La poza del río

En los veranos de mi infancia y adolescencia la poza del río siempre ha estado como una imagen central. El río como sensación de libertad. Cuando los baños en la poza eran lo mejor del verano. Siempre el deseo de que acabara el curso cuanto antes para tirar los libros a un rincón.
Polinizadores

Estoy sentada en el jardín, leyendo a la sombra de un saúco. Junto a mí una pared está cubierta por una planta trepadora, verde y espesa, salpicada de flores que aquí llamamos pasionaria. Recuerdo que cuando era niña, mi madre me contaba que la llamaban así porque en la flor aparecen los clavos y la corona de espinas de la pasión de Cristo. Sobre las flores, veo que sobrevuelan muchos abejorros y siento su incesante zumbido. Bzzz, bzzz, bzzz….
Mirar hacia el cielo

En un bonito día de verano estoy sentada a la mesa, después de comer, tomando un té en la pradera. Las golondrinas y los colirrojos que, finalmente, han anidado en la viga de la entrada, trabajan arduamente yendo y viniendo constantemente para alimentar a sus siempre insaciables pollitos.
Río Porma

Las riberas del Porma están tranquilas, casi nadie baja a acompañar a este río de aguas frías, rápidas y transparentes, su desembocadura está muy cerca y quiere llegar rápido para morir en el Esla que es el que en adelante llevará la fama aunque el Porma le da el agua.
Ya están aquí

Tras un invierno oscuro, lluvioso y también con nieve, ha llegado abril. El cielo se abre y empieza tímidamente a aparecer el sol. Poco a poco los días se van haciendo más largos. La oscuridad del invierno se va alejando. Parece que con la llegada del sol todo se ve de un color más alegre. Tenemos tantas ganas de que vaya llegando el buen tiempo…
Aquel mundo rural

Ya hacía muchos años que se veía venir que los pueblos se vaciaban. Los mayores buscaban sus últimos abriles en la ciudad donde envejecer con un centro médico a la vista, cuidadores que no querían desplazarse a los pueblos y otras ventajas que les proporcionasen un futuro más tranquilizador. Los jóvenes habíamos huido en busca de una vida menos incierta.
Volvió la nieve

La nieve cae sosegadamente. Es curioso el silencio cuando está nevando. Un silencio aterciopelado. Qué diferente de la ruidosa lluvia.
Sí. Este año en el pueblo ha vuelto a nevar.
Somos demasiados en casa

Es la nuestra una casa de adobe y madera de más de cien años. Está llena de rincones oscuros y acogedores. Demasiado acogedores, me temo.
Un auténtico Latin Lover

Tenemos un precioso gato rubio llamado Rayo.
Un día, hace ya tres años, apareció por nuestra huerta una gata muy flaca y desmejorada. Tenía, como se suele decir por aquí, «muy mal pelo»; parecía sarnosa y desnutrida. Como nos dio pena, le echamos de comer y ella se quedó con nosotros. Habían pasado varias semanas cuando descubrimos que nos había traído un regalito: tres preciosos gatitos, dos rubios y uno negro. Los amamantó durante un tiempo, pero un día, de pronto, la gata desapareció.
El huerto

Mis ojos atravesaron la ventana del piso superior y pude ver cómo lo que un día fue una huerta envidiable se había ido dejando a su suerte hasta quedar completamente tapado por la hierba alta. El nuestro, nada del otro jueves, se mantenía por las incansables jornadas de mi madre cortando césped. Pero sarna con gusto no pica, y para ella esto de “cuidar tus tierras” era como su parque de atracciones personal.