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Palos de ciego

Ventana de campo, ventana de ciudad

Palos de Ciego Nº 8 -Agosto/2026- Concha Lucas

Ventana en casa de campoDespertarse frente a esta ventana es fácil, fácil como los tejados que muestra, cómo las cumbres que limitan el horizonte.

Al fondo el bosque, por cuyo interior camino como si lo hiciera por el tracto digestivo de un animal mitológico de suelo de humus.

Esta ventana amigable tiene también un lado siniestro y me muestra el viaducto de la autovía, la línea de alta tensión que atraviesa el valle, y el parque eólico que corona un tramo de la cresta, y esto ya no es fácil y conflictúa constantemente entre mi uso privilegiado del progreso y el matiz al que me obligo: “sí, pero no así”.

Esta ventana me da la bienvenida mañanera, me avisa de la tormenta, de las nubes rojas que traerán frío, me va informando de los pasos de las cigüeñas y las marchas triangulares de las grullas.

Es una ventana que me convierte en persona, en ser conectado con el suelo, con el cielo, con las hormigas y el olor a petricor.

Algunas de mis ventanas anteriores me han recibido en la madrugada, inhóspitas y negras, mostrándome las infinitas filas de cocinas iluminadas de los bloques cercanos y ocultándome el horizonte.

Señalándome como el número en el que me había convertido.

Ese número que sucumbía a diario entre el barullo hacinado del metro y el castigo perpetuo del fluorescente sobre mi puesto de trabajo.

Sigo tomando café junto a la fácil ventana que me nombra y no me numera mientras me limpio las uñas de la tierra del huerto que removí ayer.

Dejo que la ventana me muestre si ha merecido la pena arrancarme de esos espacios hostiles que tanta seguridad/color gris me ofrecían para salir a la aventura detrás de lo que llaman el camino del corazón.

Le pregunto si ha merecido la pena romper con todo, incluso con el suelo que me protegía a cambio de ese derecho de pernada que indefectiblemente se cobraba.

Es verdad que hay quien pensaría que aquí soy más pobre, y estoy más sola, pero la carencia que en la ciudad es miseria, cerca del monte simplemente es modestia, y la soledad urbana/inhumana, aquí, frente a esta ventana, es equilibrio y enfoque.

Sigo haciendo preguntas a esta ventana que me saca de lo seguro para colocarme en lo vivo.

No hay respuestas, sólo los tejados, el bosque, las cumbres.

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