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Palos de ciego

Editorial Palos de ciego Nº7

Palos de Ciego N7 -Julio/2026- Editorial

¿IA o EA?

Hace unos días ha saltado a la palestra una noticia que reza así: Las big tech proponen al G7 una coalición liderada por EE. UU. para regular la IA”.

El término Big Tech se refiere a las mayores empresas tecnológicas del mundo. Entre otras, una de sus características es que prácticamente toda la población interactúa de un modo u otro con sus productos y servicios. Tanto es así que el 74 % de la población mundial tiene acceso a internet y a las nuevas tecnologías de la información, lo que equivale a 6.000 millones de personas conectadas.
Es increíble el volumen de negocio que puede dar esa brecha de mercado: 6 mil millones de personas a merced de tu negocio. Es el sueño de cualquier tendera.
Las empresas protagonistas que se reparten este pastel son: Google, Alphabet (Sundar Pichai), Apple (Tim Cook), Amazon (Jeff Bezos), Microsoft (Satya Nadella), Meta (Mark Elliot Zuckerberg), SpaceX (Elon Musk).
Las personas que están a la cabeza de estas empresas son todas hombres. No sabemos por qué. A estas alturas ya no cuela el argumento de que si las mujeres no estamos ahí es porque no estamos a la altura o porque prefiramos cuidar a nuestros hijos y a nuestros mayores. O igual sí sabemos por qué solo son hombres y qué tipo de hombres si analizamos sus perfiles. Por ejemplo, un dato curioso sobre los CEOS de estas empresas es que todos ellos están en los papeles de Epstein.
¿Qué son los G7? Sobre todo, son los países más prósperos del mundo. Su coalición representa el 58% de la riqueza total.
EEUU, quien va a liderar la coalición, es un país que tiene un presidente llamado Donald Trump, al que le votaron 76,4 millones de personas, más de la mitad de la población de ese pais.
¿Y qué es la IA? Es un campo de la informática que permite a las máquinas simular procesos de inteligencia humana, como el aprendizaje, el razonamiento, la percepción y la toma de decisiones. Se alimenta de la información que alguien le propone y, analizándola, busca patrones y saca conclusiones a demanda, ya sea para crear contenido o resolver problemas.
La IA, ese artificio investido de futuro por un puñado de señores feudales, más que IA parece EA (Espabilada Artificial).
No estamos muy seguras de si lo que vayan a hacer entre estas personas y asociaciones con afán de lucro, con representantes exclusivamente masculinos, podría llamarse inteligencia. Quizá sea este término, y en este caso, un eufemismo tras el que se oculta algún tipo de vuelta de tuerca. Siempre hemos pensado, porque así nos lo enseñaron nuestros antepasados, que la inteligencia está íntimamente relacionada con la bondad, hasta tal punto que no se sabe bien quién emana de quién.

También sabemos que cuando cerramos los ojos y buscamos los legados que nos habitan inscritos en nuestro ADN por cada una de las mujeres que somos y quién sabe si también por las que seremos, nos encontramos frente a frente con muchísimo más de lo que nuestra mente puede abarcar, no así nuestro corazón, que todo lo entiende. La experiencia de llegar a las cosas que no tienen nombre con las manos limpias, sin ira, el corazón cantarín y la mente libre de fórmulas simplificadoras que nos mitiguen la sensación de vértigo que tenemos cada vez que miramos a las estrellas en las dulces noches de junio, es suficiente para darle contenido a toda una vida, a toda una saga, y sentido a la existencia de toda una especie.

Solo hace falta bajarle el volumen al ruido y modular la intensidad de la luz.

Y el 26 % de la población global, ese que completa al 74 % del que hablábamos antes (unos 2.600 millones de personas), está exento de conexión a la red y al acceso digital o se considera que lo tienen en precario. En ese 26% estamos los de Palos de Ciego y las zonas rurales de gran parte de León a las que Elon Musk (y otros) les gusta llamar España vaciada y para la que proponen distintas maneras de optimizar tanto y tanto vacío porque para ellos solo existe aquello que se monetiza.

El problema de caer en la indiferencia de los poderosos señores feudales porque no les damos negocio no es un problema baladí. Ahora, eso sí, seremos el último reducto al que llegarán sus mentiras.

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