Agrocultura
Palos de Ciego Nº10 -Octubre/2026- Ignacio Chavarría

Cuando decidí cambiar la ciudad por el pueblo, buscaba muchas cosas y temía otras tantas. Soledad era la palabra que más me repetía todo el mundo. Soledad. Una palabra con una dualidad interesante, ¿temida o deseada? Es la soledad la que marca en muchas ocasiones la vida en un pequeño pueblo, de esos que llaman vaciados y que deberían llamarse abandonados. Pueblos donde tener un bar es un lujo, donde los inviernos se hacen largos y los caminos, solitarios.
Lo que encontré fue bastante diferente a lo que me pronosticaban. Encontré pequeñas burbujas donde la cultura germina. Encontré reuniones clandestinas donde las palabras cobran sentido y las conversaciones se extienden, regadas de vinos y cervezas, más allá de la medianoche, sin campanadas, sin zapatitos de cristal ni príncipes pesados. Encontré pequeñas capillitas donde los libros hacen trasbordo entre almas. Encontré música. Encontré artistas callejeros pintando paredes contempladas por las vacas. Encontré mujeres que leen entre fogones y comentan mientras hilan. Encontré filosofía en la forma de vida, en el día a día. Encontré vecinos, gente que se saluda, que se preocupa si no te ve en unos días, que se ofrece si hace falta. Encontré una comunidad. Encontré almas perdidas, atormentadas, boqueando en la superficie, buscando un poco de aire que les permita continuar; almas escondidas, a veces retiradas de un mundo donde no se sentían a gusto, donde no querían estar. Encontré que los caminos solitarios están llenos de paz y que, cuando te cruzas con alguien, no bajas la mirada ni escondes el saludo; muy al contrario, sin prisa, con tiempo, te paras y hablas el rato que haga falta, porque lo importante en ese momento es esa conversación y cualquier otra cosa ya se atenderá.
La cultura en los pueblos habla un idioma diferente: más pausado, menos engolado, igual de trascendente. La cultura en los pueblos se extiende, se comparte, busca recovecos para avanzar entre muros de adobe y verdes campos, se transforma y, poco a poco, revoluciona.
Al final encontré lo que temía encontrar; en la soledad de este pueblo encontré la compañía que buscaba.