Hasta la vista amigas
Palos de Ciego Nº10 -Octubre/2026- Monse Robles Castro
Últimos días de agosto. El pueblo está silencioso porque muchos de los veraneantes ya se han ido.
Las tardes del final del verano tienen una cualidad especial que las diferencia. No sé si es el silencio, la temperatura suave, la luz dorada y cálida del atardecer, la nostalgia del final del verano, cierta melancolía…
Ha llovido durante tres días seguidos. Empezó con una ruidosa tormenta, pero a continuación el tiempo se quedó, como aquí decimos, “invernizo” y durante los tres días siguientes llovió y llovió y bajaron mucho las temperaturas. Se puso totalmente otoñal. La tierra recibió sedienta y agradecida la fresca lluvia. De pronto todo empezó a reverdecer.
Pero otra cosa más sucedió. Un día los cables de la luz, los alfeizares de las ventanas, las antenas de televisión se vieron llenas de golondrinas, decenas y decenas de ellas.
¿Qué pasaba? ¿Por qué estaban así, todas juntas? Y, además, cantando alegremente.
Ah, claro. Llegó el final del verano. Las aves, cumplida su misión estival, se preparaban para viajar. Han anidado y han sacado adelante a sus pollos. Una ardua tarea que repiten verano tras verano. Las hembras han elegido a los machos con las colas más largas y simétricas y con las gorgueras más rojas. Las parejas, monógamas y fieles repiten año tras año, volviendo siempre al mismo lugar adonde nacieron. Los ejemplares que han nacido este verano se unirán para emigrar hacia el Sur, sin haberlo visto, ni haberlo hecho nunca. ¿Cómo pueden orientarse a través de miles de kilómetros atravesando el Mediterráneo, el Norte de África, el Sáhara… en un viaje de unos 8.000 km hasta llegar al África Subsahariana? Es todo un enigma. Los investigadores lanzan sus hipótesis: ¿pueden tener magnetita en el cerebro? Tal vez.
Las infatigables aves empiezan su periplo reuniéndose en grupos variables que van empezando a volar y volar siempre hacia el Sur. En el trayecto van descansando en pueblos y aldeas sobre cables de la luz y antenas de televisión, haciendo unos 200 km diarios. Y todo con un peso de cada ave de entre 16 y 20 gramos.
Como los trayectos son tan agotadores, para cruzar el mar, a veces aprovechan los barcos. Se las puede ver descansando por las noches alineadas sobre los mástiles.
Después de unos 60 días de viaje llegan finalmente a sus cuarteles de invierno, donde estarán abrigadas por las buenas temperaturas del Trópico y lejos de los rigores invernales del Norte. Hasta que la llamada de la naturaleza las reclame de nuevo, cuando el invierno esté llegando a su fin.
Pero, entre tanto, nuestros cielos se han quedado vacíos y silenciosos, sin el alegre vuelo y el escándalo de golondrinas, aviones y vencejos. Sólo nos queda la melancolía del otoño y la certeza del invierno que se avecina. “ Winter is coming”
Vuestra llegada, queridas aves, nos anunció el buen tiempo. Ahora, vuestra ausencia, nos trae el vaticinio del invierno, del frío, la lluvia y la soledad en nuestros pequeños pueblos.
Pero nos veremos la próxima primavera.
¡Hasta pronto amigas, os esperamos!