Palos de ciego

Los Rolls Royce

Palos de Ciego Nº5 -Mayo/2026- Pilar Llamazares

Tractores en el campo

Mientras estoy tranquilamente sesteando después de la comida, oigo el ruido de los vehículos que no me resulta para nada desconocido; son los tractores que pasan por la parte de atrás de mi casa. Los Rolls Royce de la maquinaria, con sus neumáticos adaptados a todo tipo de terrenos, sus faros LED capaces de desafiar la penumbra, con su doble tracción en el eje delantero, cuadros de mandos digitales que asemejan un avión, en fin, con todas esas características que podemos encontrar en un catálogo de ventas.

Si retrocedieramos veinticinco años, hubiese sido impensable ese confort para el agricultor de entonces, acostumbrado al gélido frío, al viento que en el campo es una corriente continua, y el calor, ay, el calor, no tengo palabras.

El agricultor y el tractor forman un tándem; conjuntamente roturan la tierra, siembran, riegan, dejan que pase el sol y la luna, abonan, escardan, controlan las plagas, recolectan, gestionan precios, podan, seleccionan semillas, dejan que pase el sol y la luna.

 A pesar de estos avances, sigue siendo un trabajo muy duro y un arte, el arte agrario, y cada vez más una profesión para gente con conocimientos.

Igual de importante que el tándem es la meteorología; el campesino, siempre mirando al cielo, si llueve mucho, se ahoga el fruto; si no llueve, se seca. Llover lo justo es casi una utopía. Qué sabrá la gente que opina que los labriegos son unos insatisfechos.

Gracias a las ayudas, que muchos miran con envidia, desde fuera es muy fácil idealizar; los bichos del campo también hay que pagarlos, valen un pastizal.

En invierno, cuando yo estoy agustisimo sentada al lado de la chimenea y fuera el termómetro marca 5 ºC, oigo esos mismos Rolls Royce de campo preparando las tierras para las futuras cosechas y a la cabeza el agricultor, persona curtida que desafía al tiempo.

Yo venero mucho esta profesión porque, además, son personas todo terreno; vigilan y reparan su maquinaria hasta donde la tecnología lo permite, no se permiten un día de descanso; si no es el campo, es el almacén donde están también esos aperos que enseguida se quedan obsoletos.

A partir de ahora, los drones van a tener un papel muy importante: menos trabajo manual, pero más personas especializadas. Nuestro campo nos va a parecer cada vez menos nuestro; la ciencia ficción ha llegado también a las zonas rurales.

Me viene a la mente la canción de los tres sudamericanos: «Noche de un labrador, noche sin final, su vivir terminó y el arado lloró».

 Si ahora tuviésemos que elegir una profesión, ¿seríamos campesinos?

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