Santa María de Sandoval
Palos de Ciego Nº10 Octubre/2026- Pilar Llamazares
El monasterio de Santa María de Sandoval es el monasterio de mi vida, un lugar mágico a donde íbamos de excursión todos los años al finalizar el curso como premio a nuestro merecido esfuerzo durante el año lectivo.
Este monasterio está situado en Entrambasaguas, en medio de un valle fértil que riegan los ríos Porma y Esla y en la milla de oro de los monasterios: San Pedro de Eslonza, S. Miguel de Escalada, Santa María la Real en Gradefes y al lado de la famosísima ciudad romana de Lancia, hoy bastante abandonada, y rodeada por las cuevas menudas desde donde el crepúsculo nos ofrece un paisaje sereno y colorista que sobrecoge por la belleza. El clero siempre elegía lugares de ensueño para construir sus edificios.
El río Porma, antes de tener su propio pantano, sufría estiaje y se podía atravesar a pie. Entre el monasterio y mi pueblo solo nos separaba el río, así que nuestra profe Doña Milagros nos premiaba todos los años con esta visita. El cenobio estaba y está en ruinas, pero ya menos, porque alguna subvención ha llegado y se están reconstruyendo algunas zonas.
En aquellas ruinas los niños/as jugábamos a saltar los muros, al escondite, a lanzar la piedra más lejos… Había una señora que nos enseñaba la iglesia y nos explicaba el estilo y lo que pudo haber sido el monasterio, pero yo ya no me acuerdo de nada porque mi objetivo era divertirme. Algo extraordinario tenía ese lugar porque a mí me dejó impresionada de por vida; las ruinas daban fe de ello.
Este convento data del siglo XII; los monjes cistercienses recibieron estos terrenos para construir su residencia terrenal. Por sus dimensiones, parece que se habría construido para una gran comunidad, pero los datos históricos dicen que no hubo más de 30 o 40 monjes. Como se fueron edificando y añadiendo estancias, conviven diferentes estilos en su construcción: tardorrománico, gótico tardío, neoclásico…
Como está muy cerca del Camino de Santiago, es fácil imaginar que acogiera a peregrinos que quisieran descansar y meditar.
Durante siglos sus muros escucharon mucho silencio, solo interrumpido por las oraciones y el monódico cántico gregoriano que estaba muy en boga en la Edad Media. En el año 1836 solo quedaban 8 monjes, pero con la desamortización de Mendizábal llegó el silencio total, el abandono y el pillaje.
En la actualidad, de mayo a octubre, los primeros domingos del mes se pueden volver a escuchar los cánticos gregorianos que nos devuelven a aquel apogeo que se vivió. En las zonas que se han restaurado se hacen exposiciones temporales, presentación de libros, conciertos… Poco a poco está volviendo a la vida y situándose no solo en el mapa de León, sino también en el del mundo.
Carlos Núñez ha elegido este lugar para su gira en lugares mágicos y ahí está su cita cada verano. Algunos conciertos más nos llevan allí varias veces al año. Esta es la primera temporada que se hace un concierto de velas y candelas con un scherzo y una soprano que nos deleitó con música de películas célebres como “La vida es bella”, “Titanic”, “El último mohicano”, “Gladiator”. El concierto tuvo lugar en el Claustro Neoclásico, que está en plena restauración, pero que va a quedar un recinto idóneo tanto para conciertos como con vistas a la meditación.
Me encanta que el monasterio de mi vida vuelva a renacer.