La literatura echa raíces en la Vecilla
III feria del libro de La Vecilla del Curueño
Hay algo especial cuando la literatura abandona las grandes ciudades y se instala en un pueblo. Quizá sea porque allí todo sucede más despacio; las conversaciones duran un poco más y son más sinceras, las presentaciones se convierten en tertulias y los libros dejan de ser un producto para renacer como lo que siempre fueron: historias.
La Torre de La Vecilla volvió a demostrarlo este fin de semana.
Acudimos a la mesa redonda de la editorial Marciano Sonoro. Abrió la mesa su editor, Jesús Palmero, que dio paso a Javier Pérez para presentar su novela «Lo que late bajo el hielo». Gran viajero, Javier fue llevando la conversación por los lugares que sirven de escenario a su novela y que enmarcan un thriller donde la realidad y la imaginación se mezclan hasta hacer difícil distinguir dónde termina una y empieza la otra.
La conversación dio después un giro muy diferente con Cristina Flantains. Partiendo de su novela La llave, habló de la violencia como una capacidad inherente al ser humano, una herramienta de supervivencia que demasiadas veces aparece desligada de la responsabilidad. Como suele ocurrir cuando una charla es buena, pronto dejó de hablar solo del libro.
La conversación nos llevó hasta los clubes de lectura, las bibliotecas y los bibliobuses, esa red silenciosa que mantiene viva la literatura en muchos pueblos de la región. Hablamos también del protagonismo de la mujer en el mundo rural y del peligro que encierran algunas palabras. «Vaciados», por ejemplo. Una palabra que parece describir una realidad cuando se utiliza para justificar decisiones, retirar servicios o diluir responsabilidades por parte de las administraciones.
Cerró la mesa Carlos Barros con Estatuas en la nieve, una novela que arranca con el hallazgo del cadáver de una joven en el Panteón de los Reyes de San Isidoro, uno de los lugares más emblemáticos de León. La investigación contemporánea se entrelaza con otra historia situada ocho siglos atrás, cuando el erudito Jerónimo Ochoa llega a León y se ve envuelto en una sucesión de crímenes que deberá resolver a petición del propio rey. Una novela negra con profundas raíces históricas que vuelve a demostrar el extraordinario escenario narrativo que ofrece nuestra tierra.
Durante todo el fin de semana, la Torre acogió editoriales, librerías y proyectos culturales que convirtieron La Vecilla en un pequeño mapa de la literatura leonesa. Pasear entre sus casetas era hacerlo entre conversaciones, recomendaciones y reencuentros; entre lectores que buscaban un libro y escritores que encontraban lectores.
Siempre defendemos que la cultura no pertenece únicamente a las ciudades. También florece en los pueblos, quizá de otra manera, más cercana y menos apresurada. Aquí no hay largas colas para conseguir una firma, pero sí tiempo para conversar con quien ha escrito el libro, para debatir una idea o para descubrir una editorial que nunca habías visto.
La Concejalía de Cultura de La Vecilla lleva tres años apostando por este encuentro y el resultado es evidente. Bajo el cielo vestido de colorido ganchillo y protegido por los muros de piedra del Torreón, la literatura encontró de nuevo un lugar donde quedarse unas horas. Y viendo la respuesta de vecinos y visitantes, uno sale con la sensación de que merece la pena seguir sembrando cultura en los pueblos; porque igual que un camino permanece abierto si alguien lo recorre, la cultura sigue viva cuando hay personas dispuestas a encontrarse alrededor de ella.