Volvió la nieve
Palos de Ciego Nº5 -Mayo/2026- Monse Robles Castro

La nieve cae sosegadamente. Es curioso el silencio cuando está nevando. Un silencio aterciopelado. Qué diferente de la ruidosa lluvia.
Sí. Este año en el pueblo ha vuelto a nevar.
La nieve, compañera blanca de nuestros inviernos. Antaño, siempre fiel a la cita, últimamente se ha vuelto esquiva.
En los lejanos inviernos de mi infancia la recuerdo cayendo silenciosamente. Es curioso el silencio que se crea, un silencio especial, cuando está nevando. Grandes copos caen lentamente, como trozos de trapo o como plumas blancas. Qué diferente de la ruidosa lluvia. Noches paradójicamente suaves, de temperatura cálida nunca por debajo de 0 o 2 grados. Decían los antiguos (mis mayores): Esta noche va a nevar, no hace frío, el cielo está de color panza de burra.
Recuerdo las madreñas. Imprescindibles para moverse en invierno. Con ellas los pies siempre estaban calientes y secos, dentro de la confortable madera. Se caminaba primero sobre la nieve blanca y crujiente recién caída, y luego sobre la sucia y embarrada, un auténtico lodazal. Nuestros mayores, decían: La nieve es negra.
Pero los pies siempre iban limpios y secos. Un buen invento ese de las madreñas. Era curioso los domingos, a la hora de la misa, ver en la puerta de la iglesia, bajo los arcos del porche, las madreñas de los vecinos alineadas en sucesivas filas paralelas. Muchísimos pares, y cada uno tenía su lugar, donde siempre las dejaba, para no confundirlas con otras.
Pues bien, hace unos cuantos años que la nieve apenas cae en nuestra zona. Se ha convertido en una auténtica rareza. Aunque este invierno, con las sucesivas borrascas que han atravesado nuestro país, ha vuelto a nevar. Han caído hasta tres nevadas.
Dentro de casa, la cocina de leña siempre encendida, el olor de la madera quemada. Un “cazuelo” de sopas de ajo para desayunar. El cazuelo, ese recipiente de barro con una forma peculiar que no he encontrado en ningún otro lugar. Su forma ayuda a conservar el calor y a que no se derrame el contenido. Una buena olla de garbanzos para el mediodía, con un poco de la alegría que dan el tocino y el chorizo. Menú de invierno. Invariable día tras día e imbatible para combatir el frío en el mundo rural.
Días sosegados y un tanto perezosos. Nuestro gato durmiendo horas y horas sobre el sillón, siempre cerca del fuego. Y, al otro lado de los cristales, un mundo silencioso y blanco. Solamente de vez en cuando, el paso de las vacas lecheras que puntualmente y en ordenada procesión pasan hacia la cuadra deseosas de que les retiren el peso de sus abultadas ubres.
Los inviernos de la montaña leonesa, inviernos para profesionales. Éste se ha parecido un poco más a los de antaño.
Ahora sólo nos resta esperar a que vayan llegando las golondrinas y el sol. Y que como decían los antiguos un año de nieves sea también un año de bienes.