Palos de ciego

Árbol del porvenir

Palos de Ciego Nº6 -Junio/2026- Marta Gómez

árbol

“La máquina, por un error de medida, ha venido a calentar
el estómago del hombre, pero ha enfriado su corazón”.
M. Delibes. El sentido del progreso desde mi obra (1975).

 

Ayer mañana(1) saliste temprano, a la amanecida.

El rocío penetraba sutilmente en los playeros cuando cruzabas hacia el río.
Te sentaste en la piedra plana a la que daban sombra los castaños. En un suspiro te alejaste y, desde la distancia, te viste entera y a la vez rota.

Al cerrar los ojos pretendías recuperar la calma, pero solo conseguías lo contrario. ¿Qué te pasaba por dentro? Te dolía simplemente asomarte.
Buscando lo positivo estabas “en el presente”, viviendo el presente. Como siempre no había mañana y en ese momento, realmente para ti no había futuro.
Necesitabas urgentemente un pegamento, un puntal, un auxilio, alguien o algo que te ayudara a confiar en la posibilidad del porvenir: un bálsamo de Fierabrás del alma, un Loctite de la esperanza, una mano de madre fuerte, recia, entera —aunque sea por fuera— sobre la tuya.

¿Cómo podías explicarlo a tu alrededor? Primero, pensaste en quién podría escucharte o entenderte. Después, en cómo lo dirías. Las primeras palabras son las más difíciles, no salen. A tu alrededor orbitaban letras que se amontonaban sin criterio, como imanes desconfigurados, en un baile de un festival del desorden. Imposible, no podías organizar una simple frase: sujeto-verbo-predicado. Nada.

Arrancaste dos tréboles, tres viboreras y unas collejas y te las ataste instintivamente en la coleta, como hacías de pequeña. Después, te entristeciste aún más al darte cuenta de que habías arrancado dos tréboles, tres viboreras y unas collejas.

En ese momento, en el de mayor hondura, sentiste un aliento familiar detrás de ti. Era Lupo, se había escapado y te había encontrado. Se puso muy cerca, con la boca abierta, la lengua kilométrica fuera y los belfos babosos en tu camiseta.
¿Sabes qué se veía en sus ojos? Sorprendentemente, paz.

Apoyados uno sobre otro, si uno se movía el otro caía y cayeron las lágrimas. Tiempo después pararon.

Respiraste.

Habrá que intentarlo, pensaste. Aunque pierda, pensaste. Sobre todo, aunque perdamos, pensaste.

Ecoansiedad, recordaste. Esa palabra que ni está en el diccionario de la RAE, cuanto si más en el María Moliner, y ahora tú llevas sobre la chepa una incoherencia lingüística que te lastima —aún más—.

Es como tener la oportunidad de vivir una vida con sentido y curiosidad, y gastarla en bebida. Es eso lo que hacemos con el planeta bonito y bueno.


(1) Ayer por la mañana

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