Palos de ciego

Clubes de lectura rurales, auténticos guardianes de nuestra cultura literaria.

Palos de Ciego Nº6 -Junio/2026- Mercedes González Rojo

Cartel clubes de lectura rurales

Comenzaba, el mes pasado, mi  participación en esta revista hablando de la relación cultura-pueblo cuando,  pocos días después, tuve la oportunidad de asistir a una reunión de clubes de lectura rurales en un entorno tan mágico y tan relacionado con la misma como es el MIHACALE, de Gordoncillo; porque si hay un pueblo que en los últimos años ha apostado con todo su empeño por apoyar la cultura, y en especial la relacionada con la literatura y otras artes, no es otro que este, al que ya le dedicaremos su propio espacio un poco más adelante.

La cita surgió como la posibilidad de un encuentro anual, especialmente a nivel provincial, propuesto desde la Asociación Cultural Los Oteros-las Vegas, que habían tenido la oportunidad de asistir a uno surgido en la provincia de Segovia. Tras valorar la posibilidad de llevarlo al terreno de los clubes que principalmente se surten de los fondos de los bibliobuses para sus lecturas, le propusieron la idea al ILC a través del sistema de bibliobuses, coordinado por Roberto Soto y, aquí están, este año ya por su segunda edición, enmarcada en esta ocasión en el programa “Letras en la Panera” que cada año por el mes de mayo viene celebrándose en Gordoncillo. En este nuevo  encuentro estuvieron presentes no solamente muchos de los clubes leoneses de carácter rural repartidos por toda nuestra geografía, también una representación de Madrid, Valladolid y Segovia, que durante toda la mañana compartieron con los asistentes algunas experiencias interesantes por demás, para terminar la mañana con un homenaje a Antonio Machado a través de la voz y la música de Carlos Huerta. Y tras una comida compartida, la jornada se cerró, ya por la tarde, con un interesante encuentro con el escritor –también leonés- Julio Llamazares; en concreto en torno a su novela La lluvia amarilla. Y tras el mismo, incluso poesía compartida hubo, en las voces de un nutrido grupo de participantes provenientes de algunos de los diferentes clubes participantes.

Pero, de entre todo el intenso programa compartido,  particularmente para mí, lo verdaderamente importante fue el hecho de confirmar que a lo largo y ancho de nuestra geografía hay alrededor de un centenar de clubes de lectura de los que prácticamente el noventa por ciento se desarrollan en localidades rurales de nuestra provincia, cada uno con su propia realidad e idiosincrasia y muchos de ellos desarrollando su actividad gracias a los fondos que les proporciona la red de bibliotecas del ILC. La mayoría de los mismos se centran en la población adulta, como no podía ser de otra manera, pero también los hay dedicados al público más joven, como es el caso del que se desarrolla en Santa María del Páramo, llevado a cabo por dos maestras que, sin embargo, tratan de alejar la lectura de lo académico y fomentar en sus jóvenes participantes otra forma más divertida de acercarse al libro, más personal y crítica que como pudiera hacerse desde el aula, donde todas las opiniones son válidas, y que ha tenido tanto éxito que han tenido que ampliar los niveles a los que en principio iba dirigido. Prácticamente todos ellos tienen una sede fija donde desarrollar sus sesiones, aunque otros nacen con carácter itinerante, como es el caso del de Los Oteros – La Vega, quizá el más atípico de todos ellos, pues en vez de contar con un espacio permanente, cada mes se reúnen en un pueblo diferente de los nueve o diez representados en el mismo, siendo el “anfitrión” correspondiente el encargado de hablar sobre el autor escogido y de organizar la reunión en sí misma. Hablando de temáticas de las lecturas,  si lo habitual es que las escogidas tengan que ver con la narrativa, también hay otros que trabajan en torno a propuestas diferentes, como lo hace el de Santa María de la Isla (uno de los más recientes), que pivota en torno a la lectura de textos teatrales, que en alguna ocasión han llegado a animarse a representar; y también los hay que incursionan en el mundo de la poesía como  lo ha hecho el ya mencionado de Los Oteros-La Vega. Incluso hay otros que van mucho más allá del hecho lector, como es el caso del de Villafranca del Bierzo, que como actividades complementarias propone charlas en torno a los temas de los libros elegidos, excursiones que recorren los lugares en los que estos se desarrollan o incluso visionan las películas generadas alrededor de esas historias literarias escogidas; todo ello sin olvidarnos del elemento gastronómico que en muchas ocasiones viene a completar los diferentes encuentros. Como podemos observar, el panorama es muy amplio y variado y responde al interés cultural de quienes participan en los mismos, creando entre sus asistentes verdaderos nexos de unión, capaces de recuperar aunque sea momentáneamente el sentido de comunidad.

 

Porque si en algo estuvieron de acuerdo los presentes, especialmente representados por la voz de quienes intervinieron en la jornada de forma directa, es que los clubes de lectura son, al menos en los pueblos, algo más que un momento puntual para compartir una lectura común: son espacios para enriquecerse personalmente a través de la cultura, pero también son espacios para socializar, ya sea a través del hecho de compartir las emociones surgidas a partir de la lectura individual de un mismo libro (hablando o escuchando), pero también de otros momentos generados en torno a ellos  ya sea con la presencia de los propios autores de los libros, de pequeños encuentros gastronómicos que surgen alrededor de los mismos, o del hecho de compartir excursiones, visitas al cine, y mucho más… Y, como no podía ser de otra manera, ver aquel salón tan lleno de gente de diferentes edades (es verdad que la media la tenemos ya un tantito alta) compartiendo sus experiencias en torno a la lectura, hablando con verdadera pasión de los libros leídos y los espacios comunes que generan, escuchando y aprendiendo de las experiencias de los demás, me reafirma una vez más en lo importante que es hoy en día, para la existencia de la cultura y la pervivencia de los valores que esta facilita, lo que se está realizando en tantos y tantos pueblos de nuestra geografía, concretándose en un auténtico disfrute de la misma.

Y cuando ya trabajaba en este nuevo artículo, me llegó una noticia relacionada con otra de estas bibliotecas que sé que el pasado año también había participado en este encuentro: la de Villamartín del Sil.  No se trata específicamente del club de lectura que desde  allí se realiza, sino de la estructura que lo acoge, pero todo está relacionado. La biblioteca de esta pequeña localidad berciana surge de la iniciativa de un proyecto cultural mucho más amplio,  creado por la asociación cultural “A plena cultura”, de carácter nacional aunque con sede en dicha localidad. Las acciones de la misma tienen como foco diferentes localidades de nuestra provincia (un día hablaremos más en detalle de esto), pero la noticia no era otra que haber sido distinguida con el “PRIMER RECONOCIMIENTO «REBIUN» A BIBLIOTECAS COMUNITARIAS. Construyendo comunidad a través del libro, la lectura y las bibliotecas”, un premio otorgado precisamente por REBIUN (Red de Bibliotecas Universitarias y Científicas Españolas), perteneciente a la CRUE (Conferencia de Rectores de Universidades Españolas); un galardón otorgado desde la máxima representación del mundo de la Cultura y la Educación al buen hacer de una asociación que pone su foco de atención en lugares pequeños, habitualmente olvidados de todo: creando bibliotecas, compartiendo libros, organizando encuentros y rutas literarias y promoviendo –incluso- puntos de “libros libres” como ha sucedido hace bien poco en colaboración con el ayuntamiento de Valencia de don Juan. Un premio que, cuando salga este nuevo número de  Palos de Ciego, ya habrán recibido (el 27 de mayo) en el marco de la XXXIII Conferencia de REBIUN, que se habrá celebrado en la Universidad de Castilla la Mancha; un “premio compartido porque todo lo que hacemos es gracias a tu generosidad y complicidad y a los amigos y gentes de la cultura, y de nuestros pueblos”, como reza el mensaje que han hecho llegar a sus colaboradores. Así que la cultura generada desde y para el medio rural está de enhorabuena, y de estas y otras iniciativas surgidas en el mismo seguiremos hablando más adelante.

Y es que, como podemos apreciar, aunque las circunstancias de nuestros pueblos hayan cambiado con respecto a la realidad de hace algunos años, para nada están “muertos”. Puede que cuenten con pocos habitantes, sí, pero ahora mismo, en materia de cultura nos siguen proporcionando algunas de las experiencias más bonitas, enriquecedoras e interesantes que podemos encontrar en el panorama de nuestra provincia. Porque el paisanaje de los mismos ha ido cambiando poco a poco, y con él las necesidades que se despiertan en torno al mismo; también las relacionadas con el mundo de los libros y todo lo que rodea a estos. Cuando se me ofreció la oportunidad de acudir a este encuentro, cosa que realicé de la mano de la Asociación Los Oteros-La Vega, con cuyo club de lectura he colaborado en alguna ocasión, no tenía ni idea de lo que me iba a encontrar en Gordoncillo. Ahora estoy en condiciones de asegurar que mis expectativas se superaron muy por encima de lo imaginado y que no me arrepiento de haber acudido al mismo, un encuentro que me afianza aún más en mi creencia de que en los pueblos sigue estando, también, el futuro de nuestra cultura.

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