que los niños que viven en pueblos situados en zonas despobladas, tengan acceso a una educación de calidad y eficiente en su propio entorno, sin necesidad de desplazarse a ciudades más grandes.
Estas pequeñas escuelas, que tienden a desaparecer, suponen una inyección de vida para los pueblos pequeños, permitiendo que la población joven pueda desarrollar un proyecto de vida en un entorno rural con la seguridad de que sus hijos tengan acceso a una educación infantil y primaria de calidad. Esto es fundamental para la subsistencia de los pueblos, pues son “estos locos bajitos”, que decía Serrat, los que nos permiten vislumbrar un futuro.
La metodología que puede ponerse en práctica en los CRA, dadas sus características (pocos alumnos, aulas compartidas con alumnos de varias edades y educación personalizada, entre otras), puede considerarse revolucionaria. En un mundo tan globalizado que tiende inexorablemente a la homogeneidad, estas escuelas pueden permitirse, además de impartir los conocimientos académicos, incluir actividades que luego tengan proyección en la vida real de los alumnos, de manera que los niños perciben la utilidad de lo aprendido y la necesidad de seguir aprendiendo.
Para realizar estas actividades, los alumnos tienen que salir al exterior de las escuelas e interactuar tanto con sus compañeros como con el resto de personas que viven en su entorno. Esto implica el desarrollo de una convivencia activa entre los niños, los maestros, las familias y los distintos habitantes del pueblo, lo que significa que las actividades propias del ámbito rural que se realizan pasan a formar parte del aprendizaje.
Por poner un ejemplo, en un colegio se propuso la actividad de hacer un bizcocho. La actividad comienza por buscar una receta, escribirla, hacer una lista con los ingredientes, realizar las cuentas matemáticas necesarias para calcular el peso, los costes, el dinero, salir a comprar todos los ingredientes, preparar el bizcocho y comérselo. Obtenemos un montón de información de un hecho cotidiano y aplicamos nuestros conocimientos de escritura, dibujo, matemáticas, manualidades y le damos sentido a nuestra investigación porque el resultado es que nos comemos algo muy rico.
¿Qué podemos aprender de esta actividad además de lo ya mencionado anteriormente?
Tenemos una lección de convivencia y respeto entre los niños más pequeños y los mayores porque necesitamos llegar a acuerdos y respetar los tiempos de cada uno. Todo ello nos lleva a la conclusión de que los niños aprenden mejor de otros niños. Los mayores se convierten en modelos a seguir y los pequeños se motivan porque quieren hacer lo mismo que sus compañeros mayores a los que admiran.
A los niños mayores, el hecho de convertirse en maestros de sus compañeros y participar de forma activa en las clases les ayuda a afianzar los conocimientos para que sean significativos, a cultivar la paciencia, a adaptarse a los ritmos de los demás y a desarrollar la comunicación.
Las aulas internivel mezclan niños de diferentes edades, sexos y culturas, creando un entorno diverso donde se establecen menos roles, tanto de género como de juegos, de personalidad, etc. Estos niños y niñas se encuentran en un momento de desarrollo evolutivo diferente que les lleva a aceptar las diferencias entre ellos, a normalizarlas, lo cual es muy interesante porque son menos influenciables por las modas y refuerza su personalidad.
Por otro lado, la capacidad de dar una enseñanza individualizada, disponer de mayor tiempo de dedicación a cada alumno, permite al maestro detectar las dificultades y los problemas de desarrollo o anomalías en cuestiones académicas y de contenido.
Alcanzar estos objetivos que hemos ido relatando supone tener al frente de estos colegios a maestros, familias y Ayuntamientos pequeños que luchan codo con codo para solucionar los problemas a los que se enfrentan los CRA, siendo necesaria la implicación de todas las partes.
Partiendo de la base de que la escuela pública está infrafinanciada, podemos imaginarnos fácilmente la falta de recursos humanos y materiales de los CRA. Gran parte de estas escuelas se hallan en edificios antiguos que necesitan reformas urgentes o, en el mejor de los casos, trabajos de mantenimiento. El problema surge porque dichos edificios dependen íntegramente de los ayuntamientos y la mayoría son tan pequeños y tienen un presupuesto tan limitado, que dependen a su vez de conseguir subvenciones y ayudas específicas destinadas a garantizar la educación en zonas con baja densidad de población, que suelen llegar tarde, si es que llegan.
En cuanto al material didáctico, es escaso y los maestros se ven en la necesidad de fomentar la imaginación a fin de llevar a cabo los proyectos educativos. Es habitual ver a los profesores itinerantes de educación física que cubren varios colegios, viajar en su propio vehículo con el material que deben compartir con varios centros.
A pesar de las dificultades, las distancias y la falta de medios, entre otros, estos colegios rurales imparten, gracias al esfuerzo que realizan los maestros, una enseñanza prácticamente personalizada, atendiendo a las necesidades de cada alumno. Las claves para ello, la dedicación, la ilusión y la creatividad, cuyo resultado en la práctica es un modelo de educación mucho más dinámico y novedoso que fomenta la comunicación y despierta el interés de los alumnos por el aprendizaje, conectando los conocimientos académicos con el entorno sociocultural.
Me vienen a la memoria las palabras de Julio Anguita explicando la diferencia entre utopía y quimera. La quimera es lo irrealizable; la utopía significa anticiparse al futuro con lucidez, inteligencia y valor. Y se me ocurre que la utopía del mundo rural son los CRA, pues cumplen todos los requisitos. Sería interesante aprender de ellos y asumir nuestra responsabilidad como habitantes del mundo rural manteniendo abiertos estos colegios que son la semilla necesaria para que los pueblos sigan vivos.