Palos de ciego

Ya están aquí

Palos de Ciego Nº6 -Junio/2026- Monse Robles Castro

Golondrina sobre una taza en una cocina de pueblo

Tras un invierno oscuro, lluvioso y también con nieve, ha llegado abril. El cielo se abre y empieza tímidamente a aparecer el sol. Poco a poco los días se van haciendo más largos. La oscuridad del invierno se va alejando. Parece que con la llegada del sol todo se ve de un color más alegre. Tenemos tantas ganas de que vaya llegando el buen tiempo…

     Bien sabemos todos que en la montaña leonesa el invierno es largo.

     Pero un día, de pronto, las vemos aparecer rasgando el cielo. De momento sólo son una o dos. Las golondrinas. El anuncio de la primavera. Nos recuerdan que el verano está en camino.

     Siempre puntuales a la cita aparecen en nuestros pueblos. Desde la lejana África. Tras recorrer miles de kilómetros desde sus áreas de invernada, regresan a nuestros aleros para reproducirse.

     Día tras día van llegando. Cada vez hay más. Hasta que ya se ven cruzando en todas direcciones en el cielo azul. También aparecen vencejos y aviones. Todos incansables viajeros y glotones devoradores de mosquitos en pleno vuelo. Vuelven siempre a los mismos nidos, al mismo lugar dónde nacieron. Aves domésticas y fieles, siempre muy vinculadas a lo humano, su presencia es un indicador de calidad ambiental. En los lugares donde estos pequeños pájaros están presentes, el entorno resulta más saludable para las personas. Buscan viejos tejados y saledizos que no estén muy bien pintados ni arreglados. En las modernas y elegantes cornisas de nuestros chalets y casas de campo no se sujeta bien el barro de sus nidos. Necesitan superficies irregulares y con cierta porosidad. Y, claro, manchan…

       Las vemos bajando en picado a los arroyos cenagosos para recoger el barro con el que reparar sus nidos del año anterior o hacer otros nuevos.

     Con los días más cálidos y soleados, Rayo, nuestro gato rubio ha empezado a despertarse. Ya no se pasa todo el día tumbado en el sillón. ¿Siente la llamada de la naturaleza? No lo sé. El caso es que ya empieza a desaparecer. Al principio sólo por el día, pero poco a poco, por varios días y finalmente semanas. En fin… ¡Qué le vamos a hacer! A ver cómo vuelve.

     Empezamos a abrir puertas y ventanas para que entre el calor y se vayan los malos humores del invierno. Toda la casa está abierta. Tanto que una pareja de golondrinas ha tomado afición a entrar en nuestra cocina. Varios días. Se posan en la encimera y allí se quedan. ¿Querrán hacer nido? ¿Dentro de la cocina?  Luego las vemos fuera sobre una madera de la galería yendo y viniendo. Pensamos que tal vez quieren anidar allí, justo al lado de la puerta de nuestro jardín. Pero tras varios días de intenso ajetreo, no ha habido suerte. Solo les interesa nuestra vieja viga para dormir resguardadas bajo el tejado. Con lo cual no tendremos alegres pollitos, solamente un montón de cagadas por todas partes… Nos ha tocado sólo la parte mala del asunto. Mala suerte.

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